Una encuesta internacional revela una creciente brecha entre la preocupación por el clima y la confianza en las políticas verdes, mientras la UE intenta conciliar sus objetivos con la presión para bajar las facturas de energía.
Los europeos siguen preocupados por el cambio climático, pero son cada vez más escépticos respecto a que las políticas climáticas actuales estén mejorando sus vidas, según una encuesta internacional publicada esta semana que pone de manifiesto la creciente frustración pública ante el coste de la transición ecológica.
La encuesta, encargada por la consultora británica de investigación y estrategia Mandate Research, sugiere que los votantes desean cada vez más que los gobiernos den prioridad a una energía asequible frente a objetivos de emisiones más ambiciosos.
Protestas multitudinarias por el coste de la vida han surgido en capitales europeas, incluidas París, Bruselas, Roma y Lisboa, mientras los hogares se esfuerzan por hacer frente a unos gastos disparados, agravados por la crisis energética de Europa.
Si bien mayorías en los 10 países encuestados —Reino Unido, Alemania, Francia, España, Italia, Polonia, Estados Unidos, Suecia, Países Bajos y Hungría— expresaron preocupación por el cambio climático, la consecución de emisiones netas cero para 2050 se situó entre sus prioridades climáticas más bajas.
Los resultados se publicaron coincidiendo con la reunión que los ministros de Energía de la Unión Europea (UE) celebraron el jueves 29 de octubre en Luxemburgo para debatir los objetivos de eficiencia energética y electrificación más allá de 2030, en medio de una creciente presión sobre Bruselas para atajar la subida de los precios de la energía y reconsiderar algunos aspectos de sus políticas climáticas.
El desafío para la UE es cada vez más claro: convencer a los electores no solo de que el cambio climático importa, sino de que combatirlo acabará haciendo sus vidas más asequibles.
En Países Bajos, el 54% de los encuestados afirmó que las políticas medioambientales habían perjudicado a la gente corriente, frente a solo el 12% que indicó que se había beneficiado. La misma percepción la compartió el 46% en España, el 45% en Alemania y Francia, y el 44% en Hungría. Mientras tanto, entre el 49% y el 76% de los encuestados, según el país, consideraron poco probable lograr avances significativos hacia las emisiones netas cero en 2050.
La energía limpia sigue siendo popular
Sin embargo, la encuesta no sugiere que los votantes quieran que los gobiernos abandonen por completo la acción climática. Apunta más bien a una creciente desconexión entre la preocupación pública por el calentamiento global y el apoyo a la forma en que los políticos han planteado la transición ecológica.
La energía renovable sigue gozando de apoyo cuando se presenta como una vía para reducir las facturas y disminuir la dependencia de los combustibles fósiles importados, más que como una obligación climática.
La ampliación de la capacidad de generación limpia se situó como la forma más eficaz de reducir los costes de la energía en ocho de los diez países encuestados, por delante de medidas como aumentar la producción de combustibles fósiles o importar más petróleo y gas de Rusia.
En Hungría, el 64% consideraba que el paso a las renovables reduciría las facturas energéticas, frente al 22% que no estaba de acuerdo. En Italia, las cifras eran del 55% y del 22%, respectivamente.
Los resultados muestran que los votantes siguen asociando la transición ecológica con dificultades económicas: los políticos escépticos sobre el clima podrían aprovechar esa frustración para impulsar objetivos menos exigentes y retrasar su aplicación.
Las subidas de los combustibles amenazan los objetivos climáticos
Esa tensión también se ha hecho visible en Bruselas, donde las presiones económicas inmediatas compiten cada vez más con los compromisos climáticos a largo plazo de la UE.
En su cumbre del 15 y 16 de octubre, los líderes de la UE pidieron nuevas medidas a corto plazo para hacer frente a la escalada de los precios de la energía, al tiempo que solicitaron a la Comisión Europea que reevaluara los efectos del segundo sistema de comercio de emisiones del bloque, ETS2, que está previsto que extienda la tarificación del carbono a los combustibles utilizados en edificios y transporte por carretera a partir de 2028.
