Uno de los documentos desclasificados por Moncloa muestra la preocupación de Juan Carlos I por conocer el estado de opinión del Ejército meses después del intento de golpe de Estado. Este solicita la reunión tras conocer un manifiesto militar que censuraba las críticas a Tejero y Milans del Bosch.
Nueve meses después de los hechos que acontecieron en el Congreso de los Diputados y en las calles de Valencia durante la tarde del 23 de febrero de 1981, Juan Carlos I seguía preocupado por lo que pudiese opinar la cúpula militar española acerca del golpe de Estado fracasado.
Así lo atestigua uno de los muchos documentos publicados el miércoles por Moncloa en una carta firmada por Sabino Fernández Campo, el histórico secretario general de Zarzuela desde 1977 hasta los años 90, y remitida a Emilio Alonso Manglano, director del Centro Superior de Información de la Defensa. La misiva pretende ser un borrador de preparación de una reunión entre el antiguo jefe del Estado, el expresidente Adolfo Suárez, el ministro de Defensa y la Junta de Jefes del Estado Mayor.
"Considero conveniente esta reunión", comienza Juan Carlos I, "porque si bien ya he cambiado impresiones con el presidente del Gobierno y con el ministro de Defensa sobre los últimos acontecimientos militares, tengo mucho interés en escuchar las opiniones de los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor, expuestas con la máxima claridad y franqueza por quienes pueden reflejar no solo sus propios sentimientos sino los de todos aquellos que tienen a sus órdenes en la organización militar".
Tras repasar los hechos públicos y conocidos que afianzaron su estatus como jefe del Estado, el Rey, hoy exiliado en Abu Dabi tras ser acusado de malversación de fondos en varios casos de corrupción, continúa: "Yo estoy seguro que tanto los civiles como los militares a los que hoy tengo el honor de presidir en esta reunión,están persuadidos como yo de la importancia que para la vida del país ha tenido aquel 23 de febrero y tiene siempre la organización militar". Y advierte: "Aunque hemos avanzado y estamos avanzando mucho en el camino de la democracia, no constituimos aún un país totalmente estable".
Irónicamente, la carta remitida a Defensa menciona a los Emiratos Árabes Unidos. El Rey se muestra inquieto tras la publicación de una proclama militar conocida como el 'Manifiesto de los 100': un texto publicado días antes, el mismo diciembre, y dirigido al Gobierno de Calvo-Sotelo y a los medios de comunicación, donde se considera que las críticas a los promotores del golpe procesados están dirigidas al Ejército en su conjunto.
"Lo cierto es que la situación militar, sobre todo después del llamado 'Manifiesto de los 100', es hoy delicada y digna de atención. He de reconocer que durante mi reciente viaje a los Emiratos Árabes, me preocuparon las noticias que recibía y me impulsaron tanto a mantener la normalidad de mis visitas oficiales, como a acortar la que tenía con carácter privado. Ni podía demostrar esa preocupación, ni poner de manifiesto una indiferencia que estaba muy lejos de sentir".
La desesperación de Carmen Díez, la mujer de Tejero
La desclasificación de documentos también ha sacado a la luz las grabaciones telefónicas de Carmen Díez Pereira, esposa de Antonio Tejero, revelando una mezcla de desesperación, lealtad y cruda franqueza.
A través de estas transcripciones, se percibe a una mujer que, lejos de la retórica militar, intenta desesperadamente contactar con su marido mientras asimila lo que ella considera una traición colectiva. En sus conversaciones con altos mandos y amigos, Carmen no escatima en calificativos hacia el teniente coronel, a quien define repetidamente como "tonto" o "desgraciao" por haber confiado en un respaldo militar que nunca llegó a materializarse.
En sus intentos por frenar la situación, Díez llegó a solicitar un vehículo al Estado Mayor para hablar con él en persona, rechazando incluso la posibilidad de usar un megáfono frente al Congreso porque conocía bien la terquedad de su esposo. Su angustia crece al confirmar que el entorno militar le da la espalda, como se refleja en su intercambio con una amiga cercana:
- "¡Es tonto! Carmen Elvira", exclama la esposa de Tejero, "es que él se cree que como él es así de 'honrao' y de recto, los demás van a seguirle igual. Qué tonto el pobre mío...", responde su interlocutora, "y cómo no se le ocurre pensar antes que se iban a volver atrás".
La sensación de abandono es el hilo conductor de todas sus llamadas, especialmente cuando se dirige a mandos como el general Fajardo o el comandante Fernando Caro. A este último, en un momento de máxima tensión, le confiesa su temor de que acaben con la vida de Tejero tras haberlo dejado solo en la asonada, insistiendo en que su marido fue víctima de un engaño monumental por su exceso de celo patriótico. La crudeza de sus palabras resume el sentimiento de derrota personal que se vivía al otro lado del teléfono:
- "Me lo han 'dejao tirao' como una colilla", se lamenta Carmen con amargura, me lo han 'dejao' solo, me lo han 'engañao'. Es un 'desgraciao', si encima lo tachan de loco y de bandolero..."
