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El cambio climático amenaza la cerveza: así intentan salvar el lúpulo con paneles solares

Placas solares a siete metros de altura dan sombra a las plantas de lúpulo
Placas solares a siete metros de altura dan sombra a las plantas de lúpulo Derechos de autor  Hans von der Brelie
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Por Hans von der Brelie
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El cambio climático y la sequía amenazan el cultivo de lúpulo en Baviera, una región que produce un tercio del lúpulo mundial. Allí, algunos agricultores confían en una solución insólita: paneles solares elevados para proteger las plantas del calor extremo.

Una amenaza silenciosa se extiende por los campos de lúpulo de Alemania. Los agricultores la conocen como 'Höfesterben', literalmente "la desaparición de las explotaciones agrícolas". En 2026 quedan solo 904 explotaciones especializadas en el cultivo de lúpulo, un 40% menos que hace dos décadas.

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Durante años, los productores han atribuido esta crisis a la caída de los precios internacionales y al descenso del consumo de cerveza. Pero en Hallertau, la mayor región productora de lúpulo del mundo, cada vez señalan con más frecuencia a otro enemigo: el cambio climático.

Las olas de calor son más intensas, las lluvias escasean y los suelos se secan con mayor rapidez. El resultado son cosechas menos abundantes y un cultivo cada vez más difícil de mantener. Ante esta situación, algunos agricultores abandonan la actividad. Otros buscan soluciones innovadoras para garantizar la supervivencia de un cultivo que forma parte de la identidad de Baviera desde hace más de mil años.

Uno de ellos es Josef Wimmer. En su explotación, situada en el corazón de Hallertau, ha convertido los paneles solares en un aliado del lúpulo. Su sistema agrovoltaico proporciona sombra a las plantas, reduce la evaporación del agua y genera electricidad al mismo tiempo, una combinación que podría marcar el futuro de este cultivo en una Europa cada vez más cálida.

Hans von der Brelie

Wimmer quiere salvar su explotación

Josef Wimmer conoce bien el declive del cultivo del lúpulo en Baviera. "Cuando hice mi formación, hace 30 años, en Hallertau había más de 2.000 cultivadores de lúpulo. Hoy quedan bastante menos de 1.000", explica a 'Euronews'. Lejos de resignarse, decidió buscar una solución para garantizar el futuro de la explotación familiar. Quienes le conocen lo describen como un agricultor acostumbrado a afrontar los problemas de frente.

Su granja se encuentra en Neuhub, cerca de Osseltshausen, una pequeña localidad situada en el corazón de Hallertau. Desde el caserío apenas hay unos metros hasta las plantaciones, donde largas hileras de postes de siete metros sostienen las plantas de lúpulo que, al final del verano, producen las flores con las que se elabora el extracto que aporta a la cerveza su característico amargor.

Sin embargo, hay un detalle que llama la atención. Sobre las plantas, varios metros por encima de los postes, se extiende un tejado de paneles solares. El intenso verde del lúpulo contrasta con el azul oscuro de los módulos fotovoltaicos. No están ahí solo para generar electricidad. También protegen el cultivo del calor extremo y reducen la evaporación del agua. "Queríamos dar sombra al lúpulo, porque es una planta de sombra", resume Wimmer.

El lúpulo es una planta de sombra. Las plantas trepan por postes de siete metros de altura.
El lúpulo es una planta de sombra. Las plantas trepan por postes de siete metros de altura. Hans von der Brelie

Del diseño de aviones a la agrovoltaica

El proyecto de Wimmer no habría sido posible sin Bernhard Gruber, un antiguo ingeniero de Airbus que cambió la industria aeronáutica por la agrovoltaica. Tras décadas diseñando aeronaves, Gruber aplica ahora sus conocimientos de ingeniería al desarrollo de instalaciones que combinan agricultura y energía solar. La explotación de Wimmer es uno de sus proyectos más ambiciosos.

Fue el responsable de diseñar toda la estructura: calculó la resistencia al viento, la orientación de los paneles, la trayectoria del sol y el ángulo de inclinación más adecuado para generar electricidad sin perjudicar el crecimiento del lúpulo.

