This content is not available in your region

Análisis: En solo una semana, la UE ha cambiado para siempre

Access to the comments Comentarios
Por euronews
Análisis: En solo una semana, la UE ha cambiado para siempre
Derechos de autor  Wikicommons

"Europa se forjará en las crisis y será la suma de las soluciones adoptadas para esas crisis", escribió el diplomático francés Jean Monnet en sus memorias, publicadas en 1976.

Una y otra vez, las palabras de Monnet han demostrado ser una advertencia extraordinariamente profética: desde el colapso de la Unión Soviética hasta la Gran Recesión, desde el Brexit hasta la pandemia del coronavirus, la Unión Europea parece haber desarrollado una capacidad única para fortalecerse exclusivamente ante circunstancias adversas e imprevistas.

Pero no fue hasta la última semana de febrero de 2022 que la profecía autorrealizada de Monnet cobró un nuevo significado, uno que hubiera sido impensable hace apenas un mes.

La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha inyectado a la UE la determinación que necesitaba para enfrentarse de verdad a la geopolítica adversa de su entorno, dejando de lado cualquier tabú y prejuicio restante.

Por primera vez en su historia, el bloque financiará la compra de armas letales para los países que están bajo ataque, un salto cualitativo para una unión que fue creada originalmente para defender la paz. Alemania también contribuirá: el país ha revertido su política histórica y ahora enviará armas a las zonas de conflicto.

"La invasión rusa de Ucrania marca un punto de inflexión en la historia", dijo el canciller Olaf Scholz. "Amenaza todo nuestro orden de posguerra".

Los refugiados ucranianos que huyen de la guerra están siendo recibidos con los brazos abiertos por los mismos Estados miembros que han pasado los últimos siete años protestando por una política migratoria común basada en la solidaridad compartida.

Se han cerrado herramientas de propaganda, se han congelado activos financieros por valor de miles de millones  y los aviones rusos tienen prohibido volar sobre el territorio de la UE, lo que impide que Rusia entre físicamente a Occidente. Incluso la otrora descabellada oferta Ucrania para pertenecer a la UE ahora parece ser un objetivo realista y al alcance de la mano. Con la guerra parece que todo ha cambiado.

'Un momento crítico'

La velocidad de la transformación ha sido, por calificarlo de alguna manera, asombrosa.

Todo comenzó el lunes 21 de febrero, cuando el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, viajó a Bruselas en un intento desesperado por pedir a sus homólogos europeos que impusieran sanciones preventivas a Rusia antes de que Putin diera la orden de invadir el país con las más de 150.000 tropas que tenía concentradas cerca de la frontera.

La llamada a la acción de Kuleba cayó en saco roto. “Seguiremos apoyando a Ucrania en el momento más crítico, si esto sucede”, dijo entonces Josep Borrell, jefe de política exterior de la UE.

Esa misma noche, llegó ese "momento crítico": tras finalizar el encuentro de los ministros de Asuntos Exteriores de la UE, Putin reconoció la independencia de dos regiones controladas por los rebeldes en el este de Ucrania, Donetsk y Lugansk,acabando de inmediato de los acuerdos de Minsk. Rápidamente siguió la condena internacional y los temores de una invasión inminente aumentaron drásticamente.

Al día siguiente, Borrell cambió el tono: el diplomático presentó un conjunto de sanciones contra 27 personas y entidades del círculo íntimo de Putin, incluido su ministro de defensa y su jefe de gabinete, junto con los 351 miembros de la Duma estatal que votaron reconocer las autoproclamadas repúblicas populares. También se introdujeron sanciones financieras y comerciales.

"Las graves violaciones que Rusia está cometiendo no quedarán sin respuesta", dijo Borrell a los periodistas.

Ese mismo día, Olaf Scholz dio el paso de suspender indefinidamente la certificación de Nord Stream 2, el controvertido gasoducto que conecta Rusia y Alemania y que se había convertido en un gran punto de discordia entre Berlín y sus aliados. Scholz, al igual que Angela Merkel, había defendido durante años la infraestructura como un "proyecto comercial", desvinculado de la geopolítica.

Cuando las tropas rusas ingresaron en el Donbas, los países occidentales amenazaron con más medidas de represalia, que fueron alternativamente descritas como "e_normes", "sin precedentes", "nunca antes vistas" e incluso "la madre de todas las sanciones"._

El jueves por la mañana, Europa se despertó con la invasión rusa de Ucrania.

