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La UE estudia un impuesto a los beneficios extraordinarios de las petroleras por la guerra con Irán

Logotipo de TotalEnergies en una estación de recarga de vehículos eléctricos en La Défense, cerca de París, el 1 de marzo de 2023.
Se ve el logo de TotalEnergies en una estación de carga para vehículos eléctricos en el barrio La Défense, en Courbevoie, cerca de París, Francia, el 1 de marzo de 2023. -  Derechos de autor  AP Photo/Aurelien Morissard
Derechos de autor AP Photo/Aurelien Morissard
Por Elisabeth Heinz
Publicado •última actualización
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La UE estudia gravar los beneficios extraordinarios de las petroleras, cuyos márgenes han aumentado en 36.000 millones de euros desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, según Greenpeace.

Desde que comenzó el conflicto entre Estados Unidos e Irán el 28 de febrero, los europeos han tenido que hacer frente a facturas de energía más altas. Los costes añadidos han ido directamente a los bolsillos de las grandes compañías petroleras.

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Greenpeace calcula que las compañías petroleras han ganado 36.000 millones de euros más por las ventas de diésel y gasolina en la UE que antes de la guerra, a partir de la diferencia entre el precio del crudo y el precio neto de los combustibles. Eso equivale a 154,4 millones de euros al día. El diésel representa 28.200 millones de euros y la gasolina casi 7.800 millones.

Aunque el sector rechaza las acusaciones de estar aprovechándose a costa de los ciudadanos, los Estados miembros reclaman un impuesto a escala de la UE sobre estos llamados beneficios "caídos del cielo" o "superbeneficios". Los ministros de Energía de la UE debatieron el 29 de octubre medidas para reducir las facturas, pero no llegaron a ninguna decisión sobre el impuesto en sí.

Los ganadores

La dependencia de Europa de los combustibles fósiles es lo que hace posibles estos beneficios. "El petróleo, el gas y el carbón representan casi el 60% del consumo final total de energía en la UE", y el bloque apenas produce nada de ello en casa, explicó Noah Gordon, investigador sénior del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (European Council on Foreign Relations).

Las energías renovables están desplazando al gas del sistema, también en la generación eléctrica, señaló Ben McWilliams, investigador asociado en el centro de estudios Bruegel, pero los avances son lentos, especialmente en algunos sectores. "El transporte por carretera sigue dominado por la gasolina y el diésel, mientras que el gas natural domina la calefacción doméstica". A medida que la guerra interrumpe los envíos y reduce la oferta, los ciudadanos se quedan con pocas alternativas.

El informe concluye que los operadores de refinerías, en especial las grandes compañías petroleras, son los principales ganadores en Europa. Los beneficios fueron mayores en la fase de producción de crudo, donde los costes están muy por debajo de los precios internacionales del crudo, lo que amplía la diferencia con las ventas de combustibles.

Los resultados de las petroleras lo confirman. El mes pasado, Shell informó de que había duplicado sus ganancias en el último trimestre de 2026 hasta 10.810 millones de dólares, superando la estimación de 10.330 millones y casi duplicando los 5.430 millones de 2025. La petrolera francesa TotalEnergies comunicó un beneficio neto ajustado de 9.100 millones de dólares entre julio y septiembre, por encima de la estimación de 8.300 millones y más del doble de los 4.000 millones del año anterior. El beneficio neto de British Petroleum Company (BP) alcanzó los 8.460 millones de dólares en el tercer trimestre de 2026, el nivel más alto desde 2008, cuando fue de 8.900 millones.

¿Aprovecharse o trasladar costes?

La industria petrolera sostiene que no se está beneficiando a costa de los consumidores. Afirma que sus ingresos han aumentado porque han subido los precios del crudo y que simplemente está trasladando esos mayores costes.

Para Gordon, una parte de ese argumento se sostiene. "Una gran razón del aumento de los precios del combustible para los consumidores es la falta de capacidad de refino. El crack spread, es decir, la diferencia de coste entre un barril de crudo y un barril de producto refinado, diésel o gasolina, se ha triplicado en Europa desde el inicio de la crisis de Ormuz".

Pero Gordon ve límites a esto. "Las compañías petroleras están haciendo algo más que trasladar el coste del petróleo caro. Naturalmente, como entidades que buscan beneficios, también están obteniendo ganancias gracias al aumento de los márgenes", dijo a 'Euronews'.

