Los demócratas parecen casi seguros de hacerse con la Cámara de Representantes. La verdadera batalla está en el Senado, donde unas pocas contiendas en estados que los republicanos nunca pensaron defender decidirán quién controla Washington.
Los colegios electorales están abriendo en todo Estados Unidos en unas elecciones de mitad de mandato en las que, hace un año, los republicanos esperaban conservar intacta su mayoría en el Senado. Esa expectativa se ha reducido a una esperanza.
Empecemos por la Cámara de Representantes, donde la pregunta ya no es si los demócratas ganan, sino por cuánto. Los mercados de predicción les dan un 95% de probabilidades de hacerse con el control. El 'Cook Political Report' sitúa ahora 222 escaños como al menos inclinados hacia los demócratas, cuatro más de los 218 necesarios para la mayoría, frente a 195 para los republicanos, con 18 escaños completamente abiertos. Una buena noche para los demócratas podría dejarles el control de hasta 230 escaños. Una gran noche significaría también el Senado y una ola azul.
La cifra mágica
Los republicanos ocupan 53 de los 100 escaños del Senado. Para hacerse con el control, los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro. Tres no bastan: en un Senado 50-50, el vicepresidente JD Vance emite el voto de desempate, igual que Kamala Harris lo hizo en un récord de 33 ocasiones como vicepresidenta; sin embargo, el senador John Fetterman, el demócrata por Pensilvania, podría complicar ciertos votos de línea de partido en un Senado 50-50.
Los mercados de predicción dan ahora a los demócratas aproximadamente tres de cada cuatro posibilidades de ganar el Senado. Cook considera que seis contiendas son disputas abiertas, todas ellas en manos republicanas.
El campo de batalla abarca 12 escaños. Los demócratas defienden tres: Míchigan, Minesota y Nuevo Hampshire. Los republicanos defienden nueve: Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Nebraska, Carolina del Norte, Ohio, Carolina del Sur y Texas.
Dos de los tres escaños demócratas parecen seguros. En Minesota, Peggy Flanagan aventaja a Michele Tafoya en 5,2 puntos en el promedio de RealClearPolitics. En Nuevo Hampshire, Chris Pappas saca ocho puntos al exsenador John E. Sununu en el mismo promedio. Míchigan es otro asunto, pero volveremos sobre ello.
Carolina del Norte: abandonada
Carolina del Norte es un estado bisagra, pero se inclina hacia los republicanos: ha votado al candidato presidencial republicano en todas las elecciones desde 1980 salvo una. Con la retirada del senador Thom Tillis, debería haber sido una contienda equilibrada.
En cambio, los responsables republicanos a nivel nacional prácticamente se han retirado. El 'Senate Leadership Fund', el principal super PAC del partido para el Senado, había previsto gastar 71 millones de dólares en apoyar a su candidato, Michael Whatley. Canceló sus anuncios restantes a comienzos de octubre, después de gastar más de 30 millones. El exgobernador Roy Cooper aventaja ahora a Whatley en ocho puntos en sondeos tanto de Quantus Insights como de Trafalgar Group, dos encuestadoras de tendencia republicana.
Salvo sorpresa, Carolina del Norte será el primer escaño que los demócratas arrebaten a los republicanos. Eso deja otros tres por encontrar.
Ohio y Texas: los grandes premios
Los demócratas han hecho una de sus mayores apuestas en Ohio. Sherrod Brown, que perdió su escaño hace dos años, se enfrenta al republicano Jon Husted, nombrado para ocupar el antiguo escaño de JD Vance en el Senado en 2025. Brown aventaja en 2,8 puntos en el promedio de RealClearPolitics, en un estado que Trump ganó por un margen de dos dígitos.
Texas sería una sorpresa aún mayor. El estado no elige a un demócrata para el Senado desde 1988. Sin embargo, el demócrata James Talarico aventaja al republicano Ken Paxton por 49% a 47% en la última encuesta de la Texas Southern University, en línea con otros sondeos recientes. Aun así, la diferencia se sitúa dentro del margen de error y equivale de hecho a un empate técnico.
Es poco probable que Texas se vuelva azul. Los republicanos van por delante en todas las demás carreras estatales, según la encuesta de la Hobby School de la Universidad de Houston, desde la gobernación hasta el comisionado de ferrocarriles. De ese voto dividido podría beneficiarse Talarico: electores que respaldan a un republicano para gobernador, fiscal general o el Congreso y luego cruzan la papeleta para votar al demócrata para el Senado. El gobernador republicano Greg Abbott obtiene el apoyo del 93% de los republicanos en la encuesta de la Hobby School. Paxton consigue el 88%.
Parte del problema para Paxton es Talarico, un joven candidato disciplinado que ha llevado a cabo una campaña sólida. La otra parte del problema es el propio Paxton. El cuestionado fiscal general, sometido a un juicio político por su propio partido en la Cámara de Texas en 2023 y absuelto por el Senado estatal, tiene una imagen desfavorable para el 57% de los probables votantes y favorable solo para el 42%, según la Texas Southern University. Trump lo respaldó frente al senador John Cornyn, con cuatro mandatos, en las primarias. Si Paxton pierde, será una herida que los propios republicanos se habrán infligido en parte.