'Hablar es barato'

Ese fatídico día, el 24 de febrero, fue un día de conmoción, confusión, indignación y dolor. Pero entre el horror, surgió una resolución renovada.

Conscientes de la situación sin precedentes que se desarrolla justo al lado de la frontera de la UE, los líderes evitaron sus declaraciones habituales de "seriamente preocupados" y comenzaron a adoptar una retórica más asertiva, casi beligerante.

**“No permitiremos que el presidente Putin reemplace el estado de derecho con el estado de la fuerza y ​​la crueldad**”, dijo von der Leyen.

"Esto no es solo contra Ucrania, es una guerra contra Europa, contra la democracia", declaró el presidente lituano, Gitanas Nausėda.

"Hablar es barato. Basta de discursos baratos", dijo el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki.

Esa misma tarde, los líderes volaron a Bruselas para reunirse en una cumbre de emergencia, donde acordaron imponer otra tanda de sanciones, la segunda en apenas 48 horas.

Las sanciones ampliadas apuntaron directamente a los sectores financiero, energético y de transporte de Rusia, endurecieron los controles de exportación y limitaron la emisión de visas. En conjunto, las medidas tenían como objetivo paralizar el 70% del sistema bancario de Rusia para cortar los fondos necesarios para financiar la invasión.

El movimiento drástico, sin embargo, fue rápidamente eclipsado por los graves acontecimientos sobre el terreno. Las tropas rusas comenzaron a rodear Kiev, poniendo al gobierno elegido democráticamente del presidente Volodimir Zelenski en riesgo de ser derrocado de la noche a la mañana.

El viernes, pocas horas después de que los líderes evitaran castigar personalmente a Putin o expulsar a los bancos rusos del sistema de pago SWIFT, los ministros aprobaron exactamente estas medidas. Los activos de Putin se congelaron y la propuesta de SWIFT volvió a la mesa, ya que países como Italia, Hungría y Alemania, que anteriormente se oponían a una medida tan extrema, cambiaron repentinamente de opinión.

'Uno de nosotros'

Finalmente a las once de la noche del sábado, los esfuerzos cristalizaron. La presidenta von der Leyen anunció un tercer paquete de sanciones, en coordinación con EE. UU., Reino Unido y Canadá.

Las medidas eliminarán algunos bancos rusos de SWIFT, impedirán que el Banco Central de Rusia use la mayor parte de sus 630 mil millones de dólaresen reservas extranjeras y terminarán con la venta de pasaportes dorados, un privilegio polémico del que los oligarcas rusos han disfrutado libremente para hacer negocios en todo el bloque.

“Haremos que al Kremlin le resulte lo más difícil posible seguir con sus políticas agresivas”, dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

El domingo, una nueva serie de medidas, la cuarta en menos de una semana: la UE enviará armas letales a Ucrania, prohibirá el acceso de aviones rusos a su espacio aéreo y eliminará RT y Sputnik de sus ondas. Bielorrusia, un país visto como un facilitador en el acto de guerra de Putin, también será penalizado.

Más tarde, Von der Leyen aumentó la apuesta cuando le dijo a Euronews que Ucrania era "uno de nosotros y los queremos dentro", aparentemente respaldando la oferta de membresía de la UE por la que el presidente Zelenski ha hecho campaña públicamente.

El respaldo de la jefa de la  Comisión coronó una semana de decisiones trascendentales: hasta hace poco, las posibilidades realistas de Ucrania de unirse al bloque eran menores que las de Serbia y Turquía, dos países que, a pesar de sus tensas relaciones con Bruselas, todavía se consideran "candidatos" oficiales.

Independientemente de la dirección que tome la guerra, la sucesión de cambios y decisiones tan trascendentales en siete días dejarán un impacto duradero en la UE en su conjunto y, en particular, en su política exterior.

La indulgencia y la complacencia que caracterizaron los tiempos prósperos yocultaron los problemas debajo de la alfombra han terminado. Rusia será simultáneamente un estado paria bajo sanciones paralizantes y el mayor exportador de energía del bloque, al menos en el futuro previsible.

La UE que se ocupe de esta precaria realidad será más dura, cínica y segura de sí misma, consciente de los límites de la diplomacia y el atractivo del poder duro. Una unión construida sobre ideales destinados a vivir en un mundo cruel.