Un informe publicado este mes por el Instituto Global McKinsey ofrece uno de los análisis más rigurosos de la guerra comercial del año pasado y su dictamen desmonta casi todas las previsiones hechas cuando se introdujeron los aranceles.
Ha pasado casi un año desde el Día de la Liberación, cuando el presidente estadounidense Donald Trump se situó en el Jardín de las Rosas y anunció "aranceles recíprocos" contra más de 50 países.
Visto con perspectiva, la guerra arancelaria no acabó con el comercio mundial.
Esa es la conclusión contraintuitiva del informe "Geopolitics and the Geometry of Global Trade" del McKinsey Global Institute, publicado este mes.
Pese a que los aranceles estadounidenses se situaron en su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, el comercio mundial creció más deprisa que la economía global.
Tanto las importaciones estadounidenses como las exportaciones chinas marcaron máximos históricos. Las dinámicas comerciales se reconfiguraron a fondo, pero no se hundieron.
En declaraciones a Euronews, uno de los autores del informe, Tiago Devesa, señaló que "el mayor cambio en 2025 fue cuánto comerciaron directamente entre sí Estados Unidos y China; aunque los flujos entre ambos países se redujeron de forma significativa, esta tendencia es anterior a la introducción de los aranceles".
Según McKinsey, el comercio entre Estados Unidos y China cayó en torno a un 30% y se esfumaron unos 130.000 millones de dólares en exportaciones chinas a Estados Unidos, equivalentes a 112.300 millones de euros.
Devesa añadió que, a medida que Estados Unidos desvió sus compras fuera de China, el sudeste asiático acabó absorbiendo la mayor parte de la demanda estadounidense.
Las exportaciones de los países de la ASEAN aumentaron casi un 14%, ya que Vietnam, Tailandia y Malasia asumieron cadenas de suministro desplazadas desde China y redirigieron productos acabados, en especial electrónica de consumo, hacia los consumidores estadounidenses.
India, por su parte, desempeñó un papel más limitado pero aún muy relevante. Por ejemplo, Estados Unidos redujo sus compras de teléfonos inteligentes a China en torno a un 40%, lo que supuso recortar importaciones por valor de 18.000 millones de dólares (15.500 millones de euros), mientras que India incrementó sus exportaciones de teléfonos inteligentes a Estados Unidos en 15.000 millones de dólares (13.000 millones de euros).
Aun así, el superávit comercial global de China alcanzó un máximo histórico, ya que las empresas chinas se orientaron hacia lo que McKinsey denomina una "fábrica de fábricas", aumentando el suministro de componentes industriales y bienes de equipo a las economías emergentes.
Para seguir siendo competitivos y mantener cuota de mercado en otros lugares, los exportadores chinos también rebajaron un 8% de media los precios de los bienes de consumo.
En cuanto a Estados Unidos, las cifras muestran la mayor brecha entre las promesas políticas y la realidad estadística.
En su discurso del Día de la Liberación, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó: "Los déficits comerciales crónicos ya no son solo un problema económico. Son una emergencia nacional que amenaza nuestra seguridad y nuestra propia forma de vida. Por estas razones, a partir de mañana Estados Unidos aplicará aranceles recíprocos a otros países".
Sin embargo, la Oficina de Análisis Económico confirmó el año pasado un déficit anual de bienes y servicios de 901.500 millones de dólares (779.000 millones de euros), una reducción mínima del 0,2% respecto a los 903.500 millones de dólares (780.500 millones de euros) de 2024.
El déficit con China se redujo hasta 202.100 millones de dólares (174.600 millones de euros), su nivel más bajo en más de dos décadas, pero los propios datos del Departamento de Comercio estadounidense muestran que ese desequilibrio se desplazó, sobre todo, hacia Vietnam y Taiwán, donde los déficits bilaterales se ampliaron hasta niveles récord.
Donde Estados Unidos sí se impuso fue en el ámbito de la inteligencia artificial.
En 2025 Estados Unidos aportó aproximadamente la mitad de la nueva capacidad de centros de datos del mundo y fue el principal motor de la demanda de bienes relacionados con la IA.
El comercio relacionado con la IA se dispara
El comercio mundial recibió un impulso significativo de la inteligencia artificial en 2025, y los envíos relacionados con la IA se convirtieron en el principal motor del crecimiento.
