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Marco Rubio, de senador anti MAGA a "presidente" de Cuba por mandato de Trump

El secretario de Estado, Marco Rubio, hace una declaración a los periodistas en el Departamento de Estado en Washington, el 13 de enero de 2026.
El secretario de Estado, Marco Rubio, hace una declaración a los periodistas en el Departamento de Estado en Washington, el 13 de enero de 2026. Derechos de autor  AP
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Por Rafael Salido
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Tras la captura de Nicolás Maduro, la figura del secretario de Estado de EE.UU. ha vuelto a cobrar protagonismo. Muchos ven en él al arquitecto de la actual política de Washington hacia Latinoamericana. Tras haberse enfrentado a Trump por la Casa Blanca, ahora el mandatario le ve presidiendo Cuba.

Desde su aparición en la arena política nacional, allá por 2010, el hoy secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se ha consolidado como una de las figuras más poderosas de Washington. En apenas 12 meses ha pasado de ser un legislador generalmente abierto al consenso, con tal de avanzar su agenda, centrada principalmente en América Latina, a convertirse en uno de los más férreos valedores de la doctrina Trump.

En algo más de una década, Rubio ha pasado de ser uno de los más acérrimos críticos del hoy mandatario estadounidense, llegando incluso a bromear con el tamaño de sus manos ("ya saben lo que dicen de los hombres con las manos pequeñas"), a convertirse en uno de sus más fieles perros de presa, con aparentes aspiraciones de convertirse en su delfín de cara a las elecciones presidenciales de 2028.

"Tiene el oído de Trump, pero eso no significa que tenga el control", observa Carlota García Encina, investigadora principal de Estados Unidos y Relaciones Transatlánticas del Real Instituto Elcano, quien destaca cómo el otrora legislador ha aprendido a mantener el favor del mandatario: "Primero le ensalza y luego le matiza, esa es su forma de influir".

Lejos parecen quedar ya los días en que, debido a su trayectoria en el Capitolio, se convirtió en el primer alto funcionario de la segunda Administración Trump aprobado en el Senado y, además, de manera unánime, algo casi inédito en estos tiempos de polarización.

Así, hace ahora un año, Rubio se convertía en el primer secretario de Estado estadounidense de origen latino. Ya en mayo, Trump le nombró, además, consejero interino de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, transformándose así en el jefe de Exteriores más poderoso en el país desde los tiempos de Henry Kissinger.

"El puesto de jefe de la diplomacia servirá a modo de test para ver si el senador, que se ha reinventado a sí mismo en múltiples ocasiones durante su ascenso político, puede aportar estabilidad a un escenario mundial en el que los líderes se están preparando para cuatro años de una política exterior impredecible y marcada por el proteccionismo del 'America First'", señalaba por aquel entonces el diario 'The New York Times'.

García Encina destaca, sin embargo, que el ahora alto funcionario "siempre se ha mantenido al margen" hasta que, según la también doctora en Historia Contemporánea por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), "ha encontrado el momento para poder asomar la cabeza e influir".

Un republicano de la era Reagan

Poco queda de aquel joven republicano que comenzó su carrera política en 1998, poco después de contraer matrimonio con una de las cheerleaders de los Miami Dolphins, Jeanette Dousdebes.

Hijo de un camarero y de una limpiadora cubanos, que huyeron de la isla "en busca del sueño americano", según relata el Departamento de Estado en su página web, tras ser elegido diputado local en su estado, Florida, Rubio se hizo un nombre entre la comunidad latina al apoyar medidas en favor de los inmigrantes, como becas de estudios para los menores indocumentados.

Pero sus aspiraciones políticas le llevaron a cambiar de estrategia y ya para 2010, cuando se postuló por primera vez al Senado federal, se presentó con un discurso muy diferente, marcado por su retórica antimigratoria.

Fruto de esa ambición, apenas cinco años más tarde, Rubio decidió postularse a la presidencia de Estados Unidos. Para alzarse con la candidatura, no obstante, habría de hacerse antes con la nominación de un Partido Republicano en crisis, que vio como el propio Donald Trump sacudía todos sus cimientos al presentar su campaña.

"Nunca dejaré de luchar para garantizar que el partido de Ronald Reagan siga siendo un partido conservador, no uno liderado por un embaucador", llegó a decir en aquellos días.

Rubio era un 'reaganista' muy clásico, muy identificado con la política exterior tradicional
Carlota García Encina
Investigadora principal del Real Instituto Elcano

En ese sentido, García Encina asegura que Rubio "era un 'reaganista' muy clásico, muy identificado con la política exterior tradicional", que, no obstante, ha sido capaz de reorientar su agenda gracias a "una enorme disciplina personal".

