El patriarca latino ha oficiado sin público en medio de limitaciones a las reuniones y el cierre de lugares sagrados por la guerra en la región. Se ha impedido las reuniones de más de 50 personas.
El patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, presidió las oraciones del Jueves Santo en la iglesia del Santo Sepulcro sin presencia de fieles, en un contexto marcado por las restricciones a las reuniones públicas en la ciudad.
La celebración se llevó a cabo a puerta cerrada debido a las limitaciones impuestas por las autoridades israelíes, que prohíben las concentraciones de más de 50 personas, incluidas las de carácter religioso. Además, los principales lugares sagrados de Jerusalén permanecen cerrados en el marco de la guerra en curso con Irán.
Durante la ceremonia, el patriarca se refirió a la situación que atraviesa la ciudad y al cierre del templo, uno de los más importantes para el cristianismo. "Hay una tensión que no podemos ignorar: fuera, las puertas del Santo Sepulcro están cerradas. La guerra ha convertido este lugar en un refugio, un interior aislado de un exterior agobiado por la tensión", afirmó.
El cardenal añadió que la celebración se desarrollaba en un entorno de recogimiento en contraste con la situación exterior: "Estamos aquí como en un seno de paz, mientras el mundo que nos rodea se desmorona, y ojalá pudiéramos cambiar todo esto".
A principios de mes, restos de metralla procedentes de la interceptación de un misil iraní impactaron en un tejado situado a pocos metros de la iglesia, en uno de los episodios recientes de la escalada en la zona.
La Iglesia ha informado de que el resto de los actos de la Semana Santa se celebrarán también con aforo limitado y con la presencia reducida a clérigos y personal autorizado.