El curioso caso de Alaska
Alaska vota republicano en las presidenciales, pero mantiene una fuerte veta independiente. En 2022 envió a la demócrata Mary Peltola a la Cámara de Representantes. Esta vez, Peltola disputa el escaño al senador Dan Sullivan y va por delante, 48% frente a 46%, en la última encuesta del 'New York Times'/Siena. De nuevo, un resultado dentro del margen de error.
Y entonces apareció el otro Dan Sullivan. 'The New York Times' informó la semana pasada de que responsables demócratas, entre ellos altos cargos de la campaña de Peltola y dirigentes del Comité Senatorial Demócrata (Democratic Senatorial Campaign Committee), reclutaron a Daniel J. Sullivan, un profesor jubilado, para que se presentara como candidato señuelo y confundiera a los votantes.
Esta estrategia de colocar candidatos señuelo en la papeleta es en general legal, pero la imagen es pésima. Peltola niega cualquier implicación. El gobernador Mike Dunleavy ha ordenado una investigación penal y el Departamento de Justicia demandó, sin éxito, para impedir que Alaska certificara el resultado si Sullivan pierde.
Una artimaña pensada para restar votos a Sullivan podría acabar costándole a Peltola la elección, o la legitimidad de su victoria. Cabe esperar que el presidente Trump ataque agresivamente el resultado si gana Peltola.
Kansas: un pastor en el púlpito
Kansas no elige a un demócrata para el Senado desde 1932. Este año, los demócratas presentan a Adam Hamilton, pastor principal de la mayor congregación metodista del país, frente al senador Roger Marshall. Hamilton aventaja en 4,1 puntos en el promedio de RealClearPolitics.
Incluso los encuestadores de 'The Washington Post', cuyo propio sondeo situaba a Hamilton diez puntos por delante, advierten de que los demócratas se mostraron mucho más dispuestos a responder que los republicanos. Pero en un estado que Trump ganó por un margen de dos dígitos, una carrera de un solo dígito es una señal de advertencia.
El resto del mapa. En Maine, Troy Jackson aventaja a la senadora Susan Collins en 3,6 puntos en el promedio de RealClearPolitics, pero nunca hay que subestimar a la senadora Collins, que tiene un historial de remontar elecciones. Iowa es una moneda al aire, con Josh Turek en el 48% y Ashley Hinson en el 47% en la encuesta del New York Times/Siena.
En Carolina del Sur, la senadora Darline Graham, nombrada en julio tras la muerte de su hermano Lindsey, aventaja a la demócrata Annie Andrews en 2,6 puntos en el promedio de RealClearPolitics. Nebraska ofrece a los republicanos el mayor margen de maniobra, con el senador Pete Ricketts por delante del independiente Dan Osborn por seis puntos en la última encuesta del Times/Siena.
Míchigan: ¿la tabla de salvación republicana?
Si los republicanos han de conservar el Senado, puede que Míchigan sea donde lo consigan. Es el único escaño en manos demócratas en la columna de disputas abiertas de RealClearPolitics, en un estado que votó a Trump, luego a Biden y después de nuevo a Trump. Con la retirada del senador Gary Peters, una victoria republicana obligaría a los demócratas a encontrar cinco escaños que arrebatar.
El candidato demócrata es Abdul El Sayed, un exresponsable de salud pública de perfil progresista apoyado por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio Cortez, a quien los republicanos vinculan con los Socialistas Demócratas de América. Férreo crítico de Israel, se ha comprometido a oponerse a más ayuda estadounidense al país. Su programa sigue incluyendo 'Medicare for All' (Medicare para todos) y la eliminación de la agencia federal ICE, pero en campaña ha sustituido esa agenda de izquierdas por un mensaje populista.
Algunos en su propio partido han sido más duros. El domingo, la congresista Haley Stevens, a quien El Sayed derrotó por la mínima en las primarias demócratas, respaldó a Mike Rogers, el candidato republicano, después de que la retiraran de un acto conjunto de campaña. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, calificó el gesto de "una traición despreciable".
El senador John Fetterman, también demócrata, se alineó con Stevens y dijo que El-Sayed tiene "el peor caso de complejo de hombre bajito que he visto jamás". El-Sayed sigue por delante en 5,3 puntos en el promedio de RealClearPolitics, pero los datos de Trafalgar Group lo sitúan solo un punto por delante. Una victoria republicana en Míchigan sería una gran sorpresa, pero el camino hacia ella es más estrecho que el de El-Sayed.
Todo depende de la participación
Este debería haber sido un año en el que los republicanos mantuvieran el Senado. En cambio, el descontento con Washington, la economía y Trump lo ha convertido en una contienda ajustada que podría decantarse hacia cualquiera de los dos lados.
Por la mayoría de los indicadores, los demócratas tienen la ventaja en entusiasmo. Las encuestas han favorecido a los demócratas a escala nacional, pero ya hemos visto antes ese error. La cuestión es qué modelo se impone. En 2022, los encuestadores infravaloraron a los demócratas. En 2024, los republicanos superaron las expectativas de la mayoría de los sondeos.
Ambos modelos se reducen a lo mismo: si ese entusiasmo se convierte en votos. Los republicanos esperan contener la ola azul. La participación inclinará la balanza, en un sentido o en otro.