El encarecimiento de la energía y la incertidumbre geopolítica obligan a la Reserva Federal a un cambio de rumbo. Se espera que Jerome Powell anuncie una pausa en los recortes de tipos, situándolos en el 3,6%, mientras la inflación se resiste a bajar y el paro repunta bajo la Administración Trump.
Una cuestión clave sobrevuela la reunión de dos días de la Reserva Federal que concluye el miércoles.
¿Seguirán los responsables de la política monetaria recortando los tipos de interés este año, ahora que la guerra con Irán ha encarecido el petróleo y ha disparado el precio de la gasolina? ¿O preferirán mantenerlos sin cambios durante meses para ver cómo evoluciona el conflicto?
Es casi seguro que el miércoles el presidente de la Fed, Jerome Powell, anunciará que el banco central mantiene sin cambios su tipo de referencia por segunda reunión consecutiva, en torno al 3,6%.
Pero la Fed también publicará sus previsiones trimestrales y los responsables podrían rebajar su estimación de un recorte de tipos este año a ninguno.
Aunque ese cambio pueda parecer menor, supondría un giro importante tras 18 meses de recortes de tipos intermitentes. Sea cual sea la decisión final de la Fed, este es un momento especialmente complicado para que los responsables de la política monetaria hagan previsiones económicas.
La guerra contra Irán, iniciada por la Administración Trump el 28 de febrero, ya ha disparado el precio de la gasolina y previsiblemente impulsará la inflación durante al menos uno o dos meses.
La Fed se verá obligada el miércoles a revisar al alza su previsión de inflación respecto a diciembre, cuando los responsables calculaban que bajaría al 2,6% a finales de este año. Muchos economistas prevén que ahora la Fed anticipe una inflación en torno al 3% incluso a finales de 2026.
Un repunte de esa magnitud sería difícilmente compatible con nuevos recortes de tipos. Al mismo tiempo, el encarecimiento de la gasolina, si se mantiene, podría frenar la economía, ya que una mayor parte del gasto de los consumidores se destinaría a llenar el depósito, dejando menos margen para otros bienes y servicios. Como resultado, el desempleo podría aumentar a finales de este año.
El martes, el precio medio nacional de la gasolina se situó en 3,79 dólares por galón (3,29 euros), según la asociación AAA, 88 centavos más que hace un mes. Esos dos escenarios, más inflación y más desempleo, suelen tirar de la Fed en direcciones opuestas.
El banco central mantiene o sube su tipo de referencia para combatir la inflación, y recorta los tipos cuando quiere impulsar el gasto y la contratación. La combinación de precios al alza y mayor desempleo suele ser el peor escenario posible para los bancos centrales.
La recta final de Powell al frente de la Fed
La reunión de esta semana será además una de las últimas de Powell como presidente. Su mandato concluye el 15 de mayo y el presidente Donald Trump ha propuesto al exdirectivo de la Fed Kevin Warsh como sustituto.
Sin embargo, la confirmación de Warsh está bloqueada en el Senado después de que destacados senadores republicanos plantearan objeciones por una investigación del Departamento de Justicia sobre la declaración de Powell en torno a la reforma de un edificio.
El pasado viernes, un juez anuló dos citaciones emitidas por el Departamento de Justicia a la Fed, lo que supuso un revés para la investigación. Pero la fiscal estadounidense Jeannine Pirro ha anunciado que recurrirá la decisión.
La reunión de esta semana será la penúltima de Powell, salvo que Warsh sea confirmado antes del 15 de mayo, en cuyo caso Powell podría seguir presidiendo el comité de fijación de tipos de la Fed hasta que se nombre a su sucesor.
Incluso antes de la guerra con Irán ya habían aparecido problemas tanto en los datos de inflación como en los del mercado laboral, lo que dejó a la Fed en una posición complicada.
En enero los precios subieron más deprisa que en los últimos meses según el indicador preferido por la Fed, y la inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, se situó en el 3,1% interanual.
Es un nivel muy similar al de hace dos años, señal de que las presiones inflacionistas siguen siendo tenazmente elevadas.
La creación de empleo también se ha resentido. Según informó el Gobierno a comienzos de mes, las empresas destruyeron 92.000 puestos de trabajo en febrero, un dato peor de lo previsto tras el alentador aumento de 130.000 en enero.
La tasa de paro subió ligeramente hasta el 4,4% desde el 4,3%.