El presidente de Estados Unidos se mantiene fiel a la doctrina "paz mediante la fuerza", algo que inquieta a Europa y también a los adversarios de Washington.
Venezuela, Irán y Groenlandia. Tres regiones geográficamente alejadas se encuentran a la vez en el centro de la actualidad internacional, con un denominador común, Estados Unidos y la nueva estrategia, más agresiva, de Washington bajo el presidente Donald Trump.
La política exterior estadounidense, tal y como se perfila hoy, genera inquietud no solo entre los adversarios de Estados Unidos sino también entre los aliados tradicionales, ya que Washington está dispuesto a emplear su fuerza con rapidez y determinación.
En una entrevista con el servicio en griego de 'Euronews', el exoficial de Inteligencia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, escritor y asesor del Departamento de Estado en política exterior, Jake Sotiriadis, analiza la agenda estratégica de la Casa Blanca y los mensajes que proyecta a escala global.
Venezuela, demostración de fuerza militar y voluntad política
Según Jake Sotiriadis, la captura de Nicolás Maduro constituye la demostración más importante de fuerza militar estadounidense en el hemisferio occidental desde la invasión de Panamá en 1989.
Como explica, la operación demostró dos elementos clave. En primer lugar, la capacidad operativa incomparable de Estados Unidos, una unidad de la Delta Force logró extraer a un jefe de Estado en activo de un complejo militar fuertemente fortificado en menos de tres horas, sin ninguna baja entre las fuerzas estadounidenses. "Ningún otro ejército en el mundo puede hacer esto", señala.
En segundo lugar, y quizá más importante, la operación evidenció la voluntad política del liderazgo estadounidense. Donald Trump, según Sotiriadis, ha dejado claro que está dispuesto a emplear la fuerza militar de forma decidida pero calculada, dando prioridad a operaciones quirúrgicas frente a guerras terrestres prolongadas.
Los equilibrios clave tras Maduro
La próxima etapa se considera especialmente crítica para Venezuela. La vicepresidenta Rodríguez tiene que gestionar una ecuación política extremadamente difícil, por un lado, satisfacer las exigencias de Estados Unidos para el acceso al petróleo y evitar una confrontación con Washington, y por otro, mantener su credibilidad ante la base de seguidores de Chávez, el Ejército y las redes sociales que respaldaron a Maduro.
Si este equilibrio se consigue, el país podría entrar en una estabilización a corto plazo. Si fracasa, el riesgo de fractura interna, violencia entre facciones o incluso una nueva intervención estadounidense seguirá sobre la mesa.
Sotiriadis subraya que el Gobierno de Trump no busca un cambio de régimen en Venezuela, sino cumplimiento. Al mismo tiempo, ha dejado claro que está listo para aumentar la presión si ese mensaje no cala.
Mensajes hacia Rusia e Irán
La respuesta limitada de Moscú al caso Maduro no se considera casual. Como señala el analista, cada caso es distinto, pero la lógica fundamental de la estrategia estadounidense se mantiene.
Washington envía un mensaje nítido tanto a adversarios como a aliados de que puede usar de forma deliberada su fuerza militar para defender sus intereses nacionales. Este mensaje atañe directamente a Rusia, Irán y otros actores que Washington considera desestabilizadores.
Irán, un régimen con pocas opciones
Con la mirada puesta en Oriente Medio, Jake Sotiriadis describe Irán como un caso especialmente complejo y frágil. Las protestas en el país ya se han cobrado la vida a más de 2.000 personas, según estimaciones, mientras que el presidente Trump ha advertido al régimen iraní que detenga la violencia contra los manifestantes.
El presidente estadounidense ha dicho que la ayuda está en camino y ha dejado abierta la posibilidad de una acción militar si la represión continúa. Al mismo tiempo, Irán dispone de capacidades de represalia, ya sea atacando bases estadounidenses en la región o cerrando el Estrecho de Ormuz.
Sin embargo, la red de grupos aliados de Irán se ha debilitado de forma notable tras las campañas militares de 2025. El resultado, según Sotiriadis, es un régimen "acorralado", con muy pocas opciones favorables por delante.
Groenlandia, el nuevo epicentro geopolítico
Para cerrar la entrevista, Jake Sotiriadis explica por qué Groenlandia se ha convertido en un punto geopolítico crucial para Estados Unidos, Rusia y China. El primer motivo es la geografía, Groenlandia controla el acceso al Ártico y, por extensión, a Norteamérica. Por ello, Estados Unidos mantiene una base militar en la isla desde la Segunda Guerra Mundial.
El segundo motivo tiene que ver con los recursos naturales críticos. Los yacimientos de tierras raras de Groenlandia son imprescindibles para fabricar productos tecnológicos, desde teléfonos inteligentes y baterías de vehículos eléctricos hasta equipamiento militar. Hoy, China controla buena parte de ese mercado, lo que empuja a Estados Unidos a buscar fuentes alternativas.
El tercer factor es la rivalidad entre grandes potencias. Rusia ha incrementado de forma notable su actividad militar y naval en el Ártico, a medida que el deshielo abre nuevas rutas marítimas. Al mismo tiempo, China se autodefine como una "nación cercana al Ártico" y reivindica un papel en la zona.
Para Washington, quien controle Groenlandia no solo controlará recursos valiosos, también tendrá la clave geopolítica que puede definir el equilibrio estratégico en el siglo XXI. Y eso, como subraya Jake Sotiriadis, está ya en el núcleo de la estrategia estadounidense de seguridad nacional.