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El efecto bumerán de Trump: las promesas que lo llevaron al poder amenazan ahora a los republicanos

Trump lleva una chapa de 'He votado'
Trump lleva una insignia de "He votado" -  Derechos de autor  AP Photo
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Por Boyd Wagner
Publicado •última actualización
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El malestar por el aumento de la inflación y la escalada de las tensiones bélicas amenaza la mayoría republicana en el Congreso de Estados Unidos. Ante las elecciones legislativas de 2026, el deseo de cambio entre los votantes pone en riesgo el control conservador de ambas cámaras.

Las elecciones legislativas de mitad de mandato de Estados Unidos se celebran en menos de una semana. No es un año de elecciones presidenciales, pero el resultado podría hacerse sentir desde la Casa Blanca hasta Bruselas.

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En juego están los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado. Los republicanos cuentan actualmente con una ajustada mayoría de 219 frente a 214 en la Cámara y de 53 frente a 47 en el Senado. Para el presidente Trump, difícilmente podría haber más en juego. Y los vientos políticos que lo devolvieron a la Casa Blanca ahora soplan con fuerza en la dirección contraria.

El cambio que los llevó al poder

Hace dos años, la inflación y la economía impulsaron a Trump de vuelta a la Casa Blanca y dieron a los republicanos el control de ambas cámaras del Congreso.

El mensaje era sencillo: cambio. Según los sondeos a pie de urna de 'ABC News' en 2024, el 28% de los votantes afirmó que la capacidad de impulsar el cambio necesario era la cualidad más importante en un candidato. Trump se impuso en ese grupo con un 74% frente a un 24%. La economía fue el principal tema para el 32% de los votantes, y Trump obtuvo entre ellos un 81% de apoyo, frente al 18%, según los sondeos a pie de urna de 'NBC News'.

Ese mensaje también se reflejó en las demás votaciones. Los republicanos arrebataron cuatro escaños del Senado —Virginia Occidental, Montana, Ohio y Pensilvania— para recuperar el control de la Cámara Alta, derrotando a veteranos senadores demócratas como Sherrod Brown y Bob Casey.

Los republicanos pasaron al ataque y los demócratas nunca llegaron a articular una defensa.

Quienes están ahora en el poder

Esta vez, los republicanos son quienes están en el poder. Se enfrentan al mismo mensaje de cambio que los llevó al Gobierno, y no parece que ese mensaje vaya a favorecerlos.

La economía está en peor estado que cuando Trump recuperó el poder. La inflación no solo está aumentando, sino que es más alta que cuando fue elegido: un 2,7% en noviembre de 2024, frente al 3,7% de este septiembre, por encima del 3,4% de agosto e impulsada en gran medida por el fuerte encarecimiento de la energía.

Los votantes se han dado cuenta. Trump dejó el cargo en 2021 con un saldo positivo en la gestión económica, un 48% frente a un 41%, y en 2024 los votantes confiaban más en él que en Kamala Harris para gestionarla, por un 53% frente a un 46%, según los sondeos a pie de urna de 'NBC News'. Hoy, solo el 34% aprueba su gestión de la economía y el 65% la desaprueba, según la CNBC All-America Economic Survey, su peor registro en cualquiera de sus mandatos y un nivel de desaprobación superior al peor dato de Joe Biden.

Ha ocurrido lo que antes parecía impensable: el 37% de los votantes afirma ahora que los demócratas tienen el mejor enfoque sobre la economía, frente al 33% que se inclina por los republicanos, según la última encuesta de Reuters/Ipsos, que sitúa la aprobación de Trump en el 32%.

La promesa incumplida

Este sombrío giro puede rastrearse hasta la mayor promesa incumplida de Trump: no más guerras.

Repitió esa promesa sin descanso en 2024, al igual que sus portavoces y los podcasters que lo respaldaban. En el caso de Ucrania, 'CNN' contabilizó al menos 53 ocasiones en las que prometió acabar con la guerra en 24 horas o incluso antes de tomar posesión.

Hoy, la guerra de Rusia contra Ucrania continúa, y su último supuesto 'avance' es un alto el fuego humanitario local en la ciudad ocupada de Oleshky. Un año después de que Trump declarara terminada la guerra en Gaza, pocas de las promesas de ese alto el fuego se han cumplido.

Y en febrero, Trump inició una nueva guerra al sumarse a Israel en el lanzamiento de ataques contra Irán. Casi ocho meses después, no se vislumbra el final. En un mitin en Texas este martes, Trump dijo a sus seguidores que la guerra terminaría "cuando yo quiera que termine".

