La no clasificación para el Mundial provoca un terremoto en el fútbol italiano: el presidente de la FIGC dimite, Buffon deja su cargo y la carrera por un nuevo comisario técnico se abre entre excelentes rendimientos e hipótesis sensacionales
El fútbol italiano empieza de cero, o casi. El tercer fracaso consecutivo en la clasificación para el Mundial ha provocado un auténtico terremoto institucional, que ha culminado con la dimisión del presidente de la FIGC, Gabriele Gravina, y, de cerca, del jefe de la delegación italiana, Gianluigi Buffon. Una doble salida que marca el fin de un ciclo y el comienzo de una profunda refundación.
La dimisión de Gravina y la votación del 22 de junio
La decisión de Gabriele Gravina maduró al término de una cumbre con todos los componentes federativos, convocada el jueves en la sede de la FIGC en Roma. Según el comunicado oficial, "al comienzo de la reunión, Gravina informó a los máximos representantes (...) de que había dimitido del cargo que se le había confiado en febrero de 2025", formalizando así un inevitable paso atrás tras el fracaso deportivo de la selección nacional.
Al mismo tiempo, se convocó una asamblea electiva extraordinaria para el 22 de junio. Una vez más, la Federación aclara que la elección se hizo "en el pleno respeto del estatuto federativo y para garantizar al nuevo Gobierno la conclusión del procedimiento de inscripción para los próximos campeonatos profesionales", subrayando la necesidad de garantizar la continuidad operativa en la fase de transición.
En su despedida, Gravina quiso destacar el clima de enfrentamiento con los distintos componentes. Un pasaje que acompaña su salida de escena, mientras permanece en segundo plano la polémica ligada a sus recientes declaraciones sobre las diferencias entre el fútbol profesional y el aficionado, que se remontan, como él mismo señaló, a las diferentes normas y reglamentos que rigen ambos ámbitos.
Efecto dominó: Buffon deja la selección nacional
A la crisis institucional se ha sumado el paso atrás de Gianluigi Buffon, figura simbólica y pilar de la historia de la 'Azzurra', cuya decisión llegó con palabras llenas de dolor y sentido de la responsabilidad tras la derrota contra Bosnia.
El excapitán de la selección explicó que había tomado la decisión en caliente: "Dimitir un minuto después del final del partido (...) fue un acto impulsivo, que salió de mi corazón. Espontáneo como las lágrimas y ese dolor en el corazón que sé que comparto con todos vosotros".
A continuación, Buffon vinculó su decisión a la de Gabriele Gravina, subrayando el sentido de la responsabilidad de cara al nuevo curso: "Ahora que el presidente Gravina ha decidido dar un paso atrás, me siento libre de hacer lo que siento (...) porque el objetivo principal era devolver a Italia a la Copa del Mundo. Y no lo hemos conseguido. Es justo dejar a los que vengan después la libertad de elegir".
En su mensaje, el exguardameta campeón del mundo en 2006 reivindicó también el trabajo realizado entre bastidores, en el intento de reconstruir una identidad técnica y humana para la selección: "He intentado interpretar mi papel poniendo en ello toda mi energía (...) para ser un nexo de unión entre las distintas selecciones juveniles, intentando estructurar un proyecto que parta de los más jóvenes y llegue hasta la selección sub-21". Un camino destinado a relanzar el sistema, basado en la meritocracia y las aptitudes, pero interrumpido por el fracaso deportivo.
Buffon deja así su cargo con amargura pero también con orgullo, reafirmando el profundo vínculo con la camiseta 'azzurra': "Representar a la selección es para mí un honor y una pasión que me devora desde que era pequeño (...) Lo llevo todo en el corazón, con gratitud, incluso en el doloroso epílogo". Un cierre que marca el final de otro pilar del fútbol italiano.
El papel de Abodi y el futuro de Gattuso
Detrás de la dimisión de Gabriele Gravina hubo también una fuerte presión política, en particular por parte del ministro de Deportes, Andrea Abodi. En las horas siguientes a la derrota, Abodi había pedido abiertamente un cambio en la cúpula, llegando a pedir su dimisión e incluso ventilando la hipótesis de una comisión. Está claro para todos que el fútbol italiano debe ser refundado y que este proceso debe partir de una renovación de la cúpula directiva de la FIGC", declaró, hablando de una crisis sistémica que debe abordarse "a 360 grados".
