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Ganadores y perdedores de la guerra arancelaria mientras el comercio de IA se dispara

Un camión circula junto a contenedores en la terminal ICD de Uiwang, en Uiwang, Corea del Sur, el 12 de marzo de 2026.
Un camión circula junto a contenedores en la terminal ICD de Uiwang, en Uiwang, Corea del Sur, el 12 de marzo de 2026 Derechos de autor  AP Photo/Ahn Young-joon
Derechos de autor AP Photo/Ahn Young-joon
Por Quirino Mealha
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Un informe publicado este mes por el McKinsey Global Institute ofrece uno de los análisis más rigurosos de la guerra comercial del año pasado, y su veredicto desmiente casi todas las previsiones formuladas cuando se introdujeron los aranceles.

Ha pasado casi un año desde el Día de la Liberación, cuando el presidente estadounidense Donald Trump se plantó en el Jardín de las Rosas y anunció "aranceles recíprocos" contra más de 50 países.

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Visto con perspectiva, la guerra arancelaria no acabó con el comercio mundial.

Esa es la conclusión, a primera vista paradójica, del informe 'Geopolitics and the Geometry of Global Trade' del McKinsey Global Institute, publicado este mes.

Pese a que los aranceles de Estados Unidos se situaron en su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, el comercio mundial creció más deprisa que la economía global.

Tanto las importaciones de Estados Unidos como las exportaciones de China marcaron máximos históricos. La dinámica comercial se transformó de forma profunda, pero no llegó a colapsar.

En declaraciones a Euronews, uno de los autores del informe, Tiago Devesa, afirmó que "el mayor cambio en 2025 fue cuánto comerciaron directamente entre sí Estados Unidos y China; aunque los flujos entre ambos países cayeron de forma significativa, esta tendencia es anterior a la introducción de los aranceles".

Según McKinsey, el comercio entre Estados Unidos y China cayó alrededor de un 30% y desaparecieron aproximadamente 130.000 millones de dólares (112.300M€) en exportaciones chinas a Estados Unidos.

Devesa añadió que "a medida que Estados Unidos fue dejando de abastecerse en China, el Sudeste Asiático asumió esencialmente la mayor parte de la demanda estadounidense".

Las exportaciones de los países de la ASEAN aumentaron casi un 14%, ya que Vietnam, Tailandia y Malasia absorbieron cadenas de suministro desplazadas desde China y redirigieron productos terminados, en particular electrónica de consumo, hacia los consumidores estadounidenses.

Mientras tanto, India asumió un papel más acotado pero igualmente muy significativo. Por ejemplo, Estados Unidos redujo en torno a un 40% sus compras de teléfonos inteligentes a China, recortando las importaciones en 18.000 millones de dólares (15.500M€), pero India aumentó sus exportaciones de teléfonos inteligentes a Estados Unidos en 15.000 millones de dólares (13.000M€).

Aun así, el superávit comercial global de China alcanzó un máximo histórico, ya que las empresas chinas se orientaron hacia lo que McKinsey denomina una "fábrica de fábricas", incrementando el suministro de componentes industriales y bienes de equipo a las economías emergentes.

Para seguir siendo competitivos y conservar cuota de mercado en otros lugares, los exportadores chinos también redujeron los precios medios de los bienes de consumo en un 8%.

ARCHIVO. El presidente Trump interviene durante el Día de la Liberación en la Casa Blanca para anunciar nuevos aranceles, 2 de abril de 2025
ARCHIVO. El presidente Trump interviene durante el Día de la Liberación en la Casa Blanca para anunciar nuevos aranceles, 2 de abril de 2025 AP Photo/Mark Schiefelbein

En el caso de Estados Unidos, las cifras muestran la brecha más llamativa entre las promesas políticas y la realidad estadística.

En su discurso del Día de la Liberación, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que "los déficits comerciales crónicos han dejado de ser solo un problema económico. Son una emergencia nacional que amenaza nuestra seguridad y nuestro propio modo de vida. Por estas razones, a partir de mañana Estados Unidos aplicará aranceles recíprocos a otros países".

Sin embargo, la Oficina de Análisis Económico confirmó el año pasado un déficit anual de bienes y servicios de 901.500 millones de dólares (779.000M€), una reducción insignificante del 0,2% frente a los 903.500 millones de dólares (780.500M€) de 2024.

El déficit con China se redujo hasta 202.100 millones de dólares (174.600M€), el nivel más bajo en más de dos décadas, pero los propios datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos muestran que la brecha se trasladó principalmente a Vietnam y Taiwán, donde los déficits bilaterales se ampliaron hasta marcar récords.

Donde Estados Unidos sí se impuso fue en el terreno de la inteligencia artificial.

Estados Unidos aportó aproximadamente la mitad de la nueva capacidad de centros de datos creada en el mundo en 2025 y fue, en gran medida, el motor de la demanda de bienes vinculados a la IA.

