Finlandia, Alemania y Lituania comparten el euro y la tasa de depósito del 2,50% del BCE, pero con una inflación en septiembre del 2,7%, 3,3% y 6,1% respectivamente muestran cómo una sola política afronta realidades de precios diferentes.
Tres países comparten una moneda y un tipo oficial único del banco central, pero sus tasas de inflación difieren en más del doble. En septiembre, la inflación interanual fue del 2,7% en Finlandia, del 3,3% en Alemania y del 6,1% en Lituania, según el índice armonizado de precios de consumo (IAPC) de Eurostat, publicado en octubre. La media de la zona del euro se situó en el 3,8%. Los tres se enfrentan al mismo tipo de depósito del Banco Central Europeo (BCE), del 2,50%.
Un choque energético que no se siente igual en todas partes
El denominador común es la energía. Los datos de Eurostat muestran que los precios de la energía en el conjunto de la zona del euro han subido un 18,9% en septiembre, lo que ha sumado 1,71 puntos porcentuales a la inflación, casi la mitad de la cifra general.
Si se excluye la energía, la inflación en la zona del euro fue del 2,3%. El impacto de este choque depende de la combinación energética de cada país, de sus decisiones fiscales y de la fortaleza de su economía interna.
Lituania: energía, impuestos y salarios
Lituania se sitúa en la parte alta de la horquilla y la alimentación no es la causa. Las cifras de Eurostat muestran que la inflación de alimentos, alcohol y tabaco es del 0,5%, mientras que los precios de la energía se han disparado un 33,0% y la inflación de los servicios ha alcanzado el 6,9%.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) atribuye este repunte a unos precios de la energía elevados en un contexto de dependencia persistente de las importaciones, a una fuerte demanda interna y a mayores impuestos especiales.
La política ha añadido presión. Desde enero, Lituania ha elevado el IVA sobre la calefacción residencial, el agua caliente y la leña del 9% al 21%. El proyecto de presupuestos del Gobierno estimaba que solo el cambio en la calefacción añadiría 0,5 puntos porcentuales a la inflación.
La presión se ha extendido más allá de los combustibles y la calefacción. Según Eurostat, la inflación subyacente de Lituania, que excluye energía, alimentos, alcohol y tabaco, se sitúa en el 3,9%. El Banco de Lituania prevé que los salarios medios aumenten un 9,4% en 2026, y la Comisión Europea vincula la inflación de los servicios al fuerte crecimiento de los sueldos y a un incremento del 11,1% del salario mínimo.
Unos salarios más altos pueden dejar a muchos trabajadores en mejor situación de media. Pero los pensionistas, los perceptores de prestaciones y los hogares con rentas bajas y facturas de energía elevadas están más expuestos.
Existe además un riesgo de efectos de segunda ronda. Las empresas de servicios intensivas en mano de obra pueden trasladar los aumentos salariales a los precios, manteniendo la inflación elevada cuando el choque energético se haya disipado.
Finlandia: amortiguada y lenta
Los datos de Eurostat muestran que Finlandia ha sufrido un choque energético similar, con una inflación de la energía del 13,1%, y aun así la inflación general se ha mantenido en el 2,7%. La Comisión Europea señala que la relativamente baja dependencia de Finlandia de los combustibles fósiles ha amortiguado el impacto. Statistics Finland ha constatado que la electricidad más barata y los menores costes de la vivienda en propiedad han contenido su índice nacional de precios al consumo, pese al tirón al alza de la gasolina, el diésel y el gasóleo de calefacción.
La presión de los precios internos es débil. Según Eurostat, la inflación subyacente fue del 1,4% y la inflación de los servicios del 1,7%. El Banco de Finlandia pronostica una tasa de paro del 10,4% en 2026, mientras que la Comisión espera un crecimiento del PIB del 0,8%.
Statistics Finland indica que los salarios nominales aumentaron un 3,5% interanual en el tercer trimestre, lo que supone un 1,2% en términos reales. Esa combinación ayuda a explicar por qué otro aumento de los tipos puede parecer excesivamente restrictivo visto desde Helsinki.
Alemania: un repunte concentrado en los carburantes
Alemania se sitúa en un punto intermedio. Los datos de Eurostat indican una inflación de la energía del 13,4% y una inflación subyacente del 2,5%. La oficina estadística alemana, Destatis, ha observado en el índice nacional un incremento del 37,1% en los carburantes y del 74,9% en el gasóleo de calefacción. Si se excluyen estos dos componentes, la inflación fue del 1,8%.
La presión salarial es moderada. Los salarios pactados aumentaron un 2,9% interanual en agosto, y el Bundesbank prevé el mismo incremento medio para 2026. Eurostat sitúa la inflación de los servicios en el 2,8%.
La política también complica la lectura. Las medidas federales ya vigentes han reducido los precios de la electricidad, el gas y la calefacción urbana, y una nueva bajada del impuesto sobre los carburantes entró en vigor el 1 de octubre, por lo que no figura en los datos de septiembre. Las intervenciones nacionales pueden desplazar la inflación medida de un mes a otro sin alterar el choque energético subyacente a escala europea.
Lo que implica un tipo único
El BCE elevó su tipo de depósito del 2,25% al 2,50% en septiembre, al argumentar que el conflicto en Oriente Medio mantenía la inflación por encima del objetivo y que los efectos completos del choque energético aún no se habían manifestado.
Restar la inflación general de cada país al tipo del BCE ofrece un indicador aproximado del tipo de interés real: menos 0,2% en Finlandia, menos 0,8% en Alemania y menos 3,6% en Lituania. Este cálculo sencillo, basado en cifras del BCE y de Eurostat, no es una medida real, ya que hogares y empresas actúan en función de la inflación esperada y afrontan costes de financiación distintos.
Las tensiones de política económica difieren según el país. El débil crecimiento y el elevado desempleo de Finlandia desaconsejan endurecer más la política monetaria. En Alemania, el tipo es más fácil de justificar dada una inflación subyacente del 2,5%, aunque la aceleración registrada en septiembre se debió casi por completo a los carburantes y al gasóleo de calefacción.
En Lituania, el tipo parece laxo frente a una inflación del 6,1%, aunque unos tipos más altos no pueden revertir una subida del IVA ni abaratar los combustibles importados. Su efecto pasa por debilitar la demanda y contener los efectos de segunda ronda.
La transmisión también varía. Un estudio del BCE concluye que la política monetaria actúa con mayor rapidez e intensidad allí donde las deudas a tipo variable y el endeudamiento de los hogares son más frecuentes, y Lituania figura entre los países que dependen de hipotecas a tipo variable con periodos de revisión cortos.
Sin embargo, un estudio reciente que abarca de 2000 a 2025 sugiere que las respuestas de la actividad y de la inflación a la política monetaria son menos desiguales de lo que suele suponerse, ya que algunas diferencias estructurales se compensan entre sí.
Fuentes: Eurostat, BCE, FMI, Comisión Europea, Banco de Lituania, Banco de Finlandia, Statistics Finland, Destatis, Bundesbank.