La deforestación se redujo casi un 42% en un año, pero un posible cambio de presidente podría invertir esta tendencia.
La deforestación en la selva amazónica se ha reducido hasta su nivel más bajo desde que comenzaron los registros en 1988, ha anunciado el Gobierno brasileño.
La pérdida anual entre agosto de 2025 y julio de 2026 fue de 3.335 kilómetros cuadrados, según datos oficiales de satélite, lo que supone un descenso del 41,8% frente a los 5.731 kilómetros cuadrados de un año antes.
Es una prueba del éxito de los renovados esfuerzos de Brasil, bajo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, para frenar la deforestación en la Amazonia, revirtiendo el repunte registrado bajo su predecesor, el presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro.
Durante la presidencia de Jair Bolsonaro, de 2019 a 2022, la deforestación de la Amazonia aumentó en torno a un 60%, con más de 45.000 kilómetros cuadrados arrasados, según datos oficiales. Con Lula, la deforestación se ha reducido un 71% desde 2023, según el Gobierno.
Una de las primeras medidas de Lula tras asumir el cargo en enero de 2023 para un tercer mandato no consecutivo fue reactivar el Plan de Acción para la Prevención y el Control de la Deforestación en la Amazonia Legal, conocido por sus siglas en portugués PPCDAm. Lanzado en 2004 durante su primera administración, el plan había quedado archivado durante el Gobierno de Bolsonaro.
Lula recuperó a los responsables ambientales que diseñaron la hoja de ruta dos décadas antes y nombró a la destacada defensora del medio ambiente Marina Silva, que dirigió el Ministerio de Medio Ambiente hasta que dimitió en abril para presentarse al Congreso, y a João Paulo Capobianco, su antiguo adjunto y actual ministro, para que contribuyeran a ejecutarla.
Cómo ha logrado el Gobierno brasileño frenar la deforestación
El plan se articula en cuatro pilares: reforzar la vigilancia y la aplicación de la ley, promover una economía sostenible, gestionar las áreas protegidas y definir el uso de los bosques públicos aún sin asignar, y utilizar normativas e incentivos financieros para reducir la deforestación.
Entre las medidas figura la restitución de las sanciones por la tala ilegal de bosque detectada por satélites, una práctica considerada la herramienta más eficaz para frenar la deforestación y que se había suspendido durante el Gobierno de Bolsonaro. El Ejecutivo también propuso prohibir que las propiedades con deforestación ilegal accedan a préstamos bancarios y asignó más fondos a los municipios amazónicos prioritarios que demostraran reducciones en la pérdida de bosque. Además, financió acciones para combatir el delito ambiental y desarrollar créditos subvencionados para negocios sostenibles en la Amazonia.
"La fórmula es siempre la misma y funciona. La vimos funcionar en Brasil hace años y la estamos viendo de nuevo ahora: determinación, presencia en el terreno, combatir el crimen y hacer cumplir la ley", explica Márcio Astrini, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, una red brasileña de organizaciones medioambientales.
Astrini añade que las tasas de deforestación anunciadas el 16 de octubre muestran que el compromiso de Brasil de alcanzar la deforestación cero en 2030 es viable sin comprometer la economía del país.
Añade: "La agricultura ha batido récords de producción y exportación mientras la deforestación ha disminuido. Las cifras de hoy desmontan la falsa narrativa de que proteger el medio ambiente frena el desarrollo de Brasil".
La deforestación y otros cambios en el uso del suelo son las mayores fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero de Brasil, responsables del calentamiento global. El desafío es especialmente grande en la Amazonia, que almacena enormes cantidades de dióxido de carbono y genera humedad atmosférica que ayuda a regular el clima mucho más allá de Sudamérica.
Un nuevo presidente podría determinar el futuro de la Amazonia
A pesar de los avances en la reducción de la deforestación, la Amazonia afronta amenazas derivadas del cambio climático, de proyectos de ley y de un posible relevo en la presidencia de Brasil.
La degradación causada por los incendios forestales, la tala y la sequía afecta a alrededor del 40% de la Amazonia y ha avanzado más rápido que la tala rasa en los últimos años. Un fuerte episodio de El Niño, un calentamiento periódico del Pacífico ecuatorial, podría intensificar esas amenazas en 2026 y 2027 al traer condiciones más cálidas y secas que alimentan los incendios.
El número de focos de incendio en todo el bioma se situó cerca de mínimos históricos este año, pero se ha triplicado desde el pasado 4 de octubre, cuando los brasileños votaron en la primera vuelta de las elecciones nacionales. Las autoridades investigan si los fuegos se provocaron deliberadamente por motivos políticos antes de la segunda vuelta presidencial de este mes.
Los científicos de la NASA advierten de que los recuentos oficiales de satélite pueden infravalorar los daños: en torno a Santarém, un análisis preliminar detectó aproximadamente un 40% más de incendios de los que muestran los datos habituales de focos activos. Las observaciones por satélite de la agencia revelaron un fuerte aumento de los incendios y de las emisiones de humo en la Amazonia central y oriental a partir de septiembre de 2026, alimentado por una grave sequía vinculada a El Niño.
El ministro de Medio Ambiente, Capobianco, afirmó que los responsables que sobrevolaban áreas protegidas vieron incendios dispuestos en un patrón geométrico, lo que sugiere que fueron provocados, aunque se desconoce quién es el responsable. El humo ha obligado a cerrar escuelas en Manaos, la mayor ciudad de la Amazonia brasileña, y se instó a los residentes a usar mascarillas.
El senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, obtuvo el 47% de los votos, mientras que Lula logró el 45%. Ambos se enfrentarán en una segunda vuelta el 25 de octubre.
"Logro histórico" tras un "desmantelamiento generalizado de las políticas ambientales"
Cristiane Mazzetti, de Greenpeace Brasil, asegura que la tasa mínima de deforestación registrada refleja políticas eficaces que podrían estar en riesgo en función de quién gane las elecciones presidenciales.
"El Congreso ha trabajado para debilitar, retrasar y desmantelar leyes y normativas que ayudan a proteger el medio ambiente", señala. "La próxima legislatura será aún más hostil a la protección ambiental y, según cuál sea la próxima administración federal, el riesgo de retrocesos y de altas tasas de deforestación aumentará drásticamente".
La exministra Silva afirmó en un comunicado difundido el viernes (16 de octubre) que la reducción de la deforestación fue un "logro histórico" para el pueblo brasileño y que el resultado electoral será crucial para mantenerlo.
"El Gobierno de Jair Bolsonaro abordó la protección ambiental y el cambio climático desde la negación y con un desmantelamiento generalizado de las políticas ambientales. Flávio ha heredado esas visiones y prácticas y pretende perpetuarlas, como ha indicado en varias ocasiones", sostiene.
"Quienes niegan que el problema exista, desde luego no harán nada para abordarlo".
Bolsonaro ha negado el cambio climático mientras se presenta como defensor del medio ambiente, sin detallar planes para proteger la Amazonia ni para apoyar la financiación forestal. Ha pedido modernizar las leyes ambientales, algo que muchos ecologistas interpretan como una forma de debilitarlas.
"Flávio Bolsonaro es un defensor del medio ambiente y de quienes preservan los bosques en pie y los ríos limpios", aseguró su campaña.