La primera fase del proyecto cubrió cinco hectáreas de cultivo con paneles solares, lo que permitió instalar una potencia de dos megavatios pico (MWp), la unidad que mide la capacidad máxima de una planta fotovoltaica.

Los resultados convencieron al agricultor. "En los próximos dos o tres años ampliaremos la instalación hasta las 20 hectáreas", explica Wimmer. "Eso supondrá ocho megavatios pico de potencia fotovoltaica y un sistema de almacenamiento con un megavatio de capacidad".

El ingeniero Bernhard Gruber conversa con el agricultor de lúpulo Josef Wimmer.
El ingeniero Bernhard Gruber conversa con el agricultor de lúpulo Josef Wimmer. Hans von der Brelie

El gran obstáculo: la burocracia

Gruber observa satisfecho las plantas de lúpulo bajo los paneles solares. El cultivo prospera, pero sabe que el mayor desafío ya no está en el campo. "¿Está asegurada la conexión a la red eléctrica?", pregunta. "Sí", responde Wimmer. "Ahora solo falta tender una línea de cinco kilómetros, pero tendremos que asumir nosotros todo el coste".

La siguiente cuestión tampoco tiene que ver con la agricultura, sino con la burocracia. "¿Y la licencia de obras? ¿Cuánto tardó en llegar?". "Casi dos años", responde el agricultor con resignación. Para Gruber, ese plazo es difícil de justificar. "Si queremos acelerar la transición energética, no podemos tardar dos años en autorizar un proyecto como este".

A su juicio, los procedimientos administrativos siguen siendo uno de los principales frenos para la expansión de la agrovoltaica. "Muchos agricultores renuncian porque los trámites son demasiado largos y complejos", explica.

El caso de Wimmer ilustra una contradicción que se repite en Alemania y en otros países europeos: mientras las administraciones defienden la necesidad de impulsar las energías renovables, los procesos de autorización continúan retrasando proyectos que ya han demostrado su viabilidad.

Para Gruber, la solución pasa también por la política. Cree que proyectos como este deberían tramitarse con mucha más rapidez, especialmente en cultivos especializados como el lúpulo. "No entiendo por qué no avanzamos más deprisa", lamenta. "Son proyectos que podrían autorizarse con relativa facilidad".

Mientras el ingeniero habla, Wimmer asiente. Ambos comparten la sensación de que la tecnología ya está preparada, pero que la burocracia sigue avanzando mucho más despacio que el cambio climático.

Menos calor, más humedad

Los dos se adentran bajo la estructura fotovoltaica hasta detenerse frente a un sensor enterrado entre las plantas. "Desde que instalamos los paneles hemos comprobado que el suelo conserva mucha más humedad", explica Wimmer mientras señala la tierra. La sombra reduce la evaporación y permite retener el agua de lluvia durante más tiempo. "Eso es fundamental para el lúpulo, especialmente entre junio y agosto, cuando la planta más agua necesita".

La idea de colocar un 'tejado solar' sobre el cultivo nació hace más de una década. En aquel momento parecía una apuesta arriesgada y pocos creían que pudiera funcionar. Convencer a una empresa fotovoltaica para desarrollar un proyecto completamente nuevo no fue sencillo. La instalación de Wimmer fue la primera del mundo en combinar agrovoltaica y cultivo de lúpulo, un experimento que entonces muchos consideraban una extravagancia y que hoy empieza a despertar el interés de agricultores e investigadores de toda Europa.

Primero fueron los vecinos más curiosos. Después empezaron a llegar agricultores de otros pueblos de Hallertau para conocer de cerca la instalación. Más tarde aparecieron responsables locales, políticos regionales e incluso ministros desplazados desde Múnich. Lo que comenzó como una idea considerada extravagante ha convertido hoy a Wimmer en una referencia de la agrovoltaica en Baviera.

