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Redes fantasma: la amenaza invisible que contamina el Mediterráneo y el Atlántico

Artes de pesca fantasma: la amenaza oculta en el fondo de nuestros mares y océanos
Artes de pesca fantasma: la amenaza oculta en el fondo de nuestros mares y océanos Derechos de autor  Euronews/Bruno Figueiredo
Derechos de autor Euronews/Bruno Figueiredo
Por Joana Mourão Carvalho & Euronews
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El proyecto NETTAG+, financiado por la Unión Europea, desarrolla soluciones para combatir las redes fantasma y reducir su impacto en los océanos, con la colaboración directa de pescadores.

La contaminación marina está alcanzando niveles alarmantes tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico. Sin embargo, los científicos advierten de que la mayor amenaza no es lo que vemos en la superficie.

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En el fondo del mar se acumulan innumerables residuos, pero uno de los más peligrosos son los llamados aparejos de pesca fantasma: redes, sedales y trampas abandonados o perdidos que continúan atrapando vida marina durante años.

Al seguir capturando peces y otras especies, estos equipos están convirtiendo partes del océano en auténticos cementerios, con riesgos no solo para los ecosistemas, sino también para los propios pescadores. "Las redes de pesca pueden suponer un problema de seguridad para los barcos", explica a 'Euronews' Juan Pablo Pérez, pescador de la zona de Póvoa de Varzim, en Oporto.

Para hacer frente a este problema, ha surgido una iniciativa europea que busca soluciones innovadoras. El proyecto NETTAG+, que reúne a científicos, ingenieros y pescadores, pretende prevenir la pérdida de estos equipos y facilitar su recuperación, reduciendo así su impacto ambiental.

Una de las líneas de trabajo es tecnológica. El proyecto ha desarrollado etiquetas acústicas con identificadores únicos que se colocan en las redes de pesca, lo que permite localizarlas mediante una aplicación móvil incluso a más de dos kilómetros de distancia.

"Se trata de un sistema de localización acústica con pequeños dispositivos que se adhieren a una red o a un arte de pesca. Si el equipo queda en el fondo marino, podemos, desde la superficie y mediante comunicación sonora, localizarlo y recuperarlo", explica Alfredo Martins, investigador del Instituto de Ingeniería de Sistemas y Computación, Tecnología y Ciencia (INESC TEC) y profesor del Instituto Superior de Ingeniería de Oporto.

Para los equipos ya perdidos, el proyecto utiliza también un sistema robótico llamado IRIS, equipado con sonar, que permite localizar y cartografiar los aparejos en el fondo marino, incluso a grandes profundidades. Esto facilita operaciones de recuperación más seguras y eficaces.

"Básicamente, el robot es un vehículo al que podemos enviar a una zona concreta y asignarle tareas complejas", añade Martins.

Los pescadores, parte de la solución

Los pescadores desempeñan un papel clave en el proyecto, tanto en la prevención como en el desarrollo de soluciones. "No solo participan recogiendo residuos y contribuyendo a mantener el océano limpio, sino que también colaboran en el diseño de las soluciones tecnológicas", señala Martins.

El equipo de NETTAG+ está probando estas herramientas en condiciones reales junto a pescadores, utilizando distintos tipos de artes de pesca. "Los pescadores quieren implicarse activamente porque son los primeros afectados por este problema", explica Sandra Ramos, investigadora del Centro Interdisciplinario de Investigaciones Marinas y Ambientales (CIIMAR).

"No son solo partes interesadas, son socios del proyecto. Su participación desde el inicio ha sido clave, incluso en el desarrollo de las soluciones más tecnológicas". Además de los avances técnicos, el proyecto ha elaborado recomendaciones políticas y de gobernanza aplicables tanto a la pesca industrial como a pequeña escala.

Estas soluciones ya se han probado en Póvoa de Varzim, en el norte de Portugal, pero el objetivo es ampliarlas a nivel europeo. "Estamos trasladando estas recomendaciones a instituciones tanto europeas como nacionales para mejorar la gestión del problema", explica Martins.

El proyecto también evalúa el impacto ambiental de los aparejos abandonados como fuente de microplásticos, sustancias químicas peligrosas y patógenos. Los investigadores confían en que, con mejores tecnologías, mayor cooperación y prácticas más sostenibles, sea posible reducir de forma significativa el impacto de las artes de pesca fantasma en los océanos.

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