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Los residentes de la capital de Ucrania se adaptan a una nueva normalidad bajo las bombas

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Por Anelise Borges
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Columpios en frente de una residencia destruida por los bombardeos, Kiev, Ucrania
Columpios en frente de una residencia destruida por los bombardeos, Kiev, Ucrania   -   Derechos de autor  Euronews

Otro día, otra zona residencial bombardeada en la capital de Ucrania.

Las autoridades locales dicen que un misil ruso impactó en estos bloques de apartamentos matando al menos a una persona e hiriendo a decenas de otras.

"Han bombardeado todo. Los rusos son nuestros hermanos, pero nos bombardearon. Había tres ambulancias aquí", dice Anna, residente de Kiev de 81 años.

"No sé qué decir. Sólo maldecirlos. Especialmente a Putin", dice otra residente, con varias heridas en la cara.

Durante la última semana, Kiev ha sido golpeada en múltiples ocasiones, pero los residentes que quedan aquí hacen lo posible por seguir adelante.

"Hay que caminar. Ya he vivido bastante. No tengo miedo", dice un residente de Kiev que pasea por la calle sin importarle el riesgo.

En una estación de metro cercana, hay quienes buscan refugio de la última ronda de sirenas antiaéreas.

Mientras que otros... esperan el metro.

Los servicios están interrumpidos, pero sorprendentemente algunos transportes públicos siguen funcionando.

Y también algunos cafés como el bar Buena Vista en el centro de Kiev, que sigue sirviendo a los clientes, a pesar de que la guerra está cada vez más cerca.

"Vienen muchos periodistas, muchos lugareños... todos se sorprenden de que estemos abiertos y de que puedan tomar un café como antes de la guerra y vuelven a esa época. Y ahora vamos a empezar a hornear croissants: tendremos un horno y será aún más cómodo aquí", cuenta el empresario Eugene Petrichenka.

Lentamente está surgiendo una nueva normalidad en la capital ucraniana, donde la violencia de la guerra está cada vez más presente. Confrontando a los que insisten en seguir con la vida con el riesgo que corren por hacerlo.

Fuentes adicionales • Adaptado al español por Amaranta Zermeño