Trump, por su parte, se refería a su oponente como 'el pequeño Marco', de manera despectiva. Sorprendentemente, a pesar del cruce de acusaciones, nunca llegó la sangre al río. "Durante la campaña de 2016, Rubio siempre buscaba la reconciliación, incluso cuando el enfrentamiento con Trump era muy duro", recuerda García Encina.

Un "halcón" en Washington

Finalmente, su campaña acabó haciendo aguas y no le quedó otra que aferrarse a su sillón de senador. Allí, en la Cámara Alta, se granjeó una reputación de "halcón", que es como se conoce en Washington a aquellos legisladores y funcionarios que muestran un especial interés en política exterior, por lo general, con el intervencionismo estadounidense por bandera.

Esa misma reputación es la que acabaría por abrirle de par en par las puertas de Mar-a-Lago, donde se convirtió en un visitante asiduo de Trump, cuando este acabó su primer mandato y, debido a su papel en el asalto al Capitolio, se había vuelto un paria, políticamente hablando. Cabe destacar que, por aquel entonces, Rubio fue uno de los senadores republicanos que votó en contra de su inhabilitación durante el segundo 'impeachment' de Trump.

Allí, en Florida, Rubio se convirtió en uno de los principales confidentes de su antiguo adversario, asesorándole en cuestiones de relaciones internacionales y en asuntos de seguridad. Durante la campaña electoral de 2024, le ayudó, incluso, a prepararse para su debate con el demócrata Joe Biden.

Finalmente, ambos enterraron el hacha de guerra. Desde entonces, Rubio se ha vuelto uno de los hombres de confianza de Trump, quien ha llegado a decir: "Cuando tengo un problema, llamo a Marco".

El nombre de Rubio comenzó entonces a aparecer en todas las quinielas como posible vicepresidente. Sin embargo, Trump finalmente se decantó por el también senador J.D. Vance, quien compensa su falta de experiencia internacional con una retórica mucho más en línea con la del mandatario.

Su premio de consolación fue la secretaría de Estado, un cargo para el que, en cualquier caso, se venía postulando ya desde hace años. Desde entonces, Rubio parece haber abandonado aquellas causas por las que bregó como legislador.

Desde la política migratoria hasta el desmantelamiento de Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), una institución para la que apenas un año antes estaba reclamando una mayor dotación de fondos.

A cambio, se ha convertido en el principal valedor de la política exterior de una Administración Trump, que se ha vuelto objeto de críticas por decisiones tan controvertidas como la posibilidad de anexionarse Groenlandia por la fuerza o capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, medidas ambas que claramente violan las leyes internacionales.

Un "equilibrio" imposible, ¿con la Casa Blanca en mente?

En este sentido, García Encina destaca que Rubio siempre "trata de mantenerse en el punto medio", para conseguir un "equilibrio" que le permita avanzar su agenda frente a otras figuras de mayor peso en el 'trumpsimo', como pueden ser Elon Musk o J.D. Vance.

La investigadora del Elcano cita a modo de ejemplo la buena sintonía que existe entre la Administración Trump y el Kremlin, algo a lo Rubio, como "anticomunista", siempre se ha opuesto. "Rusia ya no es comunista, pero igualmente eso iba contra sus propios principios; si bien él siempre se ha mantenido al margen, no ha dicho nada (...) para poder llevar a cabo aquello en lo que lleva años trabajando de cara a Venezuela y Cuba".

Lo que muchos se preguntan ahora es si esta postura obedece a una cuestión de disciplina, o si, por el contrario, apenas pone de manifiesto que sus aspiraciones políticas siguen apuntando a la Casa Blanca.

Se da a entender que Rubio se ha plegado a Trump para que Vance sea el candidato republicano
Carlota García Encina
Investigadora principal del Real Instituto Elcano

A este respecto, García Encina reconoce que es difícil saber qué pasa por la cabeza del exsenador, pero recuerda que el propio Trump ha opinado que una candidatura Vance-Rubio, con el actual vicepresidente como principal aspirante, podría arrasar en los comicios de 2028. "Creo que se da a entender que Rubio se ha plegado a Trump para que Vance sea el candidato republicano".

Aún es pronto para saber a dónde le llevará su aspiración por la Casa Blanca, pero Trump, sin duda,le ve preparado para presidir un país, aunque sea uno mucho más pequeño que Estados Unidos y para el que no estaría ni siquiera cualificado a postularse: Cuba.

La semana pasada, el republicano compartió un post en el que aparecía un pantallazo con un mensaje de un usuario de X en el que se leía "Marco Rubio será presidente de Cuba", a lo que Trump comentó: "¡A mí me suena bien!".

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