La ganadería bovina neerlandesa seca las turberas y libera CO2. ¿Sería una solución pasarse al cultivo de arroz al estilo japonés?
El calentamiento del clima está permitiendo que los agricultores neerlandeses cultiven un cereal que nunca se había cosechado en los Países Bajos: el arroz.
Durante siglos, las vacas han sido el pilar de la agricultura del país. Pero ahora los agricultores están experimentando con cultivos que antes eran impensables en un país tan húmedo y templado.
Y los investigadores que están detrás del proyecto confían en que el cultivo de arroz pueda contribuir a abordar uno de los retos medioambientales más urgentes del país: los suelos de turba, que se hunden al secarse y hacen que partes de los Países Bajos, ya de por sí muy bajos, desciendan aún más.
"Es extraordinario", afirma Philippe Terheggen, presidente de la asociación Land van Ons, que ha cedido las parcelas para la cosecha de arroz.
"Jamás habríamos pensado, hace quizá 20 años, que seríamos capaces de cultivar arroz en los Países Bajos", señala el hombre de 68 años.
"Pero también da miedo, porque te muestra lo que es posible... ahora que el clima ha cambiado", añade.
Por ahora, el proyecto es un programa piloto que ocupa solo 0,6 hectáreas, y sus responsables esperan producir alrededor de tres toneladas de arroz de grano corto apto para sushi o risotto.
El equipo trabaja con unas 30 variedades de arroz procedentes de lugares tan diversos como Rusia, China, Japón y Uzbekistán, para ver cuál se adapta mejor al clima neerlandés.
'Solo quiero demostrar que las cosas pueden cambiarse en beneficio del futuro'
En un campo encharcado entre Ámsterdam y La Haya, el agricultor Sander Roeleveld cosecha sus parcelas de arroz con una cosechadora, con molinos de viento y canales al fondo.
Roeleveld, que se define como un "pionero", asegura que quiere demostrar a otros agricultores que el arroz puede crecer en los suelos pantanosos neerlandeses.
"Mi objetivo es demostrar que en las tierras húmedas son posibles más cosas que simplemente hierba", afirma el agricultor de 53 años.
"Claro, cuando has tenido vacas durante 600 años, cuesta mucho imaginar que quieras hacer otra cosa que sacar leche de tu vaca", bromea. "Solo quiero demostrar que las cosas pueden cambiarse en beneficio del futuro".
Cómo el cultivo de arroz podría ayudar a recuperar las turberas secas
Pero el proyecto va mucho más allá de diversificar los cultivos. Los investigadores consideran que podría ayudar a abordar uno de los problemas medioambientales más persistentes de los Países Bajos.
Aproximadamente una décima parte del país está formada por turberas, que los agricultores drenan para cultivar hierba con la que alimentar a su ganado.
Cuando la turba se seca, libera millones de toneladas de dióxido de carbono y provoca que el terreno se hunda hasta varios centímetros al año en las zonas más afectadas.
Según la Universidad de Wageningen, las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los suelos de turba neerlandeses representan en torno al dos o al tres por ciento del total de emisiones del país.
La única forma de romper este círculo vicioso es mantener los campos húmedos, pero entonces los agricultores no tendrían nada que cultivar allí... hasta ahora.
"Básicamente, todo empezó con una idea loca", explica Julian Helfenstein, investigador de Wageningen University and Research, que está pilotando el proyecto junto con colegas de la cercana Leiden University.
Se trata de una combinación poco frecuente de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos, señala el investigador de 36 años.
"El arroz es una oportunidad para que esta parte del mundo se adapte al cambio climático, para cultivar algo que antes no era posible", sostiene.
"Pero también para mitigar el cambio climático, porque evita que esta turba se degrade y emita todo ese CO2, ya que se puede mantener húmeda".
El problema de la turba afecta no solo a los Países Bajos, sino a buena parte del norte de Europa, incluidos Alemania, Bélgica e incluso los países bálticos, añade.
Helfenstein y su equipo vigilan de cerca las emisiones de CO2 y metano derivadas del cultivo de arroz en comparación con el mantenimiento de los pastos, para asegurarse de que el remedio no sea peor que la enfermedad.
"Hasta ahora, los resultados son prometedores", afirma.
"Como científico ambiental, siempre estás señalando los problemas. Y puede resultar un poco deprimente, algo así como: 'Aquí hay más cambio climático, aquí hay más contaminación'", comenta Helfenstein.
"Y de repente aparece una oportunidad para que la ciencia trabaje también en una solución. Eso me parece emocionante".
'Algo correoso, pero estupendo': el arroz neerlandés podría utilizarse para elaborar sushi y sake
Los restaurantes de la zona ya han mostrado interés en ofrecer arroz de alta calidad procedente de los Países Bajos, señala Guusje van der Vossen, de la asociación Wij Land, que ayuda a los agricultores a avanzar hacia una producción más sostenible.
Explica que el arroz que se está cosechando ahora procede de una variedad del norte de Japón, que parece ser la que mejor se adapta a las condiciones neerlandesas.
Con 27 años, es una de las pocas personas que han probado arroz cultivado en los Países Bajos, procedente de una tanda experimental plantada el año pasado.
"Estaba riquísimo, la verdad", dice entre risas, y añade que la idea era utilizarlo para hacer sushi, y quizá también sake.
"Era un poco correoso, pero también estupendo".