España aspira a convertirse en referente europeo del hidrógeno verde gracias a su potencial renovable. ¿Qué es, para qué sirve y qué retos debe superar esta nueva industria?
Durante décadas, España ha dependido del petróleo y el gas que llegan del exterior. Pero lo que antes era una desventaja energética podría convertirse ahora en una oportunidad. Sol, viento y espacio para producir electricidad renovable a gran escala sitúan a España en una posición privilegiada para una industria todavía incipiente: la del hidrógeno verde.
"España siempre ha tenido la desventaja de no contar con petróleo o gas", explica a 'Euronews' Maarten Wetselaar, consejero delegado de Moeve. "Pero ahora es el momento de España porque tiene abundante energía solar, muy buena energía eólica y espacio para construir grandes parques renovables".
La antigua Cepsa quiere aprovechar esa combinación. La compañía acaba de iniciar en Palos de la Frontera, Huelva, la construcción de Onuba, la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde: más de 1.000 millones de euros de inversión para un proyecto que arrancará con 300 megavatios (MW) de capacidad de electrólisis.
La apuesta va mucho más allá de una sola planta. España quiere utilizar sus recursos renovables para desarrollar una nueva industria, reducir su dependencia energética y, a largo plazo, convertirse en suministrador de energía para otros países europeos.
Pero ¿qué es realmente el hidrógeno verde? ¿Por qué España cree que puede producirlo de forma competitiva? ¿Y qué obstáculos quedan por superar antes de que esa ambición se convierta en realidad?
¿Qué es el hidrógeno verde?
Aunque se habla de él como una de las energías del futuro, el hidrógeno no es una fuente primaria de energía como el sol o el viento. Es un vector energético: hay que utilizar energía para producirlo.
El hidrógeno lleva décadas utilizándose en refinerías, en la industria química y para fabricar productos como fertilizantes. El problema es que actualmente gran parte se obtiene a partir de combustibles fósiles. El llamado hidrógeno gris se produce principalmente utilizando gas natural, un proceso que genera emisiones de CO2.
El hidrógeno verde cambia la forma de obtenerlo. Mediante un proceso denominado electrólisis, una corriente eléctrica separa las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno. Si la electricidad empleada procede de fuentes renovables, como la solar o la eólica, hablamos de hidrógeno renovable o verde.
Y ahí aparece la primera ventaja española. Producirlo requiere enormes cantidades de electricidad. Según Wetselaar, esta representa aproximadamente el 70% del coste del hidrógeno verde. "Si vas al lugar de Europa donde (la electricidad renovable) es más barata, que es la Península Ibérica, entonces tu hidrógeno verde será muy, muy competitivo", asegura el CEO de Moeve.
"España es una enorme fuente de energía renovable y, por tanto, puede ser y será el principal productor de hidrógeno verde de Europa", añade. Es una previsión ambiciosa de la compañía y todavía existen importantes obstáculos para que se materialice. Pero ayuda a explicar por qué empresas y administraciones están concentrando inversiones multimillonarias en esta tecnología.
Si tenemos electricidad renovable, ¿para qué necesitamos hidrógeno?
Esta es una de las preguntas fundamentales. Siempre que sea posible utilizar directamente electricidad renovable, hacerlo suele ser más eficiente que emplear esa electricidad para fabricar hidrógeno y utilizar después el hidrógeno como fuente de energía. Por eso, el objetivo no es sustituir indiscriminadamente los combustibles fósiles por hidrógeno.
Su principal potencial se encuentra en sectores difíciles de electrificar directamente. Determinados procesos de la industria pesada, la producción química y algunos segmentos del transporte marítimo y aéreo necesitan alternativas a los combustibles fósiles que una batería no siempre puede proporcionar de manera práctica.
El hidrógeno también puede utilizarse para producir derivados como el amoniaco o combustibles sintéticos.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, defendió durante la presentación del proyecto de Huelva que esta tecnología puede permitir reducir las emisiones de actividades que todavía dependen del petróleo y el gas. Pero situó la apuesta también en términos económicos.
"Esta transformación, por tanto, no consiste solo en protegernos mejor frente a crisis, que también es muy relevante. Consiste también en aprovechar una oportunidad industrial enorme", afirmó.
Huelva, laboratorio de la apuesta española
Esa oportunidad empieza a materializarse en lugares como Palos de la Frontera. Onuba tendrá inicialmente 300 MW de capacidad de electrólisis y podrá ampliarse posteriormente con otros 105 MW. Moeve estima que producirá unas 45.000 toneladas de hidrógeno renovable al año.
La ubicación no es casual. Además de disponer de abundantes recursos renovables, Huelva cuenta con actividad industrial, infraestructuras portuarias y potenciales consumidores de ese hidrógeno relativamente próximos a los lugares donde se producirá.
La ambición de Moeve es llevar posteriormente el conjunto del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde hasta los 2 GW de capacidad, con instalaciones en Huelva y Cádiz. "Conectando Huelva con otras zonas industriales de Europa, ya sea mediante tuberías o soluciones marítimas, podremos ampliar esta planta desde los 300 megavatios que estamos construyendo actualmente hasta los 2 gigavatios y más", explica Wetselaar.
El objetivo, añade, es "crear realmente una nueva industria en España".
La gran incógnita: ¿Puede competir en precio?
Aquí aparece uno de los grandes obstáculos. Producir hidrógeno verde sigue siendo generalmente más caro que obtener hidrógeno convencional a partir de combustibles fósiles, aunque la diferencia depende de factores como el precio del gas, el coste de la electricidad, la fiscalidad sobre las emisiones y las condiciones concretas de cada proyecto.
Wetselaar sostiene que el contexto energético actual está reduciendo esa brecha. "El hidrógeno verde es competitivo con el hidrógeno gris hoy, en parte porque el precio del gas es muy alto", afirma.