En medio de esta tormenta, el seleccionador Gennaro Gattuso también permanece en la cuerda floja. El propio Abodi, incluso en el contexto de una refundación general, quiso defender el trabajo del técnico.
Creo que Gattuso hizo su parte, lo mejor que pudo (...) Le di las gracias a él, al personal y también a los jugadores, que dieron todo lo que tenían", declaró el ministro. Palabras que reconocen el compromiso del ex centrocampista 'azzurro', convocado en una situación complicada y con poco tiempo disponible.
Al mismo tiempo, el ministro dejó claro que las evaluaciones sobre el futuro corresponden al sistema futbolístico en su conjunto: "Después pararemos tranquilamente y entonces será el sistema futbolístico el que deberá evaluar cómo continuar". Un pasaje que deja abiertos todos los escenarios, entre la confirmación, el adiós o la revolución total incluso en el banquillo.
A la caza del nuevo entrenador: hipótesis italiana y sugerencias extranjeras
Mientras la FIGC prepara la renovación de la cúpula directiva, se abre también el expediente más urgente: la elección del nuevo comisario técnico. Entre los candidatos italianos destacan los regresos de Roberto Mancini, ya campeón de Europa en 2021, y Antonio Conte, un perfil de fuerte carisma e identidad. Massimiliano Allegri y Simone Inzaghi también permanecen en un segundo plano.
Pero la crisis podría abrir escenarios inéditos. Por primera vez, la hipótesis de un entrenador extranjero toma cuerpo: el presidente del Senado Ignazio La Russa ha evocado el nombre de José Mourinho, sugerencia flanqueada por 'outsiders' de lujo como Pep Guardiola y Jürgen Klopp. Carlo Ancelotti y Claudio Ranieri también están más desdibujados, pero son posibles.
Fracaso en el Mundial y fin de una era
La salida de escena de Gabriele Gravina cierra una parábola que comenzó el 22 de octubre de 2018, cuando fue elegido presidente de la FIGC con el 97,2% de los votos, apenas unos meses después de la suspensión de pagos tras la dimisión de Carlo Tavecchio y el fracaso en la clasificación para el Mundial de Rusia. Un mandato que nace con el objetivo de reconstruir el fútbol italiano tras una de las páginas más negras de su historia reciente.
El punto más alto sigue siendo el 11 de julio de 2021, cuando Italia, dirigida por Roberto Mancini, se proclamó campeona de Europa en Wembley al derrotar a Inglaterra. Es la cúspide de la llamada 'era Gravina', construida también sobre la resistencia del sistema durante la pandemia -con la conclusión del campeonato 2019/20 en plena emergencia Covid- y sobre un refuerzo político que culminó con la entrada en el comité ejecutivo de la Uefa en abril de 2021 y la posterior vicepresidencia a cargo de Aleksander Čeferin.
Pero ese triunfo resultó ser un pico aislado. El 24 de marzo de 2022 llegó el primer golpe: la eliminación ante Macedonia del Norte que le costó a Italia su segundo Mundial consecutivo, tras la repesca perdida ante Suecia cinco años antes.
A pesar de ello, Gravina se mantiene firme en el cargo, siendo reelegido el 3 de febrero de 2025 con el 98,68% de los votos. Mientras tanto, se producen cambios en el banquillo y tensiones internas, signos de un sistema inestable.
El colapso final llega con la tercera no clasificación consecutiva, que se produjo tras la derrota en la tanda de penaltis contra Bosnia: un fracaso histórico que marca el fin de un ciclo.
Los resultados políticos -desde la reforma de la gobernanza federal hasta laasignación de la Eurocopa de 2032 a Italia junto con Turquía- no bastan para resistir el impacto de una crisis deportiva que se ha convertido en estructural. Tras años de resistencia y consenso, incluso Gravina se ve obligado a dar un paso al costado, cerrando una era que comenzó para revivir el fútbol italiano y terminó entre escombros e interrogantes sobre el futuro.