El portal 'Axios' recoge unas declaraciones privadas de Trump, que asegura que quiere lograr "algo mucho más grande" en Oriente Medio cuando termine la guerra con Irán.
La Administración del presidente estadounidense Donald Trump trabaja en la elaboración de una amplia estrategia para la etapa posterior a la guerra con Irán, con la que busca redefinir los equilibrios de poder en Oriente Medio mediante un mayor cerco a Teherán y la ampliación de la vía de normalización entre Israel y los países de la región, según informó 'Axios', citando a responsables estadounidenses y a fuentes conocedoras del expediente.
El portal 'Axios' indicó que el plan aún se encuentra en sus primeras fases, pero aspira a perfilar la política estadounidense hacia Oriente Medio durante el periodo restante del mandato de Trump, una vez concluida la guerra con Irán.
Según estas fuentes, la estrategia se está desarrollando en dos planos paralelos, el primero lo encabezan figuras destacadas de la Administración estadounidense, mientras equipos especializados de varios organismos gubernamentales se encargan de estudiar los detalles y formular propuestas.
Las fuentes señalaron que Trump ha celebrado en las últimas semanas al menos dos reuniones con asesores de alto nivel para debatir los lineamientos del plan e intercambiar ideas al respecto. 'Axios' cita a Trump, en declaraciones privadas, diciendo que quiere lograr "algo mucho más grande" en Oriente Medio en cuanto termine la guerra con Irán.
Tres ejes principales
La estrategia, según 'Axios', se articula en tres ejes principales, contener a Irán, ampliar los acuerdos de normalización y gestionar las consecuencias de la guerra de Gaza.
El primer eje consiste en reforzar la coordinación entre los aliados de Washington en la región con el objetivo de conformar un frente más cohesionado para contener a Irán, ofreciendo a estos países garantías de seguridad estadounidenses.
Esta orientación no supone un giro en la política estadounidense, ya que las sucesivas administraciones desde la revolución iraní de 1979 han tratado de limitar la influencia regional de Teherán mediante el refuerzo de las relaciones y las alianzas con los países del Golfo, Egipto y Jordania.
La propuesta actual, sin embargo, pretende canalizar esos esfuerzos en un marco más estructurado que incluya una coordinación defensiva y de seguridad más estrecha entre los aliados, en un contexto en el que Washington considera que el equilibrio de fuerzas regional ha cambiado tras la guerra y los ataques israelíes y estadounidenses contra las capacidades iraníes.
El segundo eje pasa por impulsar un acuerdo de normalización entre Arabia Saudí e Israel, un objetivo que Washington persigue desde hace años pero que se ha visto obstaculizado por la postura de Riad, que ha supeditado cualquier paso en esa dirección a avances tangibles hacia una solución de la cuestión palestina y la creación de un Estado palestino.
Estos esfuerzos se apoyan en los Acuerdos de Abraham, firmados en 2020 bajo el primer mandato de Trump, que incluyeron la normalización de relaciones entre Israel, por un lado, y Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán, por otro.
Desde entonces, Washington ha tratado de ampliar el número de países que se adhieren a estos acuerdos, que considera una herramienta para reconfigurar las relaciones y las alianzas en Oriente Medio y reducir la influencia de Irán y sus aliados en la región.
El tercer eje se centra en abordar las repercusiones regionales del ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 y de la posterior guerra en Gaza, a través de tres vías principales.
La primera consiste en pasar a la siguiente fase del plan de Trump para Gaza, que incluye, según informes previos, arreglos para la reconstrucción de la franja, el desarme de Hamás y la creación de una administración transitoria, cuestiones que siguen generando desacuerdos entre las partes implicadas.
La segunda vía busca alcanzar un acuerdo de seguridad entre Israel y Siria, a la luz de los cambios políticos registrados en Siria tras la caída del régimen de Bashar al Asad a finales de 2024 y de los intentos de las nuevas autoridades por redefinir sus relaciones regionales e internacionales, incluidas las disposiciones de seguridad en la frontera con los Altos del Golán ocupados.
La tercera se refiere a la activación de los acuerdos vigentes entre Israel y Líbano con el fin de limitar las capacidades militares de Hezbolá. Esta iniciativa se enmarca en los esfuerzos ligados al acuerdo de alto el fuego alcanzado entre Israel y el movimiento a finales de 2024, que preveía la retirada de los combatientes de Hezbolá al norte del río Litani y el despliegue del Ejército libanés en el sur del país.
Desde la entrada en vigor del acuerdo, ambas partes se acusan mutuamente de vulnerarlo, Israel denuncia que Hezbolá intenta reconstruir su capacidad militar, mientras que Líbano y otros actores acusan a Israel de seguir llevando a cabo ataques aéreos dentro del territorio libanés.
El plan aún no está maduro
Pese a la amplitud de los objetivos planteados, la estrategia sigue en fase de elaboración, una fuente conocedora del expediente declaró a 'Axios' que el plan "aún no ha madurado" y estimó que la Administración estadounidense necesitará varias semanas más para darle una forma más completa.
La misma fuente explicó que el objetivo es "vincular muchos de los expedientes de la región" y estudiar cómo crear un nuevo alineamiento regional tras la guerra.
No obstante, el éxito de este enfoque dependerá en gran medida de la posición de los aliados regionales de Washington, en un contexto de reservas en países como Arabia Saudí, Qatar o Egipto ante cualquier arquitectura regional que no sitúe la cuestión palestina en el centro.