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El español se apodera de la Super Bowl: Bad Bunny, la crisis de identidad y las redadas del ICE

Bad Bunny se presenta durante su primer show de su residencia de conciertos de 30 fechas en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot, el 11 de julio de 2025.
Bad Bunny se presenta durante su primer show de su residencia de conciertos de 30 fechas en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot, el 11 de julio de 2025. Derechos de autor  Invision
Derechos de autor Invision
Por Cristian Caraballo
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El anuncio de Bad Bunny sobre una actuación íntegramente en español en la Super Bowl 2026 coincide con un aumento de las operaciones del ICE y el resurgimiento de los debates sobre la soberanía de Puerto Rico y su posible reintegración a la Corona española.

El próximo 8 de febrero de 2026, el Levi’s Stadium en Santa Clara, California, no solo va a ser el escenario de la final de la NFL. Ese día, se va a transformar en el centro de una de las declaraciones culturales más grandes de la década. Bad Bunny, el artista puertorriqueño que ha cambiado las reglas del juego en la música global haciendo historia incluso en los Grammy al alzarse con el premio al álbum del año en los Grammy 2026 con un disco en español.

El boricua ya confirmó que su show de medio tiempo será completamente en español. Y eso no es poca cosa. Nunca antes había pasado algo así en la historia del Super Bowl. No es solo un acto artístico. Es un momento clave, en medio de una época llena de tensión política y demográfica. Ahora mismo, el español se ha vuelto un símbolo de identidad, casi un acto de resistencia. Es la lengua que la población usa para desafiar las políticas de control fronterizo y exigir soluciones al estatus de Puerto Rico.

El español: una lengua de poder en territorio estadounidense

El español en Estados Unidos ya no es un tema marginal. Con más de 65 millones de hispanos, el país es ahora el segundo con más hablantes de español en el mundo, solo después de México. El idioma está en todas partes: en la publicidad de grandes marcas, en escuelas bilingües, en lo que la gente ve y escucha en 'streaming'.

La Super Bowl es el evento de televisión más visto en el país, uno de los grandes momentos culturales a nivel mundial. Sí, ya han subido artistas latinos a ese escenario como Shakira o Jennifer López, pero lo realmente nuevo es ver a alguien decidir cantar solo en español, en un evento que siempre se ha identificado con la cultura estadounidense y donde el inglés ha sido la norma. Donald Trump ya ha anunciado que no acudirá al partido.

Una persona se pone un tatuaje temporal durante uno de los conciertos de artista.
Una persona se pone un tatuaje temporal durante uno de los conciertos de artista. AP Photo

Claro que el español tome ese espacio también genera rechazo en quienes defienden el 'English Only' como si fuera la columna vertebral del país. Para unos, esto es la validación que llevaban décadas esperando. Para otros, es una amenaza, una señal de que el país 'pierde' su identidad lingüística. Pero la figura de Bad Bunny va más allá de la música. Su voz representa a millones de personas que llevan años trabajando y aportando cultura, aunque muchas veces se les mire como si no fueran parte real de la nación.

La contradicción de la visibilidad: música frente a redadas

La música conecta. Es una manera en que las personas expresan lo que sienten, lo que piensan, lo que les duele o ilusiona. Muchos artistas usan la música para protestar, para decir lo que otros callan. Pero también es cierto que, en algunos momentos, la música se topa de frente con la dura realidad: redadas y operativos policiales que pueden acabar con la libertad de expresión y el trabajo de los músicos.

La expectativa en torno a su actuación convive con una realidad marcada por el miedo, la separación de familias y la criminalización de personas indocumentadas, muchas de ellas parte del mismo público que celebra la visibilidad latina en escenarios globales. En ese contraste, la presencia de Bad Bunny en uno de los espacios mediáticos más influyentes del mundo adquiere una carga simbólica particular: mientras la cultura latina es exaltada y consumida masivamente, las políticas migratorias siguen poniendo en riesgo a quienes la sostienen día a día.

El país que idolatra a un artista que canta en español, que lo convierte en su superestrella pop, es el mismo donde las autoridades han endurecido los controles migratorios. En el último año, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas realizó más operaciones que nunca, golpeando sobre todo a comunidades latinas en estados clave. Organizaciones han denunciado redadas en fábricas, almacenes y barrios enteros. El miedo se extiende, incluso, entre ciudadanos legales y familias con estatus migratorio mixto. Todo esto evidencia un problema profundo.