Finalmente, a pesar de los ofrecimientos de ayuda para poner a salvo a sus hijos en Málaga, Carmen Díez se mantiene firme en su voluntad de permanecer unida a su familia, cerrando un episodio histórico que, más allá de la política, muestra el colapso emocional de quienes vivieron el golpe desde la intimidad del hogar.
La versión de Zarzuela sobre el intento de golpe de Estado
Los documentos desclasificados sobre el 23F incorporan un informe de Inteligencia Militar que reconstruye la intentona golpista desde el Palacio de la Zarzuela. El texto detalla las conversaciones mantenidas con el teniente coronel Antonio Tejero en el Congreso de los Diputados, el rechazo de la Casa del Rey a la pretensión del general Alfonso Armada de encabezar un nuevo Gobierno y las órdenes trasladadas por Juan Carlos I al teniente general Jaime Milans del Bosch, que había desplegado unidades en Valencia.
El documento atribuye al monarca una advertencia directa ante la sublevación: "Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve está dispuesto a provocar, y será responsable de ello, una nueva guerra civil". Horas después, Milans del Bosch comunicó la retirada de los militares de las calles.
El asalto al Congreso que se valoró y no se ejecutó
Una nota de la Brigada de Interior del 18 de marzo de 1981 recoge que se evaluó un posible asalto de los GEOS al Congreso de los Diputados. El cálculo interno estimaba que la operación podría haber provocado entre 80 y 110 muertos. El documento señala que uno de los factores que frenó la intervención fue la presencia, en un despacho próximo a una de las vías de acceso previstas, de una persona cuyo nombre aparece tachado.
La misma nota advertía de la preparación de un libro por parte de responsables vinculados a la revista Cambio 16 y al Ministerio del Interior, en el que se pretendía revelar detalles de esa planificación. También recogía la tesis de que el golpe habría tenido como base la denominada Operación Ariete, diseñada en la etapa de Luis Carrero Blanco, que contemplaba un escenario de vacío de poder y desórdenes de masas.
Subversión y desgaste en las Fuerzas Armadas
Otro texto, fechado en diciembre de 1981 y titulado 'Índices de Subversión en las Fuerzas Armadas', advierte de que el clima de tensión no desapareció tras el fracaso del golpe. El informe, con sello de "secreto" y dependiente del Ministerio de Defensa, describe la circulación de "rumores alarmantes", el envío de cartas y panfletos subversivos, la mutilación de retratos oficiales y pintadas contra el Rey, así como actitudes "irrespetuosas e insolentes" hacia los mandos.
El propio documento reconoce que el Estado permitió que ese ambiente creciera "al no haberse prestado la atención debida", lo que, según su análisis, comenzaba a distanciar a los mandos militares de la clase política y del espíritu constitucional. Añade que la confianza en el Rey dentro de las Fuerzas Armadas se deterioró a partir de 1980 y propone un "plan de acción" que incluía la promoción de nuevos líderes militares sin afinidades políticas declaradas, "católicos con evidencias" y con capacidad de interlocución pública.
Planes posteriores al 23F
La documentación incluye referencias a operaciones supuestamente activas tras el 23F. Uno de los informes alude a una iniciativa atribuida al entonces capitán general de Canarias, Jesús González del Yerro, y a 'Cortina (el militar)', que contemplaba la posibilidad de un nuevo golpe antes de finales de mayo o comienzos de junio de 1981.
Se describen dos escenarios: un "golpe constitucional" con la Corona y un Gobierno de coalición entre UCD y PSOE, o un "golpe a la turca", con suspensión de partidos y entes autonómicos. La fecha del 24 de junio, onomástica de Juan Carlos I, fue considerada por coincidir en el Palacio Real la cúpula militar y las principales autoridades del Estado, aunque el informe apuntaba como inconveniente la presencia del cuerpo diplomático.
La batalla por el relato y los rumores sobre el Rey
Entre los documentos también figura una nota interna del Ministerio del Interior sobre una "Campaña contra S. M. el Rey" que recopilaba los principales rumores acerca de una supuesta implicación del monarca en el golpe. Entre ellos, que habría acordado con Alfonso Armada la caída de Adolfo Suárez, que conocía los preparativos o que tenía previsto abandonar el país si fracasaba la intentona. El texto atribuye la difusión de estas versiones a estrategias de defensa de los procesados y a círculos políticos y simpatizantes.