Greenpeace sostiene que el encarecimiento del crudo no basta para explicar los márgenes adicionales. Los precios del diésel antes de impuestos en la UE subieron 22,7 céntimos por litro más que el crudo, mientras que los de la gasolina aumentaron 13,3 céntimos más.

Esta diferencia es lo que el precio del crudo no puede explicar, y el informe no detectó un aumento significativo de otros costes de los refinadores, como producción, refino y distribución. Greenpeace concluye por tanto que la diferencia representa márgenes adicionales que las compañías se embolsaron en los surtidores.

Misma guerra, márgenes diferentes

Los márgenes fueron más altos en los mayores mercados de combustible. Entre el 1 de marzo y el 19 de octubre, los beneficios adicionales combinados de diésel y gasolina de Alemania se situaron justo por debajo de 6.700 millones de euros, seguida de Francia (5.700 millones), Italia (casi 5.100 millones) y España (más de 4.700 millones).

Alemania también registró la cifra diaria más alta (28,7 millones de euros), por delante de Francia (24,6 millones) e Italia (21,7 millones). Por litro de diésel, los márgenes fueron más elevados en Suecia (27,4 ct/l), España (26,6 ct/l) y Eslovenia (25,4 ct/l). En el caso de la gasolina, alcanzaron su máximo en Dinamarca (18,4 ct/l), Alemania (16,9 ct/l) y España (15,5 ct/l).

En algunos países de la UE, las medidas gubernamentales ayudaron a contener los márgenes. "Lo que más importó fue si el Gobierno fijó el precio en el surtidor. En los países con precios fijos o limitados (Malta, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia), el diésel antes de impuestos subió de media 0,38 euros por litro, frente a 0,57 euros en el resto", explicó Matteo Prina, responsable de grupo de investigación en el Instituto de Energía Renovable (Eurac Research, Institute for Renewable Energy).

Pero los límites de precios no siempre garantizan márgenes más bajos. "Bélgica y Luxemburgo también regulaban los precios, pero su precio máximo está vinculado a los precios mayoristas, de modo que los márgenes de refino se trasladan directamente. Las rebajas fiscales redujeron los precios en el surtidor, pero el precio antes de impuestos subió tanto en los países que recortaron impuestos como en los que no lo hicieron. Eso me hace pensar que parte del alivio se fue a los márgenes", añadió Prina.

Los topes, añadió, también pueden tener efectos secundarios, como ocurrió en Eslovaquia y Eslovenia, donde los Gobiernos nacionales tuvieron que racionar el combustible en el surtidor.

¿Cómo podría ser un impuesto sobre los beneficios del petróleo?

Los Gobiernos pueden proteger a los consumidores de los precios más altos de la energía y los combustibles mediante medidas a corto plazo, como la reducción de los impuestos sobre la energía o las subvenciones. Sin embargo, "esto desplaza en gran medida los costes de los consumidores de energía a los contribuyentes. No cambia el problema de fondo de que Europa está pagando más por importar combustibles fósiles", explicó McWilliams.

Por eso Europa podría fijarse en los beneficios. Aunque por ahora no se ha tomado ninguna decisión, la Comisión Europea podría considerar un impuesto sobre los beneficios extraordinarios.

Seis Estados miembros de la UE, entre ellos Alemania, Portugal, España, Austria, Italia y Polonia, reclamaron este gravamen a principios de este año, mientras que algunos países ya lo han introducido. Portugal, por ejemplo, aplica un impuesto del 33% a los beneficios extraordinarios de 2026 de las compañías petroleras y de refino.

La UE impuso un impuesto extraordinario similar en 2022, tras la invasión de Ucrania por Rusia, mediante la llamada "contribución solidaria", un gravamen mínimo del 33% sobre los beneficios imponibles de las empresas que superen en más de un 20% la media de beneficios imponibles anuales desde 2018. Según un informe de la Comisión, el impuesto recaudó casi 29.000 millones de euros.

Como alternativa, explicó Prina, la UE podría imponer "un gravamen sobre el margen bruto por litro en las actividades de refino y comercialización de combustibles por encima de un nivel de referencia, que puede seguirse semanalmente".

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