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Escape de Mariúpol: "No quería morir en la carretera"

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Por Reuters
Escape de Mariúpol: "No quería morir en la carretera"
Escape de Mariúpol: "No quería morir en la carretera"   -   Derechos de autor  Thomson Reuters 2022

24 mar – Las hermanas gemelas Hanna y Anastasiya Hrechkina necesitaron dos días de búsqueda bajo un intenso bombardeo para encontrar un medio de transporte para salir de Mariúpol.

“Perdí toda esperanza porque la gente no se detenía”, dijo Anastasiya, una estudiante de psicología de 22 años.

Junto con su madre y su tía, un primo y un amigo, las hermanas dijeron que habían decidido abandonar Mariúpol tras más de dos semanas de asedio por parte de las fuerzas rusas que han asolado esta ciudad del este de Ucrania.

El primer día que intentaron escapar, el bombardeo era tan intenso que cada 5-10 minutos tenían que abandonar sus pertenencias al borde de la carretera y correr para ponerse a cubierto, dijo Anastasiya. Finalmente, abandonaron su intento y volvieron a casa.

El segundo día, un hombre que huía de la ciudad con su familia en cuatro vehículos aceptó llevar al grupo. Aunque sólo había asiento para cuatro pasajeros más, los seis se apretujaron en los vehículos, en lo que, según Hanna, fue el “momento más feliz del día”.

Mariúpol, que en su día fue una ciudad de 400.000 habitantes, ha quedado casi completamente arrasada por los prolongados bombardeos rusos destinados a romper la resistencia de los defensores ucranianos.

Cientos de miles de personas se han escondido en sótanos sin agua corriente, alimentos, medicinas ni electricidad, sin poder o querer salir. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha dicho que “no queda nada” de la ciudad.

Las hermanas Hrechkina y su familia resistieron durante las primeras semanas del asedio, incluso cuando las condiciones se deterioraban y los combates se acercaban. “No queríamos irnos. Esperábamos que se detuviera”, dijo Hanna, también estudiante.

SEPARADOS

Anastasiya dijo que racionaron los alimentos, comiendo solo dos veces al día. Sin suministro de gas, las hermanas dijeron que los residentes encendieron hogueras en el exterior para calentar su comida, algunos destruyendo bancos o cortando árboles.

Con las redes de telefonía móvil interrumpidas y sin electricidad para cargar sus dispositivos, las hermanas estaban aisladas del mundo. “Pensamos que si nadie venía a salvarnos, tal vez el mundo no se enteraría de la situación”, dijo Anastasiya.

Cuando el bombardeo se hizo tan intenso que ya no podían obtener agua de un pozo cercano, supieron que tenían que marcharse, dijo la hermana.

Cuando los cuatro vehículos volvieron a la carretera, ellas no preguntaron hacia dónde se dirigían. “No sabía dónde íbamos, cuánto tiempo tardaríamos, pero estaba contenta de estar en el auto, estábamos todos con nuestra familia”, afirmó Hanna.

Sin embargo, descubrieron entonces que no todos los vehículos iban al mismo destino, y se dieron cuenta con horror de que las habían separado de su madre.

Su auto las llevó a Berdiansk, desde donde consiguieron tomar un autobús puesto por la Cruz Roja ucraniana que debía llevarlas a Zaporiyia, donde esperaban reunirse con su madre. Sin embargo, un intenso bombardeo obligó a detener el autobús a unos 50 kilómetros de la ciudad.

“Allí tuve un ataque de pánico, pensé que después de escapar de Mariúpol, no quería morir en la carretera”, dijo Anastasiya.

Finalmente se reunieron con su madre y sus familiares llevaron a las hermanas desde Zaporiyia hasta Krivói Rog, a 400 kilómetros al noroeste de Mariúpol.

“Quiero estar en Ucrania y quiero volver a Ucrania, pero ahora mismo siento la necesidad de estar en un lugar más seguro”, dijo Hanna.

“Siempre existe la amenaza de volver a ser rodeados. No quiero pasar por eso”, afirmó Anastasiya.