El comercio relacionado con la IA se dispara

El comercio mundial recibió un impulso significativo de la inteligencia artificial en 2025, y los envíos relacionados con la IA se convirtieron en el principal motor individual del crecimiento.

McKinsey calcula que las exportaciones de bienes vinculados a la IA representaron aproximadamente un tercio del crecimiento total del comercio, y que los semiconductores y el equipamiento para centros de datos se expandieron hasta suponer más del 35% del comercio mundial.

Los componentes de hardware esenciales para construir y operar sistemas de IA, incluidos chips, servidores y equipos de redes, registraron un fuerte aumento de la demanda a medida que los grandes grupos tecnológicos invertían en desplegar infraestructuras de IA a un ritmo y una escala sin precedentes.

Los polos manufactureros asiáticos, en especial Taiwán, Corea del Sur y partes del Sudeste Asiático, suministraron estos bienes a mercados de todo el mundo, con flujos especialmente intensos hacia Estados Unidos.

Gran parte de este comercio impulsado por la IA se produjo entre economías alineadas geopolíticamente, lo que ilustra cómo esta tecnología ha empezado a redibujar los flujos globales en un contexto de perturbaciones arancelarias en otras áreas.

El informe subraya que el auge de la inversión en IA ha dejado una huella duradera en los patrones comerciales, manteniendo el impulso en un momento en que las rutas tradicionales entre las grandes potencias se estaban contrayendo.

"Cada año, el comercio se ve moldeado tanto por olas de largo plazo como por salpicaduras de corto recorrido", señaló Devesa, y añadió que "el auge de la IA es una ola de largo plazo que seguirá redefiniendo el comercio durante años, mientras que los aranceles fueron la salpicadura disruptiva del año pasado".

El 'doble aprieto' de la UE

De entre todos los grandes bloques, la Unión Europea ofrece el ejemplo más ilustrativo a modo de advertencia.

Según el informe, el bloque se enfrenta a un "doble aprieto".

Por un lado, el déficit comercial de la UE con China se ha ampliado, ya que las importaciones han aumentado y las exportaciones han disminuido. Por otro, su superávit comercial con Estados Unidos se redujo a lo largo del último año.

Además, a medida que caen las exportaciones y aumentan las importaciones en su comercio con China, el bloque se ve envuelto en una carrera con la segunda economía mundial por los mercados clave que son destinos prioritarios de las exportaciones europeas, según Devesa. "También hay una mayor competencia en ese frente", apuntó.

El sector del automóvil sufrió el impacto más acusado. Las exportaciones de coches de la UE a Estados Unidos cayeron un 17%, mientras que los envíos a China se desplomaron más de un 30% en 2025.

Al mismo tiempo, los vehículos eléctricos chinos inundaron Europa, con un aumento de alrededor del 50% hasta superar las 800.000 unidades.

Alemania, corazón de la industria del automóvil europea, importó por primera vez más coches desde China de los que exportó a ese país en toda su historia industrial.

ARCHIVO. Coches eléctricos ID.3 aparcados en la planta de Volkswagen AG en Zwickau, Alemania, febrero de 2020
ARCHIVO. Coches eléctricos ID.3 aparcados en la planta de Volkswagen AG en Zwickau, Alemania, febrero de 2020 AP Photo/Jens Meyer

En conjunto, y si se excluyen las compras puntuales adelantadas de productos farmacéuticos, el superávit comercial manufacturero de la UE se redujo en aproximadamente 40.000 millones de dólares (34.500M€), según McKinsey.

Bruselas ha sentido claramente la presión de este doble aprieto y trata de corregir esa vulnerabilidad.

En enero, la Comisión Europea firmó dos acuerdos de referencia, uno con India, que reduce por ejemplo los aranceles a los automóviles desde niveles de hasta el 110% al 10% en un plazo de cinco años, y otro con Mercosur, que también recorta las barreras a los coches y a los productos farmacéuticos, entre otros.

El martes, la UE anunció un nuevo acuerdo de libre comercio con Australia durante una visita de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

El acuerdo liberaliza los flujos de bienes, aunque mantiene contingentes para los productos agrícolas sensibles de la UE.

Estos acuerdos suponen un intento explícito de diversificar el comercio de la UE y reducir su dependencia de Washington y Pekín, que juntos representan aproximadamente un tercio del comercio exterior del bloque.

Tiago Devesa explicó a Euronews que "la magnitud del comercio actual con los mercados de Mercosur e India es limitada. Sin embargo, son mercados que crecen muy deprisa y que son complementarios a los productos y servicios de la UE. Por ejemplo, India quiere desarrollar manufacturas avanzadas y, para ello, necesita componentes que Europa puede suministrar".

El informe advierte de que, en conjunto, India y Mercosur representan actualmente menos del 8% del comercio de la UE, y que esa cuota tardará tiempo en aumentar. Se trata de pólizas de seguro a largo plazo, no de remedios inmediatos.

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