La explotación de lúpulo de Josef Wimmer es conocida en toda la región, la avanzada instalación agrovoltaica atrae visitantes de toda Baviera.
La explotación de lúpulo de Josef Wimmer es conocida en toda la región, la avanzada instalación agrovoltaica atrae visitantes de toda Baviera. Hans von der Brelie

Llega el prototipo dos

El primer diseño no era perfecto. Aunque los paneles solares protegían el cultivo del calor y ayudaban a conservar la humedad del suelo, también proyectaban demasiada sombra sobre las plantas.

Cuando el lúpulo alcanzaba los siete metros de altura y llegaba hasta el tejado fotovoltaico, desarrollaba más hojas en la parte superior, pero menos flores, precisamente la parte de la planta de la que se obtiene el extracto que da a la cerveza su característico amargor. El resultado fue una reducción del rendimiento de la cosecha.

Era el momento de volver a empezar. El ingeniero Bernhard Gruber se pasó casi dos años revisando cálculos y ajustando el diseño. "Le di muchas vueltas al problema", recuerda. La primera instalación, puesta en marcha en 2023, situaba los paneles con una inclinación de 20 grados. Ese ángulo permitía generar más electricidad, pero también aumentaba la sombra sobre el cultivo.

Encontrar el equilibrio resultó mucho más complejo de lo que parecía. Gruber tuvo que combinar criterios agrícolas, energéticos y económicos: cómo cambia la trayectoria del sol entre el verano y el invierno, cómo evolucionan los precios de la electricidad a lo largo del día o cuánta sombra necesita realmente el lúpulo para soportar el calor sin reducir su producción.

"Había que encontrar el punto exacto entre proteger la planta y no perjudicar la cosecha", resume. Tras cientos de simulaciones y cálculos, el ingeniero regresó a la explotación de Wimmer con una nueva propuesta: el prototipo dos.

Los pioneros de la agrovoltaica Bernhard Gruber y Josef Wimmer inspeccionan sobre el terreno el campo de lúpulo.
Los pioneros de la agrovoltaica Bernhard Gruber y Josef Wimmer inspeccionan sobre el terreno el campo de lúpulo. Hans von der Brelie

El golpe de ingenio: girar los paneles a 45 grados

La gran innovación del segundo prototipo fue, paradójicamente, muy sencilla: cambiar la inclinación de los paneles solares. En la instalación original, inaugurada en 2023, los módulos se colocaron con un ángulo de 20 grados para maximizar la producción eléctrica. Funcionó, pero con un coste inesperado. La sombra era demasiado intensa para el lúpulo y la mayor parte de la electricidad se generaba al mediodía, precisamente cuando la red ya está saturada de energía solar y los precios caen.

El segundo prototipo, instalado en 2025, dio un giro de 25 grados. Los paneles pasaron a inclinarse 45 grados. Con ese cambio producen algo menos de electricidad, pero generan más ingresos. La razón es que concentran una mayor parte de la producción a primera hora de la mañana y al final de la tarde, cuando el precio de la electricidad suele ser más alto porque la oferta solar disminuye y la demanda sigue siendo elevada.

El cultivo también sale ganando. Al recibir más luz, las plantas desarrollan más flores, la parte del lúpulo utilizada para elaborar el extracto que aporta el amargor característico de la cerveza. "Es una solución que mejora tanto el rendimiento agrícola como el económico", resume Gruber.

La ventaja se mantiene incluso al hacer balance de todo el año. En invierno, cuando el sol permanece más bajo sobre el horizonte, una inclinación de 45 grados permite captar mejor la radiación y aumentar la producción de electricidad. "Y precisamente en invierno es cuando cada kilovatio hora cuenta", concluye el ingeniero.

Con la agrovoltaica es posible combinar ambas cosas, el cultivo de lúpulo y la generación de energía solar.
Con la agrovoltaica es posible combinar ambas cosas, el cultivo de lúpulo y la generación de energía solar. Hans von der Brelie

Investigación puntera en el campo de lúpulo

Wimmer y Gruber no están solos en medio del campo. Su proyecto piloto se integra sólidamente en varios proyectos de investigación.

