Los bancos centrales de Estados Unidos y Europa analizan los riesgos de inflación antes de decisiones clave, con la energía y el auge inversor de la IA marcando el panorama.
Los banqueros centrales de Estados Unidos decidirán dentro de cuatro semanas si suben los tipos de interés, afirmó el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, durante un debate en el foro del Banco Central Europeo en Sintra, Portugal.
"Cuando entremos en esa sala y cerremos la puerta vamos a tener un buen debate", señaló Warsh, sin dar a la audiencia pistas sobre hacia dónde se inclinará la discusión.
Con una inflación en Europa impulsada por las consecuencias de la guerra en Oriente Medio, el Banco Central Europeo (BCE) subió los tipos de interés el 11 de junio.
Aunque Estados Unidos e Irán han alcanzado un acuerdo marco preliminar de paz y los precios de la energía están bajando tras el encarecimiento provocado por el conflicto, los modelos del BCE indican que no se espera que la inflación europea descienda hasta el objetivo del 2 % antes de 2027.
Estados Unidos tiene el mismo objetivo de mantener la inflación por debajo del 2 % a largo plazo, pero hasta ahora la Reserva Federal ha mantenido los tipos sin cambios.
La energía es más cara en Europa que en Estados Unidos, pero las consecuencias de la guerra también se han dejado sentir allí, con un repunte de los precios energéticos y de la inflación.
Los mercados globales se han visto algo tranquilizados por las negociaciones en curso entre Estados Unidos e Irán, el barril de Brent cotizaba ligeramente por encima de 72 dólares la mañana del miércoles, después de haber llegado a 120 dólares en el punto álgido de la guerra.
Pero Warsh señaló que los precios de la energía no son los únicos motores de la inflación, con el "boom de la inteligencia artificial" ganando peso.
"El 'shock' de la inteligencia artificial está dando lugar a un auge de la inversión en capital", explicó Warsh en Sintra, y añadió que corresponde a los banqueros centrales decidir si es inflacionista o no.
"Ahora mismo las empresas están invirtiendo pensando en el futuro porque esperan que la oferta de la economía se amplíe y, si eso ocurre, tendrá enormes implicaciones para la política monetaria", apuntó Warsh.