Fue impopular desde el primer día: el 56% de los estadounidenses se opuso a ella en la primera semana, según una encuesta de 'PBS News'/'NPR'/'Marist'. La oposición no ha dejado de crecer. La desaprobación de la gestión de la guerra por parte de Trump ha pasado del 61% en marzo al 65%, según Pew Research, y en septiembre una proporción récord de más del 60% declaró a 'Fox News' que fue una decisión equivocada.

La guerra ha sacudido la economía mundial, pero los estadounidenses la sienten sobre todo en la gasolinera. La gasolina normal cuesta una media de 4,25 dólares por galón, frente a los 2,98 dólares anteriores a la guerra, según la AAA, que afirma que este es el primer octubre en el que el precio medio de la gasolina ha superado los 4 dólares. El diésel ha subido de 3,76 a 6,35 dólares.

Eso afecta a todo el mundo, pero golpea especialmente a la base rural de Trump: los agricultores, ganaderos y camioneros que dependen del diésel.

"Lo estamos superando por completo"

La respuesta de Trump ha sido insistir en que no hay ningún problema. "En nuestro primer mandato tuvimos la mejor economía de la historia de nuestro país, y la estamos superando por completo", dijo en un mitin en Tennessee este mes. En marzo, cuando se dispararon los precios del petróleo, fue más allá: "Cuando suben los precios del petróleo, ganamos mucho dinero", escribió en Truth Social.

Pero el impacto sobre los estadounidenses es imposible de ocultar o de atribuir a sus adversarios. Ocho de cada diez califican la economía de regular o mala, según CNBC.

Golpeando en el corazón del país

La guerra no es la única política que está perjudicando a los votantes más fieles de Trump. A finales de agosto, suspendió determinados aranceles sobre la carne de vacuno durante 90 días, abriendo la puerta a carne brasileña más barata. Los precios en las subastas de ganado cayeron de inmediato.

Luego están los centros de datos, que han generado una fuerte oposición entre las comunidades rurales preocupadas por sus tierras, el agua y las facturas de electricidad. La mitad de los estadounidenses se opone ahora a tener uno a menos de tres millas de su casa, frente al 28% en enero, según una encuesta de 'Politico'. Las quiebras de explotaciones agrícolas han aumentado un 46% este año, según Nebraska Farmers Union, y el 57% de los votantes rurales desaprueba la gestión económica de Trump, según una encuesta AP-KFF citada por ABC Australia.

Grietas en la base

Las grietas atraviesan el propio movimiento de Trump. Marjorie Taylor Greene rompió con él por los archivos de Epstein, las guerras en el exterior y el coste de la vida, y dimitió del Congreso después de que Trump la calificara de "traidora". Tucker Carlson también se distanció de él por Irán y ahora dice que lamenta haberlo apoyado.

Joe Rogan, cuyo pódcast ayudó a acercar a muchos hombres jóvenes a Trump, lo expresó sin rodeos: "Su campaña fue sobre no más guerras... Y luego tenemos una de la que ni siquiera podemos definir con claridad por qué la hicimos".

Purgando a los conservadores

En lugar de reparar esas relaciones, Trump dedicó la campaña de primarias a atacar a algunos de los conservadores más firmes de su partido.

En Kentucky, el congresista Thomas Massie, un defensor a ultranza de la disciplina fiscal con una puntuación histórica del 83% en Heritage Action, perdió las primarias por un 55% frente a un 45% ante un aspirante respaldado por Trump y por muchos de los mayores donantes del presidente, en una contienda que atrajo más de 32 millones de dólares en publicidad. Su 'delito' no fue la falta de conservadurismo, sino estar dispuesto a decir "no" al presidente.

En Texas, Trump respaldó al fiscal general Ken Paxton, envuelto en escándalos, en la recta final de su segunda vuelta contra el senador John Cornyn, con cuatro mandatos y una puntuación del 96% en Heritage Action en el Congreso actual. Paxton ganó por un 64% frente a un 36%.

Ahora los republicanos podrían perder un escaño que han mantenido durante más de tres décadas. La nueva estrella demócrata James Talarico aventaja a Paxton en la mayoría de las encuestas recientes, y otros candidatos republicanos de Texas, antes considerados seguros, luchan por su supervivencia política.

Seguir el dinero

En todo el país, la prueba más clara de cómo Trump lastra a su partido no está en las encuestas, sino en adónde está yendo el dinero.

