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Una médico cuenta cómo vivió el accidente de Adamuz desde dentro: "Sentí que el vagón iba sin rumbo"

Agentes de la Guardia Civil recogen pruebas junto a los restos de los vagones de tren implicados en una colisión en Adamuz, sur de España, el martes 20 de enero de 2026.
Agentes de la Guardia Civil recogen pruebas junto a los restos de los vagones de tren implicados en una colisión en Adamuz, sur de España, el martes 20 de enero de 2026. Derechos de autor  Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved.
Derechos de autor Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved.
Por Christina Thykjaer
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En una entrevista exclusiva con 'Euronews', Irene Mármol Szombathy, médico que viajaba a bordo de uno de los trenes afectados, relata cómo vivió el impacto y los primeros momentos de emergencia desde dentro.

Cuando el tren comenzó a temblar, Irene Mármol Szombathy pensó que era algo habitual. Había viajado muchas veces en ferrocarril y conocía esas vibraciones leves que aparecen en algunos tramos. Pero esta vez fue distinto. El temblor aumentó de intensidad en cuestión de segundos y el vagón empezó a oscilar sin control. Las maletas cayeron al suelo. Después, el tren se detuvo bruscamente.

Irene, que trabaja como otorrinolaringóloga en el Hospital de Getafe, viajaba como una pasajera más, de vacaciones, de regreso a Madrid. No imaginaba que en pocos instantes pasaría de testigo a interviniente directa en una situación límite. "Sentí que el vagón iba sin rumbo, como si nos dejáramos llevar", recuerda. "Sí que sentí que estábamos en peligro", añade.

En los primeros momentos, trató de comprobar que las personas a su alrededor estaban estables. Pero pronto escuchó gritos procedentes de la parte delantera del vagón: pedían auxilio, pedían un médico. Al acercarse, comprendió que la situación era grave. "Intentamos realizar maniobras de reanimación, pero (la paciente) tenía un traumatismo craneal muy severo", afirma.

Uno de los momentos más duros, explica Irene, fue comprobar que la víctima viajaba acompañada de familiares. "Dos de los médicos se quedaron auxiliando a los familiares", mientras el resto comenzó a organizar la evacuación del vagón. Algunas puertas no podían abrirse y fue necesario trasladar a los pasajeros a otro coche del tren.

El descubrir que había una persona fallecida entre las personas que viajamos en ese vagón fue un impacto para todos
Irene Mármol Szombathy
Médico y pasajera del tren

Fue al asomarse al exterior cuando Irene tomó conciencia de la magnitud real del accidente: el último vagón estaba completamente volcado sobre la vía. Sin dudarlo, salió junto a una compañera médica para auxiliar a las personas que se encontraban fuera. "Salimos de inmediato", dice, porque empezaban a llegar heridos "muy graves". Durante esos primeros momentos, la asistencia sanitaria fue improvisada. "No había ambulancias suficientes", recuerda.

Vecinos de la zona comenzaron a ayudar. "Las personas del pueblo pusieron su coche a disposición", explica Irene. Gracias a ello, pudieron trasladar a los heridos más graves a los hospitales cercanos mientras seguían atendiendo al resto en el lugar del accidente.

No fue hasta más tarde cuando Irene y sus compañeros supieron que otro tren también había resultado afectado. "No teníamos ni idea de que había otro tren", afirma. Cuando llegaron los primeros heridos de ese convoy, se dieron cuenta de que "estaba mucho más gravemente afectado que el nuestro".

La evacuación de los pasajeros se realizó de forma progresiva. El personal ferroviario trató de establecer "un perímetro de seguridad" y mantener el orden. Los viajeros que no resultaron heridos fueron conducidos a una zona segura junto a la vía, una explanada cercana donde esperaron durante horas.

Irene no regresó a Madrid hasta la mañana siguiente. "Pasamos toda la noche viajando", explica. La compañía ferroviaria dispuso autobuses desde los pueblos cercanos al lugar del accidente para trasladar a los pasajeros.

Para Irene, lo ocurrido marcó una frontera clara entre el antes y el después. Lo que empezó como un viaje de regreso tras unas vacaciones terminó convirtiéndose en una intervención médica de emergencia, en medio del caos, la incertidumbre y la solidaridad entre desconocidos.

Uno de los accidentes ferroviarios más graves de la historia

El accidente de Adamuz se ha convertido en uno de los siniestros ferroviarios más graves registrados en España en las últimas décadas. Con al menos 42 personas fallecidas, la magnitud del descarrilamiento ha movilizado a decenas de equipos de emergencia y ha obligado a desplegar un amplio dispositivo judicial y forense.

A pesar de que ya se han recuperado todos los cuerpos, algunas de las víctimas siguen sin haber sido identificadas, lo que mantiene abiertas varias líneas de trabajo y prolonga la angustia de las familias.

La investigación oficial continúa abierta en la zona del siniestro. El vagón 6 del Iryo, considerado clave para esclarecer lo ocurrido, permanece bajo custodia de la Guardia Civil y aún no ha sido examinado en profundidad. Las autoridades insisten en que todavía es pronto para avanzar conclusiones y que todas las hipótesis siguen abiertas.

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