Varios gobiernos, encabezados por Italia y respaldados por el Grupo de Visegrado y Grecia, han presionado para posponer el sistema al menos hasta 2030, alegando que podría incrementar la presión financiera sobre los hogares y las pequeñas empresas.
Otros países, entre ellos los nórdicos, han advertido de que debilitar el sistema socavaría las condiciones de inversión previsibles necesarias para llevar a cabo la transición. Finalmente, los líderes de la UE solicitaron una evaluación actualizada, en lugar de acordar otro retraso.
El periodo posterior a 2030 se enfrenta a una prueba de credibilidad política
Es probable que este debate marque las negociaciones sobre el marco energético y climático de la UE después de 2030, mientras los gobiernos analizan cómo alinear la política energética con los objetivos climáticos vinculantes del bloque, incluido su objetivo de reducción de emisiones para 2040 y la meta de neutralidad climática para 2050.
En el Consejo de Energía celebrado el jueves 29 de octubre, el debate sobre el marco energético de la UE posterior a 2030 puso de relieve las diferentes visiones de la transición ecológica. Los ministros debatieron posibles objetivos de eficiencia energética, interconexión eléctrica y electrificación.
Según las conclusiones publicadas por el Consejo de la UE, los ministros coincidieron en la necesidad de establecer objetivos ambiciosos, aplicables y adaptados a la realidad económica y geopolítica. Muchos de ellos también reclamaron una mayor simplificación y flexibilidad para alcanzarlos.
El debate se produjo mientras los países de la UE buscan conciliar la descarbonización con la competitividad, la seguridad del suministro y las diferencias entre sus sistemas energéticos nacionales.
Las peticiones de objetivos más flexibles y de un enfoque tecnológicamente neutral formaron parte de las conversaciones, sobre todo por parte de aquellos países históricamente más dependientes de los combustibles fósiles. Quienes defienden políticas climáticas más estrictas advierten del riesgo de diluir los compromisos o debilitar la rendición de cuentas.
La ministra de Energía sueca, Ebba Busch, afirmó que una transición ambiciosa, compatible con la competitividad industrial y unos precios razonables de la energía, "requiere un cambio de paradigma".
"Si seguimos micromanejando exactamente de qué fuente de energía debe componerse el sistema energético de Europa, en lugar de avanzar hacia una orientación clara a objetivos generales, vamos a perder de vista aquello en lo que todos estamos de acuerdo en esta sala", señaló Busch.
El ministro de Energía chipriota, Michael Damianos, afirmó que el marco posterior a 2030 "solo tendrá éxito si los objetivos son realistas, coherentes entre sí, cuentan con financiación suficiente y son más sencillos de aplicar".
Francia y otros 14 miembros de la llamada Alianza Nuclear (Nuclear Alliance) quieren un enfoque tecnológicamente neutral que otorgue a la energía nuclear el mismo reconocimiento que a las renovables.
España, Portugal y Luxemburgo defienden la fijación de un objetivo específico para las energías renovables, mientras que los activistas climáticos reclaman objetivos vinculantes y una aplicación más estricta para evitar que una mayor flexibilidad debilite las ambiciones de la UE.
Pese a sus diferencias, la mayoría de los gobiernos de la UE coinciden en que invertir en generación renovable, redes eléctricas, almacenamiento y electrificación puede reducir la exposición a los vaivenes de los precios de los combustibles fósiles.
Pero esas inversiones requieren tiempo, financiación e infraestructuras, por lo que es posible que los hogares no vean sus beneficios durante años.
Con varios países europeos llamados a las urnas en 2027, los gobiernos se enfrentan a un complejo cálculo político: los votantes quieren energía más barata ahora, mientras que muchas de las medidas concebidas para lograrlo tardarán mucho más en dar resultados.
Imogen Learmonth, responsable del programa de investigación trimestral de Mandate Research, explicó que los votantes ven el clima a través del prisma de "seguridad nacional, supervivencia del hogar y soberanía nacional".