El visto bueno de los Veintisiete desbloquea la aplicación provisional del pacto, clave para la frontera con España. La aplicación provisional del acuerdo tendrá lugar a partir del 15 de julio de este año.
Los Estados miembros de la Unión Europea han dado este jueves luz verde al acuerdo entre la UE y el Reino Unido sobre Gibraltar, un paso decisivo para cerrar el marco jurídico del Peñón tras el Brexit. El Comité de Representantes Permanentes (Coreper) aprobó los textos del acuerdo y de las decisiones para su firma y aplicación provisional, a la espera de los últimos ajustes técnicos de los juristas-lingüistas del Consejo.
Según el comunicado oficial, el pacto completará las relaciones UE-Reino Unido establecidas por el Acuerdo de Comercio y Cooperación, del que Gibraltar quedó excluido en 2020 por la complejidad política y jurídica del territorio.
La aplicación provisional está prevista para el 15 de julio y persigue un objetivo central: garantizar la prosperidad de toda la región mediante la eliminación de las barreras físicas a la circulación de personas y mercancías entre España y el Peñón, preservando al mismo tiempo Schengen, el mercado único y la unión aduanera.
La presidencia chipriota del Consejo celebró el acuerdo como "un hito para las relaciones UE-Reino Unido" y subrayó que será "beneficioso para las personas de la región y para la UE en su conjunto", en palabras de la representante permanente Christina Rafti.
El texto, cerrado en diciembre de 2025, tras más de cuatro años de negociaciones, aborda el principal escollo práctico del Brexit en la zona: la frontera entre Gibraltar y La Línea de la Concepción. Los controles de entrada al espacio Schengen se trasladarán al aeropuerto y al puerto del Peñón bajo responsabilidad española, sin que el Peñón se integre formalmente en Schengen.
Desde la óptica española, el acuerdo refuerza su papel en materias sensibles. España tendrá capacidad de veto sobre los permisos de residencia en Gibraltar y asumirá la expedición de visados de corta duración para quienes entren por su territorio. Además, se crea una unión aduanera específica y se prevé la convergencia fiscal del Peñón con los estándares europeos, junto a un mecanismo de revisión a los cuatro años que permitiría incluso poner fin al acuerdo en caso de incumplimientos graves.
La aprobación de los Estados miembros despeja el camino para evitar controles fronterizos plenos y estabilizar una relación que, desde el Brexit, había quedado en el limbo.