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COVID-19 | Budapest se queda sin su mercadillo de Navidad

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Imagen de la Plaza Vorosmarty de Budapest durante la Navidad del año 2016
Imagen de la Plaza Vorosmarty de Budapest durante la Navidad del año 2016   -   Derechos de autor  Balazs Mohai/MTVA - Media Service Support and Asset Management Fund
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Seguridad sanitaria obliga: esta Navidad no habrá mercadillo de artesanías en la Plaza Vorosmarty de Budapest, uno de los destinos turísticos más populares de Hungría. Sus productos, muy apreciados dentro y fuera del país, sólo estarán disponibles en línea.

El ceramista Ákos Kaszap no está muy conforme. Lleva ocho años participando en la Feria de Navidad de Budapest y considera esencial que los clientes puedan interactuar con sus creaciones:

"La naturaleza básica de nuestro trabajo es que a los clientes les gusta tocarlos, verlos, sentir realmente su esencia", explica.

Este artesano está creando su propia tienda en línea con ayuda de la familia. Aunque es un mercado completamente diferente al que no está acostumbra y que no se adapta a su concepción de la venta: no hay contacto visual con el cliente, ni es factible contestar directa e inmediatamente a sus preguntas sobre el producto, de qué está hecho, si se puede meter o no en un microondas, etc... Para él y para muchos ceramistas como él, están en juego cinco meses de duro trabajo:

"Hemos experimentado una caída de entre el 70% y el 80% en nuestro ingresos anuales, aunque, al mismo tiempo, tengo que reconocer que nuestros costes son menores, porque, obviamente, producimos menos", añade.

Para ayudar a las empresas artesanales, los organizadores de la feria han creado un sitio web donde se pueden comprar sus productos:

"Perdimos el turismo en la ciudad y el mercadillo de Navidad. Pero los vendedores también pierden mucho. Desde la Navidad del año no han encontrado un lugar donde vender sus creaciones", afirma el director ejecutivo de Budapest Brand Nonprofit Zrt.

El año pasado la Navidad fue muy lluviosa en Hungría, pero eso no impidió la llegada de una riada de turistas ávidos de productos para regalar.

Sin puestos ni visitantes, es difícil reconocer la plaza Vörösmarty. La decoración es casi la misma, pero se echan de menos el aroma del vino caliente y de los pasteles recién hechos.