Como socios de cooperación y financiación respaldan esta posible innovación de gran alcance la Hochschule Weihenstephan-Triesdorf, el también internacionalmente reconocido Instituto Fraunhofer de Investigación Solar en Friburgo y la Agencia Federal para la Agricultura y la Alimentación.

Además, la Universidad Técnica de Múnich, con su centro de investigación agrícola de Dürnast, y la estación de investigación de lúpulo de Hüll acompañan científicamente el proyecto agrovoltaico. Y, sin olvidar, el Ministerio de Agricultura financia la fase experimental de tres años con 1,4 millones de euros en fondos de investigación.

También a nivel internacional la investigación en agrovoltaica empieza a despegar. "Los japoneses ya han obtenido datos y buenos resultados", reconoce Gruber. En otros lugares de Asia y América también se está investigando intensamente, pero por ahora la investigación agrovoltaica 'Made in Germany' y, en sentido amplio, 'Made in Europe', sigue considerándose líder mundial.

El ingeniero Gruber entra en detalles: "En el campo de lúpulo del señor Wimmer hemos instalado sensores de humedad en el suelo". Se mide la humedad tanto en la superficie como a mayor profundidad. Además, Wimmer y el equipo científico que le acompaña registran de forma continua la temperatura y la humedad del aire entre las plantas de lúpulo a distintas alturas.

Para que los datos tengan valor científico, todas las mediciones se duplican: una vez en el campo de lúpulo con la instalación agrovoltaica que proporciona sombra y otra vez en la parcela de comparación sin módulos fotovoltaicos sobre las plantas.

También se mide con precisión la humedad del suelo.
También se mide con precisión la humedad del suelo. Hans von der Brelie

Las primeras evaluaciones ya están disponibles y son claras, al menos para el prototipo uno, la ligera sombra adicional que generan las instalaciones agrovoltaicas sobre el lúpulo ha mejorado de forma significativa la salud del suelo.

En este punto coinciden los resultados de la Hochschule Weihenstephan y del Instituto Fraunhofer de Friburgo. Falta por ver si el prototipo dos es mejor y en qué medida, el ensayo de campo correspondiente sigue en marcha.

Las zonas de vegetación se desplazan hacia el norte

El interesante experimento de Wimmer en su campo de lúpulo es tema de conversación no solo en Hallertau, sino ya en toda Alemania y en Europa. Porque un fantasma recorre Europa: ¿se desplazarán todas las zonas de vegetación hacia el norte debido al calentamiento climático?

¿Habrá que abandonar y trasladar a latitudes más frescas zonas de cultivo tradicionales que han crecido durante siglos? ¿Desaparecerán así costumbres rurales, tradiciones y paisajes agrarios? ¿Habrá pronto vino "francés" procedente de Inglaterra o lúpulo "alemán" cultivado en Escandinavia?

Entre los agricultores bávaros de lúpulo cunde la inquietud. Bromean entre ellos diciendo que dentro de 30 años quizá haya que importar de Noruega el lúpulo para la buena cerveza bávara. De momento es solo una broma, pero ¿durante cuánto tiempo? Algún que otro agricultor de lúpulo de Hallertau teme que algún día se convierta en una amarga realidad.

La primera mención documentada en el mundo del cultivo de lúpulo se encuentra en Baviera.
La primera mención documentada en el mundo del cultivo de lúpulo se encuentra en Baviera. Hans von der Brelie

Agri-PV también para el vino, la fruta y el espárrago

No se trata solo del cultivo especial de lúpulo. "Algunos viticultores están probando sistemas similares sobre sus viñedos", indica el ingeniero Gruber.

También los productores de vino y sus plantas sufren el cambio climático y la sequedad del suelo. Mientras en la Hallertau bávara se experimenta con lúpulo y fotovoltaica, en otras regiones de Alemania se llevan a cabo ensayos de campo similares: instalaciones agrovoltaicas sobre cultivos de bayas, sobre plantaciones de fruta, sobre campos de espárragos.

