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Una solidaridad de doble filo aflora en las zonas de economía sumergida más castigadas de Italia

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Imágen de un mercado en Italia
Imágen de un mercado en Italia   -   Derechos de autor  Alessandra Tarantino/Copyright 2020 The Associated Press. All rights reserved
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Antes de la pandemia, el 70% de los habitantes de Quarticciolo, en la periferia este de Roma, se ganaba la vida en negro, con un trabajo no declarado. No había muchas más opciones: era eso o trapichear con drogas. El confinamiento dejó de brazos cruzados a una legión de obreros y artesanos sin derecho a paro u otros subsidios. Muchos hacen cola dos veces por semana ante este inmueble para recibir una ayuda solidaria que les permite ir tirando hasta que pase el chaparrón... Una vez más, vecinos como Stefano Belmonte, casado y con una hija y que lleva tres meses sin trabajar, se adaptan a lo que hay, para poder sobrevivir:

- "Hay algunas verduras, tomates, espaguetis, fruta, huevos. Eso es suficiente para comer en el almuerzo y en la cena", explica.

- "¿Estás seguro?", le inquiere la periodista.

- "No es mucho, pero haré lo posible para que dure", responde.

La solidaridad entre los vecinos es muy común en Quarticciolo. Stefano ha ayudado durante años en el centro de caridad local. Es una forma de mantenerse ocupado y apoyar al mismo tiempo a la comunidad. Ahora le ha llegado el turno de ser ayudado:

"Hace tres meses que no llevo ni un euro a casa. Me las arreglo para seguir adelante mientras me dan la comida que necesito. He hecho algunas cosas aquí y allá, pero no hay ningún ingreso. Trabajé un total de tres días en tres meses. El trabajo en negro está completamente bloqueado. Eso es lo que hago, por desgracia, a mi edad nadie me ofrece un trabajo (legal)", lamenta.

Un gimnasio de boxeo mantenía a los jóvenes del barrio alejados de las calles, pero aún no ha reabierto y muchos adolescentes que lo frecuentaban se sienten perdidos... y el peligro acecha.

Presidente del Instituto de Estudios Políticos, Sociales y Económicos (EURISPES), Gian Maria Fara cree que la economía sumergida común en muchas zonas de Italia es una respuesta natural al mal funcionamiento de la burocracia y a los altos impuestos.

"Gracias a los ingresos no declarados, familias enteras pueden comprar alimentos y desplazarse, llevar una vida normal... y aunque se trate de ingresos ilegales, siguen formando parte de la economía, de la misma manera que los ingresos procedentes de actividades delictivas también contribuyen al crecimiento económico del país", explica.

Se estima que la economía sumergida representa el 35% del PIB en Italia. El confinamiento ha disparado las tensiones sociales y con ellas el riesgo de que muchas personas busquen apoyo al margen de la ley. En algunas partes de Italia, las organizaciones criminales están supliendo el papel de Estado en socorrer a quienes se han quedado sin nada y no tienen derecho a subdidios o estos llegan demasiado tarde.