Aunque millones ven partidos y programas en español, todavía hay mucha desconfianza hacia el idioma fuera de la televisión, por ejemplo, en entrevistas de trabajo o en controles policiales. Para muchos, el hecho de que Bad Bunny no traduzca sus canciones es una forma de protestar, de dejar claro su desacuerdo con el trato a los migrantes.

Mientras los gobiernos endurecen las leyes y cierran fronteras, la música caribeña sigue escuchándose en cada rincón de Estados Unidos. En la política, la tendencia es dividir. La música hace justo lo contrario: une. Ahí donde los políticos ponen muros, la música caribeña construye puentes.

Un agente federal sostiene una pancarta en la que se lee "Fuera ICE ya"
Un agente federal sostiene una pancarta en la que se lee "Fuera ICE ya" AP Photo

El limbo jurídico y político de Puerto Rico

Bad Bunny siempre lleva a Puerto Rico en el corazón. La isla lleva décadas como Estado Libre Asociado, y eso la deja en una especie de limbo. Los puertorriqueños nacen siendo ciudadanos estadounidenses, tienen pasaporte americano y cumplen con las leyes federales, incluso pueden terminar en el Ejército.

Pero, aunque suene increíble, no pueden votar en las elecciones presidenciales y sus representantes en el Congreso ni siquiera tienen derecho a voto. Puerto Rico está ahí, obligado a cumplir, pero sin poder decidir. Es una contradicción que pesa mucho.

La realidad en la isla es complicada, y no parece que mejore pronto. Puerto Rico no puede tomar las decisiones más importantes sobre su futuro. Esto solo empeora los problemas económicos y la infraestructura, que ya estaban bastante mal. Después de cada huracán o terremoto, queda claro lo vulnerable que es la isla.

La gente está cansada, se siente usada. Esa contradicción alimenta la rabia y el discurso de artistas como Benito, que usan su fama para recordar que, en muchos sentidos, Puerto Rico sigue siendo una colonia, aunque ondee la bandera de Estados Unidos.

La alternativa histórica: el movimiento de reunificación con España

En los últimos años, ha surgido una idea que a algunos les suena descabellada y a otros les parece lógica: ¿Y si Puerto Rico volviera a ser parte de España? Es lo que propone el Movimiento de Reunificación con España. Argumenta que, en 1898, cuando Estados Unidos se quedó con la isla tras la guerra con España, ignoraron la voluntad de los puertorriqueños.

España, de hecho, ya les había dado cierta autonomía en 1897. Este movimiento quiere que Puerto Rico regrese como una comunidad autónoma, igual que las que ya existen en España. Sus argumentos aparecen cada vez más en foros internacionales. Defienden que la conexión cultural y lingüística con España ayudaría a proteger el español y evitar que se diluya con la influencia estadounidense.

Además, si Puerto Rico fuera español, sus ciudadanos ganarían los derechos de cualquier europeo: movilidad, servicios y derechos laborales que ahora mismo ni sueñan bajo el sistema americano. Quienes apoyan este plan ven una oportunidad de corregir errores históricos y dar a Puerto Rico la representación política completa que merece, sin sacrificar su identidad hispana.

Claro, hay quienes lo ven como una idea nostálgica y poco realista, algo imposible de llevar a la práctica. Pero, de una forma u otra, el movimiento logró que este asunto llegara a la agenda de descolonización de la ONU. Ellos insisten: Puerto Rico siempre ha sido parte de la familia hispana, tanto legal como espiritualmente.

Un escenario que concentra todas las tensiones

Ahora, el espectáculo del medio tiempo tiene otro peso. Cuando Bad Bunny suba al escenario en el Levi’s Stadium, mucha gente verá más que un show. Verán un símbolo de esa crisis de identidad puertorriqueña, una herida que sigue abierta. La Super Bowl 2026 será el escenario donde se cruzan grandes temas: el auge de la cultura hispana, el debate sobre inmigración, la situación política de Puerto Rico.

Para muchos, ese momento será una pausa para pensar en temas de representación y pertenencia que casi nunca se discuten abiertamente. Y el simple gesto de cantar en español, frente a millones de personas, no es solo una celebración del éxito de un artista. Es una declaración: la lengua es un territorio que no puede ser deportado ni callado, sin importar fronteras ni leyes.

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