McKinsey calcula que las exportaciones de bienes vinculados a la IA explican aproximadamente un tercio del crecimiento total del comercio, y que los semiconductores y el equipamiento para centros de datos han pasado a representar más del 35% del comercio mundial.
El hardware esencial para construir y operar sistemas de IA, incluidos chips, servidores y equipos de redes, experimentó un fuerte aumento de la demanda a medida que los grandes grupos tecnológicos invertían en desplegar infraestructuras de IA a un ritmo y una escala sin precedentes.
Los polos manufactureros asiáticos, en especial Taiwán, Corea del Sur y partes del sudeste asiático, abastecieron de estos bienes a mercados de todo el mundo, con unos flujos especialmente intensos hacia Estados Unidos.
Gran parte de este comercio impulsado por la IA se realizó entre economías alineadas geopolíticamente, lo que muestra cómo esta tecnología ha empezado a redibujar los flujos globales en un contexto de perturbaciones arancelarias en otras áreas.
El informe subraya que el auge de la inversión en IA ha dejado una huella duradera en los patrones comerciales, manteniendo el impulso en un momento en que las rutas tradicionales entre las grandes potencias se estaban contrayendo.
"Cada año, el comercio está marcado por olas de largo plazo y por salpicaduras de corto recorrido", señaló Devesa, y añadió: "El auge de la IA es una ola de largo recorrido que seguirá redefiniendo el comercio durante años, mientras que los aranceles fueron la salpicadura disruptiva del año pasado".
La 'doble pinza' sobre la UE
De entre los grandes bloques, la Unión Europea ofrece el ejemplo más ilustrativo y aleccionador.
Según el informe, el bloque se enfrenta a una 'doble pinza'.
Por un lado, el déficit comercial de la UE con China se ha ampliado, porque las importaciones han aumentado y las exportaciones han caído. Por otro, su superávit comercial con Estados Unidos se redujo a lo largo del último año.
Además, a medida que las exportaciones disminuyen y las importaciones aumentan en el comercio con China, el bloque se ve inmerso en una carrera con la segunda mayor economía del mundo por mercados clave que son destinos predominantes de las exportaciones europeas, según Devesa. "También hay más competencia en ese sentido", apuntó.
El sector del automóvil fue el más golpeado. Las exportaciones de coches de la UE a Estados Unidos cayeron un 17%, mientras que los envíos a China se desplomaron más de un 30% en 2025.
Al mismo tiempo, los vehículos eléctricos chinos inundaron Europa, con un aumento de alrededor del 50% hasta superar los 800.000 vehículos.
Alemania, corazón de la industria del motor europea, importó por primera vez más coches de China de los que exportó a ese país en toda su historia industrial.
En conjunto, y si se excluyen las compras extraordinarias y adelantadas de productos farmacéuticos, el superávit comercial manufacturero de la UE se redujo en aproximadamente 40.000 millones de dólares (34.500 millones de euros), según McKinsey.
Bruselas ha sentido claramente la presión de esta doble pinza y trata de corregir esa vulnerabilidad.
En enero, la Comisión Europea firmó dos acuerdos clave: uno con India, que reducirá por ejemplo los aranceles a los automóviles del 110% al 10% en un plazo de cinco años, y otro con Mercosur, que también rebaja las barreras a los coches y a los productos farmacéuticos, entre otros.
El martes, la UE anunció un nuevo acuerdo de libre comercio con Australia durante una visita de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
El acuerdo liberaliza los flujos de bienes, pero mantiene contingentes para los productos agrícolas europeos más sensibles.
Estos acuerdos suponen un intento explícito de diversificar el comercio de la UE y reducir su dependencia de Washington y Pekín, que juntos representan aproximadamente un tercio de las operaciones exteriores del bloque.
Tiago Devesa explicó a Euronews que "la magnitud del comercio con los mercados de Mercosur e India hoy es limitada. Sin embargo, son mercados que crecen muy deprisa y son complementarios a los productos y servicios de la UE. Por ejemplo, India quiere desarrollar la manufactura avanzada y, para ello, necesita componentes que Europa puede aportar".
El informe advierte de que, en conjunto, India y Mercosur representan actualmente menos del 8% del comercio de la UE y que esa cuota necesitará tiempo para aumentar. Son pólizas de seguro a largo plazo, no remedios inmediatos.