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La escasa mano de obra pone en peligro el plan de recuperación de España financiado por la UE

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Por Reuters
La escasa mano de obra pone en peligro el plan de recuperación de España financiado por la UE
La escasa mano de obra pone en peligro el plan de recuperación de España financiado por la UE   -   Derechos de autor  Thomson Reuters 2022

Por Corina Pons y Belén Carreño

MADRID, 17 feb – Cuando la burbuja inmobiliaria de España, que duró una década, derivó en un desplome espectacular a partir de 2008, desaparecieron unos 1,8 millones de puestos de trabajo, y un país plagado de grúas y obras se sumió en una brutal recesión.

Ahora se necesita urgentemente que vuelvan esos trabajadores de la construcción: una escasez de mano de obra sin precedentes está poniendo en peligro proyectos de construcción y renovación de miles de millones de euros financiados por la Unión Europea para ayudar a la economía española a recuperarse del COVID-19.

Como en todo el continente, en España faltan al menos medio millón de trabajadores de la construcción, según los sindicatos y las empresas. Estas últimas están formando nuevo personal continuamente, pagando salarios más altos y recurriendo a los inmigrantes de África y América Latina.

“Si tienes un certificado, las empresas te contratan”, dijo Moustapha Diedhiou durante un descanso en una clase nocturna de andamiaje en Madrid.

Este senegalés de 32 años llegó en un barco desvencijado en 2019, recogió fruta para ganarse la vida durante la pandemia, pero ahora trabaja como albañil gracias a otro curso anterior.

Aunque el andamio es más arriesgado, puede ganar más.

A pesar de esa motivación, al menos siete de cada diez constructoras tuvieron que rechazar contratos en 2021 por falta de personal, según datos preliminares vistos por Reuters de una encuesta de la principal asociación de constructores de España.

Y eso antes de que los primeros 5.000 millones de euros (5.650 millones de dólares) en fondos para la rehabilitación de viviendas salgan a concurso esta primavera.

Después de Italia, España es el país que más ayuda recibe de la UE: unos 140.000 millones de euros (166.000 millones de dólares), la mitad en subvenciones y la otra mitad en préstamos.

El Gobierno confía en estos fondos para lograr un crecimiento económico del 7% este año, pero la burocracia, la escasez de material y las carencias de mano de obra dificultan la inversión.

ESTIGMA

España contaba con casi 3 millones de trabajadores del sector inmobiliario antes de la implosión de 2008, tras la cual muchos se refugiaron en el también masivo sector turístico. Ahora parecen reacios a volver.

Por eso, empresarios, sindicatos y Gobierno se han unido para organizar cursos de formación gratuitos para los aspirantes a constructores. En 2021 atrajeron a 90.000 personas, y el objetivo ahora es de 200.000.

En uno de los cursos de Madrid a principios de este mes, la mayoría de los inscritos eran inmigrantes de países no comunitarios, esperanzados con ver, al igual que España, un cambio en su destino.

Francisco Dieguez, director de un instituto de formación en Cataluña, dijo que el salario anual típico de un trabajador de la construcción, de 24.000 euros, superaba el de algunos arquitectos.

La mayoría de los demás trabajadores manuales cobran unos 18.500 euros.

José Adel Sosua, que da clases al inmigrante senegalés Diedhiou, está consternado por lo difícil que es atraer interesados, y lo achaca a los malos recuerdos del pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

“Muchos españoles no quieren hacer estos cursos, en parte porque tienen un poco de miedo a volver a trabajar en este sector”, dice Sousa, entre cuyos 15 alumnos sólo hay un español.

España es el segundo país de Europa en términos de desempleo, después de Grecia, con casi uno de cada tres jóvenes sin trabajo. Una encuesta realizada el año pasado a personas de entre 15 y 29 años con trabajo reveló que el 11% trabajaba en obras de construcción.

“Aquí en España se dice que si no estudias tienes que ser albañil, como si fuera un castigo”, afirma Sergio Estela, dirigente de la Unión General de Trabajadores de España (UGT-FICA).

Los operadores de grúa, carpinteros, soldadores y jefes de obra son los más escasos, según una docena de fuentes de sindicatos y empresas, porque requieren una formación acreditada oficialmente.

Ismael Lázaro, un español de 24 años, hizo un curso de soldadura tras perder su trabajo como repartidor de Amazon. Es el único de sus amigos que intenta entrar en la construcción. “Mi madre me dijo que había mucha demanda de soldadores”, explica.

UN PROBLEMAEUROPEO

La situación se repite en toda Europa.

Alemania, Francia, Irlanda y Reino Unido también echan en falta a cientos de miles de trabajadores de la construcción, según las asociaciones de empresarios.

Esto, unido a las interrupciones de la cadena de suministro, ha presionado los salarios y los precios del sector, contribuyendo a una inflación récord en la zona euro.

“Es un equilibrio complicado entre encontrar trabajadores cualificados, tener que pagar más y lidiar con los inversores que combaten duramente los precios”, dijo Miguel Fernández, de 42 años, director general en España de la empresa de construcción y diseño Tetris.

La asociación alemana del lobby de la industria, ZDB, afirmó que son más los empleados que se jubilan que los aprendices que se incorporan a la mano de obra de la construcción, y que se espera que se vayan unos 150.000 trabajadores en la próxima década.

“Los puestos de trabajo permanecen sin cubrir durante mucho tiempo. Incluso los puestos de aprendizaje siguen vacantes, aunque cada año formamos a más personas”, dijo la portavoz de la ZDB, Ilona Klein.

Alemania también depende de los inmigrantes. Las obras de construcción están dominadas por los europeos del centro y del sur, que representaban el 22% de la mano de obra en 2021, frente al 8% en 2008.

Al igual que España, Irlanda sufrió una hemorragia de trabajadores al final de su propio boom inmobiliario del “Tigre Celta” en 2007.

Ahora, el Consejo Asesor Fiscal Irlandés (IFAC) calcula que el número de constructores debe aumentar en torno a un tercio, hasta los 180.000, para satisfacer la demanda en medio de una inversión extranjera récord. Los gigantes tecnológicos Facebook y LinkedIn están construyendo enormes campus en Dublín.

Mientras, en Madrid decenas de inmigrantes indocumentados se reúnen cada día a primera hora en la Plaza Elíptica, con la esperanza de ser seleccionados por empleadores que buscan pintores o albañiles temporales.

Unos 400.000 trabajadores extranjeros salieron de España tras la crisis financiera de 2008, muchos de ellos utilizando la residencia de la UE para encontrar trabajo en otros lugares de la región. En 2012, sólo el 13% de los trabajadores de la construcción eran extranjeros, pero ahora son uno de cada cinco.

“La plaza es la salvación para los inmigrantes que necesitan trabajo”, dice Alberto, un soldador de 54 años que llegó hace seis meses desde Colombia.

El presidente de la Cámara Nacional de la Construcción (CNC), Pedro Fernández Alén, quiere más apoyo estatal para la formación, incluida la incorporación de más mujeres a un sector dominado por los hombres.

Hay que priorizar a los parados españoles, pero “si no encontramos trabajadores, tendremos que salir al extranjero para traerlos”, dijo.

“Si no, muchos de los proyectos que queremos poner en marcha se quedarán sin personal y dejaremos de recibir fondos europeos”.

(1 dólar = 0,8847 euros)