La Casa Blanca redirecciona el USS Gerald R. Ford desde el Caribe hacia aguas próximas a Irán. La tripulación conoció el cambio de planes el jueves y no volverá a puerto hasta mayo. Es el tercer destino del buque en menos de un año.
El USS Gerald R. Ford partió de Norfolk el pasado 24 de junio con rumbo al Mediterráneo. Ese plan inicial duró poco. Washington cambió el destino y lo mandó al Caribe para aumentar la presión sobre el gobierno venezolano. El 3 de enero, los aviones que despegan desde su cubierta participaron en el operativo que terminó con el ataque a Caracas y la detención de Nicolás Maduro.
Ahora el buque vuelve a cambiar de aguas. Según fuentes de la Marina estadounidense, la tripulación recibió la notificación del nuevo despliegue este jueves. El destino: Oriente Medio. No está previsto que regresen a sus bases en Estados Unidos hasta finales de abril o principios de mayo.
Portaaviones de nueva generación: USS Gerald R. Ford (CVN-78)
El USS Gerald R. Ford representa un salto tecnológico respecto a los portaviones anteriores. Con sus 100.000 toneladas de desplazamiento y 334 metros de eslora, supera en capacidades a toda la clase Nimitz que lo precedió. Su cubierta de vuelo tiene espacio para más de 75 aeronaves, aunque habitualmente opera con un ala aérea de entre 60 y 70 aparatos.
La potencia de fuego del Ford no reside solo en su tamaño. El buque incorpora el Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves (EMALS), que sustituye las catapultas de vapor tradicionales. Esto permite lanzar aviones con mayor precisión y menos desgaste mecánico. Puede realizar hasta 160 salidas aéreas al día, frente a las 120 de los portaaviones antiguos.
Su ala aérea incluye cazas F/A-18 Super Hornet, aviones de guerra electrónica EA-18G Growler, aviones de alerta temprana E-2D Hawkeye y helicópteros MH-60. La tripulación ronda los 4.500 efectivos, unos 600 menos que los modelos anteriores gracias a la automatización de muchos sistemas.
El buque cuenta con reactores nucleares A1B que le dan autonomía prácticamente ilimitada. No necesita repostar combustible en toda su vida útil, estimada en 50 años. Los reactores generan suficiente energía para abastecer una ciudad de 100.000 habitantes. Esa potencia alimenta también los sistemas de defensa: lanzadores de misiles, cañones Phalanx y sistemas antimisiles de última generación.
El coste de construcción superó los 13.000 millones de dólares, lo que lo convierte en el buque de guerra más caro jamás construido. Entró en servicio en 2017 después de años de pruebas y ajustes técnicos.
Mensaje directo a Teherán
El movimiento coincide con las negociaciones indirectas entre Washington y Teherán que tuvieron lugar en Omán la semana pasada. Pero Trump no parece confiar solo en la diplomacia. Este jueves repitió las advertencias: si Irán no acepta un acuerdo con Estados Unidos, las consecuencias serían "muy traumáticas". El envío del Ford refuerza ese mensaje.
El portaaviones se suma a una flota que ya está operando en la zona. El USS Abraham Lincoln llegó hace más de dos semanas junto a tres destructores equipados con misiles guiados. La presencia del Ford aumenta la capacidad militar estadounidense de forma notable. La Marina lo define como "la plataforma de combate más capaz, adaptable y letal del mundo".
Tres misiones, un solo buque
En menos de ocho meses, el Gerald R. Ford ha pasado del Mediterráneo al Caribe y de ahí a Oriente Medio. Tres escenarios diferentes, tres estrategias distintas de la administración Trump. La tripulación lleva en el mar desde junio sin fecha clara de regreso. Cuando finalmente atraquen en Virginia, habrán estado casi once meses desplegados.
La concentración de fuerza naval en el Golfo Pérsico no deja mucho espacio para la interpretación. Washington mantiene abiertas las opciones militares contra Irán mientras explora vías diplomáticas. El Ford, con sus más de 4.500 tripulantes y decenas de aviones de combate, es la carta más visible sobre la mesa.