"Por la mañana café, por la tarde, gol". La Albiceleste busca defender su corona, coser la cuarta estrella y hacer que España baile al ritmo del tango de Messi. La Roja, por su parte, quiere repetir la historia de Sudáfrica y mover a los de Scaloni al ritmo de las sevillanas de Rodri.
La pista de baile ya está preparada. Argentina y España se han citado para intentar hacer danzar a su rival al ritmo que marque el otro este domingo 19 de julio a las 17:00 (hora local), las 21:00 (Madrid) y 16:00 (Buenos Aires). Messi contra Rodri, milanesa contra paella, tango contra flamenco.
Es la primera vez en la historia que el vigente campeón de América (y del Mundo), se enfrenta al vigente campeón de Europa y desde 1930 no se enfrentan en la final dos países hispanoparlantes, Uruguay - Argentina.
El domingo comparten pista el país andino y el país ibérico por la corona mundial. Un equipo que se mueve al compás de la improvisación y el desborde; otro que prefiere marcar el paso, contar los tiempos y no salirse nunca del compás.
'Nueva Yol'
Ambas selecciones sabían que, para divertirse, como dice Bad Bunny, con encanto y con primor, hay que ir a Nueva York. España llegó a la final con un tempo medido, casi de academia de baile: 2-0 a Francia, penalti de Oyarzabal y remate de Porro nada más arrancar el segundo acto, sin un paso en falso.
Argentina, en cambio, se metió en una milonga de las que se bailan al borde del abismo. Iba perdiendo contra Inglaterra hasta el minuto 85, empató con Enzo Fernández y remontó en el descuento con Lautaro Martínez, tras un pase de Messi que fue puro floreo. El tango argentino, una vez más, se salvó en el último giro.
Los números confirman que cada uno baila lo suyo. Argentina llega como el ataque más goleador del torneo, 19 tantos, puro arrebato y quiebre de cintura. España, como la defensa menos batida, un solo gol encajado, la disciplina de quien nunca pierde el compás.
Si gana Argentina, sería la primera selección en repetir título desde la Brasil de los años 50, y Messi bailaría su tercera final mundialista, algo que antes solo había logrado el jugador brasileño Cafú. Si gana España, se colgaría su segunda estrella 16 años después de Sudáfrica, esta vez sin el vértigo de 2010 y con Rodri llevando el ritmo desde el medio campo. Y es que ambos equipos nos han enseñado a querer y bailar.
'Baile inolvidable'
Luis de la Fuente no parece dispuesto a cambiar los pasos que le trajeron hasta aquí: Unai Simón en la portería; Porro, Cubarsí, Laporte y Cucurella marcando la línea de atrás; Rodri y Fabián Ruiz sosteniendo el compás en el centro; y arriba, Dani Olmo, Álex Baena y Lamine Yamal danzando alrededor de Oyarzabal.
El problema es que la bailarina más joven del equipo llega con una duda física. Yamal se perdió el último entrenamiento con un vendaje en el muslo izquierdo, tras un golpe recibido en la semifinal ante Francia. Por ahora nada grave, más precaución que otra cosa, pero la imagen bastó para poner nerviosa a toda la concentración española a tres días del baile más importante de su carrera.
Scaloni, del otro lado, tiene su cuadrilla casi decidida: Dibu Martínez bajo palos; Molina (o Montiel), Romero, Lisandro Martínez y Tagliafico atrás; De Paul, Paredes, Enzo Fernández y Mac Allister en el medio; y arriba, la pareja de baile que lleva años entendiéndose sin mirarse: Messi y Julián Álvarez.
El Mundial 2026 acaba con un enfrentamiento entre una fuerza imparable contra un objeto inamovible. Estas citas futbolísticas son una fiesta que un día termina y, para muchos, ha sido un baile inolvidable.
El árbitro, el 'turista de lujo'
Si hay alguien capaz de cambiarle el ritmo a esta final, es el esloveno Slavko Vincic, el árbitro designado por la FIFA para dirigir el partido.
A sus 46 años y con más de 16 temporadas en la élite europea, llega con un currículum de los que imponen: dirigió la final de la Champions League 2024 entre Real Madrid y Borussia Dortmund, y la final de la Europa League 2022 entre Eintracht Frankfurt y Rangers.
En este Mundial ya ha pitado tres partidos, entre ellos el México-Ecuador, la actuación que terminó de convencer a la FIFA para confiarle la gran final. Para los argentinos, su nombre no es precisamente una buena noticia por nostalgia. Fue el árbitro de aquel Argentina 1-2 Arabia Saudí que abrió Qatar 2022 con la mayor sorpresa del torneo, un partido en el que el VAR le anuló un gol a Messi y dos a Lautaro Martínez.
Para los españoles, el recuerdo más fresco es otro: la expulsión de Camavinga, del Real Madrid, en los cuartos de Champions ante el Bayern, una decisión, que para muchos, no fue una foto bonita.
Le acompañarán sus compatriotas Tomaz Klancnik y Andrz Kovacic como asistentes, con el jordano Adham Makhadmeh como cuarto árbitro. Si algo se tuerce, será Vincic quien decida si la fiesta sigue sonando o si se corta la música. Y más de uno entonará que debió haber tirado más fotos de cuando tuvimos el Mundial.