Christine Lagarde afirma que el BCE ha vuelto a lo esencial, pero debe adaptarse a una economía mundial más volátil.
Christine Lagarde aprovechó la inauguración del foro anual del Banco Central Europeo en Sintra este lunes para anunciar el fin de una era en la política monetaria.
Tras más de una década dominada por las compras de bonos, los préstamos de emergencia y la forward guidance, señaló que el BCE puede volver a apoyarse en los tipos de interés como principal herramienta para mantener la inflación bajo control.
Pero eso no significa que la tarea sea más sencilla.
"La política monetaria ha vuelto a lo básico", afirmó Lagarde, y añadió que volver a las herramientas convencionales "no significa regresar a ese pasado idealizado".
Qué significa esa "vuelta a lo básico"
Durante la mayor parte de los últimos 13 años, el BCE recurrió a instrumentos que ningún banquero central consideraría normales.
Compró deuda pública a gran escala, concedió préstamos baratos y a varios años a los bancos, creó instrumentos para evitar la fragmentación de la zona euro y se apoyó intensamente en la 'forward guidance', la práctica de comunicar por adelantado a los mercados qué pensaba hacer.
Cuando la inflación se disparó tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, también emprendió el ciclo de endurecimiento más rápido de su historia, subiendo los tipos en tramos de 75 puntos básicos.
El mensaje de Lagarde fue que esas medidas extraordinarias pertenecen ya a otro capítulo.
Por qué el BCE considera que Europa es ahora más fuerte
Lagarde apuntó que este giro refleja no solo un entorno de inflación distinto, sino también un área del euro más resistente.
En la última década, Europa ha reforzado la supervisión bancaria, ha introducido nuevas normas de resolución para las entidades en dificultades y ha creado instrumentos fiscales comunes como el Mecanismo Europeo de Estabilidad y NextGenerationEU.
También destacó que las expectativas de inflación siguen ancladas en torno al objetivo del 2% del BCE y que la transición energética está reduciendo gradualmente la exposición de Europa a los sobresaltos en los precios de los combustibles fósiles.
Países como Portugal, España y Francia generan cada vez más electricidad al margen de los precios del gas natural, lo que hace que la economía sea más resistente que en crisis energéticas anteriores.
Esa resiliencia, sostuvo, ha permitido al BCE volver a centrarse en su objetivo esencial, la estabilidad de precios.
"Al hacer a la economía más resistente a las perturbaciones, este marco ha reducido la necesidad de respuestas de política monetaria poco convencionales o muy contundentes", afirmó Lagarde.
Un mundo más imprevisible
Si bien la caja de herramientas del BCE se ha simplificado, Lagarde sugirió que el mundo que lo rodea se ha vuelto todo lo contrario.
Los choques actuales tienden a originarse en el lado de la oferta, empujan los precios al alza en lugar de debilitar la demanda.
A diferencia de crisis pasadas, estos episodios pueden intensificarse con rapidez y deshacerse igual de deprisa, lo que dificulta evaluar si las presiones inflacionistas serán temporales o persistentes.
Puso como ejemplo los aranceles impuestos por Estados Unidos el año pasado.
Muchos modelos económicos preveían que el euro se debilitaría frente al dólar, pero ocurrió lo contrario, porque los inversores revisaron el papel de los activos estadounidenses en el sistema financiero global.
Al mismo tiempo, los Gobiernos europeos respondieron con un aumento del gasto en defensa, lo que compensó parte del lastre económico derivado de un comercio más débil.
El conflicto en Oriente Medio ofreció otro ejemplo. El precio del petróleo subió en marzo hasta rozar los 120 dólares por barril antes de retroceder a unos 72 dólares tras el acuerdo de paz provisional de la semana pasada, un recordatorio de lo rápido que puede cambiar el panorama de la inflación.
Por qué insiste en que la subida de junio no fue un "seguro"
Lagarde rechazó además la idea de que la decisión del BCE de subir los tipos de interés en junio fuera simplemente una subida 'por si acaso'.
Aseguró que los responsables de política monetaria subieron los tipos porque los datos apuntaban a un problema real de inflación, con una inflación general y subyacente que se preveía más intensa de lo estimado anteriormente.
Las proyecciones del BCE situaban el retorno de la inflación al objetivo del 2% a finales de 2027 y solo si la política monetaria se endurecía aún más.
Dejar los tipos sin cambios, sostuvo, habría mantenido la inflación por encima del objetivo durante todo 2027 y 2028.
Sin más promesas sobre los tipos de interés
También dejó claro que el banco no va a anticipar a los mercados cuál será el próximo paso. "La 'forward guidance' no está sobre la mesa", dijo, ni tampoco la certeza sobre la senda futura.
En su lugar, introdujo lo que denomina 'framework guidance', es decir, aclarar no qué hará el banco, sino cómo tomará sus decisiones.
La función de reacción del BCE se apoya en tres elementos, las perspectivas de inflación, la dinámica subyacente de los precios y la intensidad con la que la política monetaria se transmite a la economía.
Como los mercados conocen ahora esa función, sugirió, las condiciones financieras empiezan a ajustarse a los nuevos datos incluso antes de que se reúna el Consejo de Gobierno.
Los tipos se endurecieron ya en marzo, a medida que se trasladaba el shock energético, muy por delante de la decisión de junio.
"Los mercados hicieron el trabajo por nosotros", afirmó.
Qué implica para los tipos de interés
El mensaje de fondo desde Sintra fue que el BCE ya no quiere que los inversores se dediquen a adivinar su próximo movimiento.
Quiere que entiendan cómo reaccionarán los responsables de política monetaria ante los nuevos datos en un mundo en el que la certeza se ha vuelto un bien escaso.
Por ahora, con la subida de junio presentada como una decisión firme y no preventiva, el listón para el próximo movimiento es sencillo, dejar que sean los datos los que decidan.
La gran incógnita es si un mundo tan volátil ofrecerá al BCE las lecturas estables que necesita para mantener las cosas en lo esencial.