En abril, el Senate Leadership Fund, el principal super PAC republicano para el Senado, presentó un plan de publicidad de 342 millones de dólares en ocho estados. Texas, Kansas y Nebraska no estaban entre ellos. Desde el 1 de septiembre, ese grupo y sus aliados han gastado o comprometido en torno a 180 millones de dólares en esos tres estados, todos ellos ganados por Trump por márgenes de dos dígitos.

Al mismo tiempo, el grupo ha retirado la mayor parte del dinero publicitario que le quedaba en Carolina del Norte, ha recortado sus reservas en Georgia, ha contratado una 'póliza de seguros' de 5 millones de dólares en Carolina del Sur y ha empezado a gastar en el profundamente conservador Misisipi.

"No creo que la gente tuviera en su cartón de bingo que estaríamos hablando de Kansas, Nebraska, Iowa", dijo a 'USA Today' Marc Short, enlace de Trump con el Congreso en su primer mandato. "Quiero decir, es un reflejo directo de las políticas económicas del presidente que sea ahí donde estemos librando la batalla ahora mismo".

Los partidos no inyectan dinero en escaños seguros porque las encuestas estén equivocadas. Lo hacen porque sus propios datos les dicen que las encuestas aciertan.

La debacle en la Cámara y la batalla en el Senado

Hace seis meses, la Cámara parecía alcanzable para los demócratas. Hoy, el intento republicano de retenerla parece inútil.

Los demócratas necesitan dar la vuelta a solo tres escaños. Decision Desk HQ les otorga un 80% de opciones de hacerse con el control y proyecta 238 escaños demócratas, mientras que los operadores de Polymarket sitúan sus probabilidades en el 92%. La cuestión ya no es si los demócratas ganarán la Cámara, sino por cuánto margen.

La verdadera batalla está en el Senado, cuyo control parecía fuera del alcance de los demócratas hasta la pasada primavera. Necesitan un aumento neto de cuatro escaños, y los operadores de Polymarket les dan un 67% de probabilidades.

Carolina del Norte parece destinada a cambiar de manos. Más allá de ese estado, la mayoría se decidirá en contiendas que, estadísticamente, están prácticamente empatadas:

  • Texas: Talarico aventaja a Paxton por un 48% frente a un 46% (Emerson).
  • Ohio: Sherrod Brown aventaja al senador Jon Husted por un 47% frente a un 44% (Suffolk University).
  • Alaska: Mary Peltola aventaja al senador Dan Sullivan por un 49,1% frente a un 47,5% (The Hill average).
  • Iowa: Ashley Hinson y Josh Turek están empatados, con un 45,8% frente a un 45,6% (The Hill average).
  • Maine: Troy Jackson aventaja a la senadora Susan Collins por un 49% frente a un 47% (Marist).

El mejor y el peor escenario

Para Trump, el mejor resultado realista es una decisión salomónica: una Cámara demócrata con una ajustadísima mayoría de 220 frente a 215 y un Senado republicano que solo pierda Carolina del Norte. Los mercados de predicción otorgan un 27% de probabilidades a una Cámara demócrata y un Senado republicano.

El peor escenario es una derrota aplastante para los republicanos. En una victoria arrolladora, NBC News calcula que los demócratas podrían obtener hasta 263 escaños en la Cámara, la mayor mayoría que cualquiera de los dos partidos ha tenido desde 1990. En el Senado, una victoria demócrata en todos los escaños aún en disputa, además de Carolina del Norte, les daría 53 escaños.

En cualquier caso, Trump se enfrentaría a dos años de citaciones, investigaciones y leyes bloqueadas, y una Cámara demócrata podría iniciar un proceso de destitución.

Un veredicto sobre Trump II

Si se materializa el peor escenario, o incluso uno intermedio, sería un duro golpe para Trump y un referéndum sobre los dos primeros años de su segundo mandato.

Sería la forma en que los estadounidenses castigarían a un Congreso republicano que ha aprobado casi sin debate las iniciativas de la Casa Blanca mientras los precios subían y comenzaba una nueva guerra, y castigarían al propio Trump por la economía, la inflación y las promesas incumplidas.

Y sería un voto de castigo que invertiría por completo el de 2024. Hace dos años, los estadounidenses votaron por el cambio y obtuvieron un Washington republicano. El próximo martes, todo apunta a que volverán a votar por el cambio, esta vez en su contra.

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