Medios españoles informan de que el dispositivo fue 'hackeado' entre octubre de 2020 y noviembre de 2021, en medio de la crisis migratoria. En total, fueron 14 meses en los que Rabat tuvo acceso a las comunicaciones del mandatario.
Han pasado cinco años desde que se destapó el caso Pegasus en España, pero hasta ahora no había quedado claro cómo lograron infectar un teléfono con los niveles de seguridad del presidente del Gobierno. La investigación judicial se estancó por la falta de colaboración israelí y las limitaciones técnicas para rastrear este tipo de ataques. Sin embargo, nuevos datos aportados por fuentes de inteligencia permiten reconstruir lo que ocurrió.
Según informó el periodista Pelayo Barro, del diario 'The Objective', el 'hackeo'comenzó en octubre de 2020 y se prolongó hasta diciembre de 2021. Se habría tratado de una maniobra orquestada por Rabat en represalia por haber atendido médicamente a Brahim Ghali, líder del Polisario. Durante esa visita, el presidente y su comitiva recorrieron el Centro Operativo de Seguridad en El Tarajal, a pocos metros de territorio marroquí, y después sobrevolaron la zona en helicóptero antes de dirigirse a Melilla.
La técnica utilizada contra el presidente español no fue improvisada. La inteligencia marroquí ya había empleado el mismo método zero-click para infectar los móviles de dos periodistas críticos con el régimen, Imar Radi y Maati Monjib. La huella que Pegasus dejó en sus dispositivos resultó muy similar a la encontrada en los terminales del Gobierno español, lo que refuerza la autoría de Rabat que acabó con la destitución de la directora del CNI.
El Gobierno ocultó el espionaje durante un año completo. Cuando finalmente se hizo público, gracias a una exclusiva del periodista Ignacio Cembrero, de 'El Confidencial', la investigación judicial apenas avanzó. Israel nunca colaboró con las autoridades españolas y la extrema dificultad técnica para rastrear Pegasus, que apenas deja rastro, convirtió en tarea imposible determinar qué información exacta se robó.
Pero entre los servicios de inteligencia españoles no existe duda: fue Marruecos quien pinchó los teléfonos de Sánchez, Marlaska y la ministra Margarita Robles.