Se ha puesto en marcha algo que pronto podría convertirse en algo mucho más amplio. A la vista de los prometedores resultados de la investigación, es posible prever que en pocos años la agrovoltaica formará parte del paisaje cotidiano de la agricultura europea.

Un tercio de la producción mundial

Pero volvamos al lúpulo. Aunque el 86% del lúpulo alemán procede de Hallertau y esta región bávara produce cerca de un tercio del lúpulo mundial, en Europa hay otras zonas de cultivo que en parte afrontan problemas similares. Los agricultores de lúpulo de Francia luchan contra la arenización de los suelos y también contra la sequía.

En República Checa, Eslovenia, Eslovaquia, Polonia y Austria también se cultiva lúpulo. "Lo que hemos desarrollado podría ser un modelo para toda Europa", está convencido el ingeniero Gruber.

Es hora de actuar, en eso coinciden Gruber y Wimmer. Tras unos pocos años de sequía en la Edad Media, entre 1302 y 1307 y en 1540, hoy se multiplican las fases extremas de sequía en Alemania.

El 'Dürremonitor' del Centro Helmholtz de Investigación Medioambiental registra sequías extremas en 1976, 2003 y, a partir de 2018, casi de forma continua hasta hoy: 2019, 2020, 2022, 2023, 2025...

También los agricultores de lúpulo en Alemania lo notan. El calor frena la producción de alfaácidos, las sustancias que dan a la cerveza su agradable nota de sabor aromática y amarga.

Pero más grave aún que el menor contenido de alfaácidos en el extracto de lúpulo son las pérdidas de rendimiento, en algunos casos dramáticas, que registran los agricultores. La sequía perjudica la calidad del lúpulo, pero sobre todo la cantidad**, se cosechan menos flores de lúpulo.**

Se buscan soluciones desesperadamente. Se instalan caros sistemas de riego, también en Hallertau. Pero no todos los agricultores pueden permitírselos y, además, son políticamente controvertidos.

Otros agricultores de lúpulo experimentan con cubiertas vegetales entre las filas de cultivo para reducir la evaporación. Investigadores del lúpulo desarrollan plantas más resistentes a la sequía, pero no todos los cerveceros aceptan de buen grado las nuevas variedades.

Ante una crisis que se agrava año tras año, algunos agricultores recurren al arado, cortan las raíces perennes de sus plantas de lúpulo, arrancan los "bosques" de postes de siete metros de altura y se despiden de la industria del lúpulo con gran pesar.

Y eso que el cultivo de lúpulo forma parte de Baviera y de Alemania igual que el cultivo de la vid forma parte de Francia o los olivares de Grecia e Italia.

La quinta generación está preparada

La primera prueba documental del cultivo de lúpulo en el mundo procede de la zona de Frisinga, al borde de la actual Hallertau, y se remonta al año 860 después de Cristo. La región bávara es, por tanto, una de las zonas de cultivo de lúpulo más antiguas del mundo. Eso sigue contando hoy. Muchas explotaciones de lúpulo pasan de generación en generación, también la de Josef Wimmer. Él es agricultor de lúpulo de cuarta generación.

"Y la quinta generación ya está preparada", comenta entre risas Wimmer. "Mi hijo tiene ahora 17 años y está haciendo su formación como agricultor. Está en segundo curso y más adelante se hará cargo de la explotación.

En realidad, la inversión en las instalaciones agrovoltaicas sobre el lúpulo la hago por mi hijo, porque cuando todo esté pagado yo seguramente estaré ya jubilado", bromea Wimmer. "Mi hijo seguirá adelante". ¿Compensa todo este esfuerzo? Dicho de otro modo, ¿la inversión en agrovoltaica es rentable también desde el punto de vista empresarial?

El ingeniero Gruber está convencido de que la agrovoltaica puede convertirse en un nuevo modelo de negocio para muchos agricultores: "En estos momentos estamos en torno a los 14 años de amortización y la instalación fotovoltaica tiene una vida útil mínima de 30 años", calcula Gruber, "se puede imaginar cuánto se gana con ella".