Su apuesta es que el aumento de la producción permita reducir los costes de los electrolizadores y de las instalaciones, de forma similar a lo ocurrido anteriormente con tecnologías como la solar y la eólica.
"A medida que el coste de producir hidrógeno verde disminuya al ampliar la escala de la industria, esas líneas se cruzarán y el hidrógeno verde se convertirá no solo en una fuente de energía limpia, sino también muy competitiva para Europa", sostiene.
Pero esa evolución no está garantizada. Para que los costes bajen es necesario construir proyectos a gran escala. Y para que las empresas inviertan miles de millones en esos proyectos necesitan saber que habrá suficientes clientes dispuestos a comprar el hidrógeno que produzcan.
La seguridad y el riesgo de fugas
El salto hacia una producción de hidrógeno renovable a gran escala plantea también cuestiones relacionadas con la seguridad de las instalaciones y, entre ellas, la prevención y detección de posibles fugas. El hidrógeno es un gas altamente inflamable y, debido al pequeño tamaño de sus moléculas, exige especial atención a la estanqueidad de equipos, tuberías y conexiones. En espacios cerrados, además, una fuga puede generar una atmósfera inflamable si alcanza determinadas concentraciones.
Moeve asegura que su estrategia parte precisamente de evitar que esas fugas lleguen a producirse. "Entendemos que el desarrollo del hidrógeno renovable debe ir acompañado de los máximos niveles de seguridad, apoyándonos en décadas de experiencia industrial real en el manejo de esta molécula en el Parque Energético La Rábida", señala María Olavarría, jefa del Departamento de Producción del Parque Energético La Rábida de Moeve, a 'Euronews'. Según explica, las nuevas instalaciones se diseñan con el objetivo de que sean estancas y cuentan con varias capas de protección independientes destinadas a prevenir incidentes.
La empresa sostiene que este planteamiento prioriza la prevención frente a una estrategia basada únicamente en reaccionar cuando se detecta un escape. "Nuestra prioridad es que no haya fugas, en lugar de depender de detectarlas después", afirma Moeve. La compañía añade que, como barrera adicional, dispone de sistemas automáticos de supervisión y detección preparados para identificar rápidamente anomalías durante la operación.
El Gobierno quiere convertirlo en un "proyecto de país"
España no está dejando el desarrollo de esta industria únicamente en manos del sector privado. El Gobierno ha convertido el hidrógeno renovable en uno de los pilares de su estrategia energética e industrial y ha elevado hasta 12 GW el objetivo de capacidad de electrólisis para 2030.
Sánchez lo define directamente como "un auténtico proyecto de país". El presidente aseguró en Huelva que el Ejecutivo ha destinado más de 3.000 millones de euros a más de 120 proyectos de hidrógeno renovable. Solo el proyecto de Moeve ha obtenido más de 300 millones de euros de apoyo público.
La estrategia tampoco consiste únicamente en producir la molécula. "No solo queremos generar moléculas (...) de hidrógeno verde", explicó Sánchez. "Aspiramos a que se produzcan con electrolizadores, con válvulas, con compresores y el resto de equipos fabricados aquí en España".
El objetivo es, por tanto, desarrollar una cadena de valor alrededor del hidrógeno: desde los equipos necesarios para producirlo hasta las infraestructuras para almacenarlo y transportarlo.
De importar combustibles a exportar energía
Hay otra razón detrás de esta carrera: la seguridad energética. Las crisis geopolíticas de los últimos años han vuelto a mostrar la vulnerabilidad que supone para Europa depender de petróleo y gas procedentes de otros países. "Lo que necesitamos en Europa es energía europea que esté descarbonizada, que sea segura y que produzcamos nosotros mismos", afirma Wetselaar a 'Euronews'.
Para España, la ambición supone invertir el flujo energético tradicional. En lugar de importar combustibles fósiles, el país aspira a producir energía renovable, transformarla en hidrógeno y sus derivados y abastecer tanto a su propia industria como, eventualmente, a otros mercados europeos.
"Si este país puede convertirse por primera vez en su historia en exportador de energía, su relación con el resto de Europa cambia para mejor", sostiene el CEO de Moeve. Para conseguirlo será necesario desarrollar una infraestructura que todavía no existe a la escala necesaria.
Uno de los proyectos fundamentales es H2Med, el corredor que pretende conectar las redes de hidrógeno de Portugal y España con Francia y, desde allí, con los grandes centros industriales europeos.
¿Puede España liderar realmente el hidrógeno verde europeo?
España tiene algunas ventajas evidentes: abundantes recursos solares y eólicos, capacidad para seguir desplegando renovables, industria, puertos y una posición geográfica estratégica. También existe una fuerte apuesta pública y privada. Pero el liderazgo no está garantizado.
El hidrógeno renovable continúa representando una parte muy pequeña de la producción mundial. Los costes siguen siendo elevados, hacen falta nuevas redes de transporte y almacenamiento y todavía debe aparecer una demanda industrial suficiente para justificar muchas de las inversiones anunciadas.
También será necesario producir mucha más electricidad renovable. El hidrógeno verde solo puede contribuir a la descarbonización si la enorme cantidad de electricidad que necesita procede efectivamente de nuevas fuentes limpias.
La construcción de Onuba muestra que algunos de los grandes proyectos españoles están empezando a pasar de los anuncios a las obras. Ahora comienza la prueba más difícil: demostrar que pueden producir a gran escala, encontrar suficientes compradores y hacerlo a un precio competitivo.
Si España consigue resolver esa ecuación, el sol y el viento podrían permitirle transformar una de sus debilidades históricas (la dependencia energética del exterior) en una ventaja dentro del nuevo mapa energético europeo.