La energía y los alimentos frescos disparan la inflación en Italia, mientras el aumento del coste de vida golpea la confianza de consumidores y empresas.
La inflación vuelve a dar miedo. No se trata solo de cifras en un boletín estadístico, sino de esa constante sensación de pérdida de poder adquisitivo que cualquier ciudadano reconoce al pasar por caja en el supermercado, llenar el depósito o recibir las facturas del mes.
Según las estimaciones preliminares publicadas por el Instituto Nacional de Estadística italiano (Istat), en septiembre el índice de precios de consumo de Italia registró un aumento del 0,7% respecto al mes anterior, mientras que la tasa interanual se aceleró hasta el 4,2%, frente al 3,3% de agosto.
Para encontrar una inflación más elevada en Italia hay que remontarse tres años atrás, a septiembre de 2023, cuando la tasa interanual alcanzó el 5,3%.
La inflación vuelve a golpear el bolsillo de los italianos
La inflación erosiona silenciosamente el poder adquisitivo: con los mismos ingresos, las familias pueden comprar menos bienes y servicios. En Italia, el regreso de las presiones inflacionistas despierta además el recuerdo de otras épocas marcadas por fuertes subidas de precios.
Quienes vivieron los años 70 y 80 recuerdan lo que significaba convivir con una inflación de dos dígitos, que llegó incluso a superar el 20% durante las crisis energéticas de aquella época, en un contexto marcado por la espiral entre salarios y precios y la pérdida de valor de los ahorros.
Las cifras actuales siguen muy lejos de aquellos máximos, pero el efecto sobre los hogares se manifiesta de una forma conocida: reducir las salidas a restaurantes, aplazar compras para el hogar o vigilar con mayor atención cuánto cuesta llenar el depósito.
La inflación no solo afecta a las grandes cifras económicas. También condiciona las decisiones cotidianas de millones de familias y puede aumentar la incertidumbre sobre su situación económica futura.
La energía dispara los precios y los alimentos también suben
Según los datos del Istat, el sector energético es el principal responsable de este nuevo repunte de la inflación. El aumento interanual del precio de los productos energéticos pasa del 17,1% al 22,3%.
La aceleración afecta a sus dos principales componentes:
- Energía con precios regulados: la subida pasa del 18,6% al 25,9%, con un incremento del 5,9% solo en septiembre.
- Energía con precios no regulados: aumenta del 17,0% al 22,2%, con una subida mensual del 4,4%.
A la energía se suma el encarecimiento de los alimentos frescos, como frutas y hortalizas. Su tasa interanual se acelera del 3,8% al 5,5%, después de aumentar un 2,2% respecto a agosto.
También suben con mayor intensidad los servicios recreativos y culturales (+2,9%) y los relacionados con el transporte (+1,6%), aunque estos últimos registran una caída estacional del 2,5% respecto al mes anterior.
La inflación subyacente se mantiene contenida
Una señal algo más favorable procede de la inflación subyacente, el indicador que excluye los productos energéticos y los alimentos frescos por ser los componentes cuyos precios suelen experimentar mayores oscilaciones.
Esta tasa pasa del 1,5% al 1,7%, mientras que el indicador que excluye únicamente los productos energéticos aumenta del 1,7% al 2,0%.
Los datos muestran así que, por ahora, buena parte de las presiones inflacionistas se concentra en la energía y los alimentos frescos, en lugar de extenderse con la misma intensidad al conjunto de la economía.
También aumenta la diferencia entre la evolución de los precios de los bienes y la de los servicios:
- Bienes: la inflación se acelera del 4,1% al 5,4%.
- Servicios: aumenta de forma más moderada, del 2,4% al 2,6%.
- Diferencial: la distancia entre ambos grupos alcanza los 2,8 puntos porcentuales, frente a los 1,7 puntos de agosto.
El índice armonizado de precios de consumo (IPCA), que permite comparar la inflación entre los distintos países de la Unión Europea, registra por su parte una subida mensual del 2,0%, relacionada en parte con el final de las rebajas de temporada. En términos interanuales, la tasa se sitúa en el 4,1%.
Carburantes: bajan en los surtidores, pero persisten grandes diferencias
El Ministerio de Empresas y Made in Italy, el departamento del Gobierno italiano responsable, entre otras áreas, de industria y comercio, señala que los datos de su Observatorio de carburantes muestran una ligera caída de los precios en los surtidores:
- Carreteras (autoservicio): una media de 2,111 euros por litro para la gasolina y 2,316 euros para el gasóleo.
- Autopistas (autoservicio): una media de 2,138 euros por litro para la gasolina y 2,345 euros para el gasóleo.
El Ministerio advierte, sin embargo, de importantes diferencias entre las distintas gasolineras del país. Algunos grandes operadores, como Eni, IP y Q8, han aplicado topes de precios que permiten encontrar tarifas más bajas, de 1,99 euros por litro para la gasolina y 2,19 euros para el gasóleo.
Cae la confianza de consumidores y empresas
El deterioro económico también se refleja en la confianza. Según el Istat, el indicador correspondiente a los consumidores ha caído de 94,5 a 91,2 puntos, mientras que el índice de confianza empresarial ha descendido de 97,0 a 95,9 puntos.
La preocupación por el aumento de los precios puede llevar a las familias a aplazar gastos no esenciales, mientras que una mayor incertidumbre económica puede hacer que las empresas retrasen inversiones o nuevas contrataciones.
El temor a las facturas, la energía y el coste de la vida vuelve así al centro de las preocupaciones económicas de los hogares italianos, en un momento en el que la evolución de los precios amenaza con condicionar el consumo durante los próximos meses.