Una situación beneficiosa para todos

Pero en este punto muchos agricultores son muy meticulosos. Todos los implicados son conscientes de que se trata de un equilibrio que hay que ajustar con cuidado: las (ligeras) pérdidas de rendimiento en la producción agrícola se contraponen a unos ingresos adicionales variables por la venta de la electricidad solar.

Preguntamos por tanto al agricultor Josef Wimmer si, y cómo, le salen las cuentas. "La Hochschule Weihenstephan ha analizado con precisión las pérdidas de rendimiento en el lúpulo, nuestros descensos están entre el 10% y el 20%.

Si en nuestro caso las pérdidas de producción se sitúan entre el 10 y el 15%, entonces la operación me compensa, porque por otra parte el beneficio de la generación de electricidad es máximo, es realmente muy bueno. Con el buen rendimiento eléctrico compensamos la menor producción de lúpulo".

¿Entonces es un juego de suma cero, ni ganancia ni pérdida? Wimmer matiza: "Con el lúpulo pierdo un poco de dinero, con la instalación fotovoltaica encima gano buen dinero".

Se ríe satisfecho y añade: "¡Compensa! ¡Compensa!". El ingeniero Gruber da la razón a Wimmer: "En definitiva es una situación beneficiosa para todos, no solo cosechas ingresos por la electricidad, sino también ingresos seguros por la cosecha de lúpulo".

¡Compensa! ¡Compensa!
Josef Wimmer
Agricultor de lúpulo de cuarta generación

También se trata de continuidad y de mantener la explotación a lo largo de los años, porque, como explica Gruber, "incluso en la estación en la que no hay lúpulo creciendo, el suelo sigue parcialmente sombreado por los módulos fotovoltaicos.

Eso hace que en conjunto la estructura de humedad del suelo sea más homogénea y el terreno esté mejor preparado para la próxima campaña de plantación". En Alemania se cultivaron el año pasado casi 19.000 hectáreas de lúpulo. Tras Estados Unidos, Alemania es el segundo país del mundo en importancia por volumen de producción.

La cosecha alemana de 2025 fue de algo más de 43.000 toneladas, el 38% de la producción mundial de lúpulo, de las que más de 37.000 toneladas se produjeron en Hallertau.

El cultivo de lúpulo forma parte de la identidad cultural de Baviera

En Baviera la población está orgullosa de este rendimiento. Lúpulo y cerveza no son en Hallertau un elemento folklórico, sino parte de la vida cotidiana. Cada año se elige a una "reina del lúpulo".

La recogida del lúpulo, la cosecha de las flores maduras a finales de verano, es todo un acontecimiento. El calendario de las vacaciones escolares bávaras se organiza desde hace siglos en función de las fechas de cosecha de los agricultores de lúpulo, que necesitan urgentemente toda ayuda disponible.

Las numerosas fiestas de la cerveza en pueblos y ciudades bávaros, se llamen Oktoberfest u otra cosa, son en esencia fiestas de agradecimiento por la cosecha.

La identidad cultural de toda una región y los intereses económicos de numerosos agricultores coinciden a menudo en Hallertau.

Así lo expresa también Josef Wimmer cuando dice: "Una de las principales razones por las que instalé la agrovoltaica sobre el lúpulo fue, por supuesto, económica. Se trataba de orientar la explotación hacia el futuro y lograr unos ingresos asegurados, con menos fluctuaciones.

Ya desde 2009 tenemos fotovoltaica en nuestros tejados y vimos que funcionaba bien. Así que nos dijimos que a partir de ahora también queríamos hacerlo a gran escala sobre el lúpulo".

En otros lugares los agricultores abandonan su actividad y cubren de paneles solares sus antiguos campos. Con ello ganan dinero, pero la resistencia de los vecinos, del pueblo y de la población aumenta.

La gente no quiere que su paisaje tradicional se "llene" de instalaciones fotovoltaicas en suelo abierto. Con la agrovoltaica ocurre lo contrario, porque el concepto permite ambas cosas a la vez: el agricultor puede seguir cultivando su terreno y, al mismo tiempo, "cosechar sol".

