Un estudio de un año ha seguido la migración de millones de aves sobre el mar del Norte para evaluar el riesgo que representan los parques eólicos marinos.
Europa lidera la energía eólica marina a escala mundial, con más de 30 gigavatios (GW) de potencia instalada en todo el continente, suficiente para abastecer de electricidad cada año a más de 26 millones de hogares.
A principios de este año, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Islandia, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega y el Reino Unido se comprometieron a desplegar 100 GW de proyectos conjuntos de energía eólica marina en las aguas compartidas del mar del Norte de aquí a 2050.
El plan, dotado con 9.500 millones de euros y conocido como la Declaración de Hamburgo, aspira a convertir el mar del Norte en el "mayor reservorio de energía limpia" del mundo y a movilizar 1 billón de euros de capital en Europa.
Pero ¿este camino hacia un futuro sin combustibles fósiles está poniendo en peligro a unas aves cuyo número ya está cayendo en picado por el cambio climático provocado por el ser humano?
¿Suponen las turbinas eólicas marinas una amenaza para las aves?
La mayoría de los estudios sobre colisiones de aves con turbinas se centran en parques eólicos situados en tierra firme. Sin embargo, cada año millones de aves cantoras cruzan el mar del Norte durante las migraciones de primavera y otoño, en su mayoría de noche.
Registrar colisiones en el mar puede resultar difícil, debido a la falta de luz y al carácter remoto de estos emplazamientos.
Sin embargo, un nuevo estudio piloto de un año de duración ha permitido a los investigadores detectar estas pequeñas aves y murciélagos durante las horas de oscuridad, así como aves de mayor tamaño en horario diurno, mediante una combinación de cámaras térmicas e inteligencia artificial (IA).
El estudio, impulsado por la compañía energética Vattenfall, se llevó a cabo en el parque eólico marino Hollandse Kust Zuid en colaboración con Wildlife Imaging Systems (WIS) y Wageningen University & Research (WUR).
WIS instaló 16 cámaras térmicas en una turbina eólica marina, cubriendo todos los ángulos y funcionando las 24 horas del día. Combinado con IA, el sistema detectó e interpretó los movimientos de las aves de día y de noche, incluso en condiciones de poca visibilidad como niebla o lluvia.
"Proteger la biodiversidad es una parte importante de la transición energética", señala Karen Krijgsveld, investigadora en ecología de aves en Wageningen University & Research.
"En tierra, ya sabemos bastante sobre cuándo y por qué las aves chocan con las turbinas y qué especies corren más riesgo. A medida que la energía eólica marina sigue creciendo, necesitamos desarrollar ese mismo nivel de conocimiento en el mar."
Durante casi un año de seguimiento, que abarcó una temporada de migración primaveral y otra otoñal, se identificaron 22 posibles colisiones de aves, de las cuales dos se confirmaron y una se consideró muy probable.
"Hasta ahora, las estimaciones de colisiones de aves en el mar se basaban principalmente en modelos teóricos", explica Jesper Kyed Larsen, experto en biociencias en Vattenfall.
"En el mar es extremadamente difícil verificar las muertes, porque no hay restos que recuperar. Este estudio demuestra cómo podemos obtener los datos empíricos necesarios para mejorar las estimaciones de colisiones y garantizar medidas de mitigación eficaces."
El estudio no sostiene que las colisiones sean poco frecuentes ni que estos resultados iniciales obtenidos en una sola turbina puedan extrapolarse a cualquier lugar. El objetivo principal era comprobar el rendimiento de la tecnología en condiciones reales en el mar.
Pero otro estudio anterior de la German Offshore Wind Energy Association (BWO) también arrojó resultados similares.
Los investigadores analizaron más de cuatro millones de movimientos de aves durante un año y medio, utilizando radares y cámaras basadas en IA. Constataron que más del 99,8% de las aves migratorias evitaban de forma fiable las turbinas eólicas.
Vattenfall llevó a cabo anteriormente otro estudio en un parque eólico marino cerca de Aberdeen, en Escocia. Durante un periodo de 19 meses, desde junio de 2023 hasta diciembre de 2024, se realizaron grabaciones de vídeo de una turbina con la ayuda de análisis asistidos por IA.
En total se examinaron 2.007 trayectorias de vuelo de aves en las proximidades de la turbina supervisada y no se detectaron colisiones.
¿Cómo puede Europa proteger sus aves amenazadas?
A pesar de que los tres estudios apuntan a un impacto mínimo de los parques eólicos marinos en las aves, los conservacionistas advierten de que aún deben adoptarse medidas para contribuir a proteger las especies en peligro.
De las 26 especies de aves marinas que se reproducen en las costas y las islas del Reino Unido, 10 figuran ya en la lista de especies amenazadas.
Ya en 2020, el parque eólico terrestre Smola, en Noruega, formado por 68 turbinas, pintó de negro una de las palas de cada aerogenerador para que las aves las distinguieran mejor. Se comprobó que la iniciativa redujo la mortalidad de aves en un notable 70%, pasando de 11 cadáveres registrados antes de la pintura a seis después.
Algunos críticos sostienen que hacer los parques eólicos más visibles podría afectar a las rutas migratorias de las aves, obligándolas a recorrer trayectos más largos alrededor de una turbina. Esto implica que consumirán más energía y tardarán más en regresar con sus polluelos.
Otras medidas pasan por situar las turbinas lejos de los hábitats sensibles y evitar desde el inicio las rutas migratorias. También pueden utilizarse cámaras térmicas y radares para investigar más a fondo el riesgo que estas turbinas suponen para las aves.