También Josef Wimmer lo ha pensado: "Podría haber dicho, de acuerdo, arranco mi lúpulo y en lugar de los campos planto en todas partes instalaciones fotovoltaicas sobre el suelo. Pero entonces ya no sería agricultor, sería solo empresario fotovoltaico. Y eso no lo quería ni lo quiero".

Wimmer quiere las dos cosas: "Se trata de mantener el cultivo de lúpulo en mi propia tierra. Quiero transmitir la explotación a la siguiente generación de manera que tenga continuidad y futuro, pero con un ingreso adicional gracias a la fotovoltaica".

Se trata de mantener el cultivo de lúpulo
Josef Wimmer
Agricultor de lúpulo de cuarta generación

Pionero en el campo de lúpulo

El ingeniero Gruber y el agricultor Wimmer han atravesado durante su conversación uno de los campos de lúpulo y regresa ahora al imponente caserío situado en lo alto.

En el horizonte se aproxima un frente de tormenta, montañas de nubes azul oscuro se alzan sobre la propiedad de Wimmer y sus campos de lúpulo.

Aún no ha llegado el temporal a Neuhub, cerca de Osseltshausen, los rayos de sol iluminan el campanario bulboso del pueblo vecino y se deslizan hacia los módulos agrovoltaicos de Wimmer.

Gruber y Wimmer saben que el cambio climático no se detiene de la noche a la mañana, igual que la tormenta que se acerca. Pero también saben que pueden prevenir sus efectos, al menos en parte.

El ingeniero Gruber asiente con reconocimiento a su socio y amigo: "Me parece estupendo que seas pionero. Me parece también estupendo que, tras nuestros primeros ensayos, que han demostrado su eficacia, sigas adelante y vayas a cubrir también el resto de tus campos de lúpulo con fotovoltaica.

Yo lo veo igual que tú, la agrovoltaica es una gran oportunidad para el cultivo de lúpulo, para que siga en Baviera y no tenga que desplazarse hacia el norte".

La agrovoltaica hace más resistente el cultivo de lúpulo de Hallertau frente al cambio climático y el calentamiento global.
La agrovoltaica hace más resistente el cultivo de lúpulo de Hallertau frente al cambio climático y el calentamiento global. Hans von der Brelie

Una quinta parte de una central nuclear

Al despedirse, Gruber presenta aún un pequeño ejercicio numérico: "De las aproximadamente 17.000 hectáreas de superficie total de cultivo de lúpulo, en torno al 20% son adecuadas para proporcionar sombra, es decir, para instalar agrovoltaica sobre los campos de lúpulo.

Si realmente se aplicara a gran escala sobre ese 20%, se instalaría el equivalente a una quinta parte de una central nuclear".

Antes habría que mejorar aún "la situación de las líneas eléctricas", como lo formula con cautela Gruber, aludiendo a la falta de conexiones y a una red de transporte insuficiente.

La electricidad generada sobre el lúpulo tiene que poder evacuarse e inyectarse en la red, "también en la red de media y alta tensión".

Ganancia para todos

Una vez superado este obstáculo de infraestructuras, se habrá logrado todo, según Gruber: "Para el agricultor de lúpulo eso supone una ganancia. Para la planta de lúpulo es una ganancia. Para el suelo es una ganancia".

Tras una breve pausa, el ingeniero Gruber añade: "La agrovoltaica es un paso enorme que estamos dando hacia las energías renovables". Un modelo que además permitiría la coexistencia entre agricultura y producción eléctrica.

La producción de energía nunca debe competir con la producción de alimentos
Bernhard Gruber
Ingeniero jefe, AgrarEnergie y feld.energy

"Porque la energía", concluye Gruber, "nunca debe competir con la producción de alimentos. Si se quiere lograr eso, hay que despejar el camino".

Y aún un pequeño apunte sobre el lúpulo para los curiosos, ¿sabía que para elaborar un litro de cerveza solo se necesitan dos gramos de extracto de lúpulo?

De un kilo de lúpulo se pueden producir 500 litros de cerveza.

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