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¿Tendrá Europa que volver a la energía nuclear?

Vista de las obras del EPR2, los nuevos reactores que se construyen en la central nuclear de Penly, en Petit-Caux, Francia. 12 de marzo de 2026
Vista del emplazamiento EPR2 donde se construyen los nuevos reactores de la central nuclear de Penly, en Petit-Caux, Francia, el 12 de marzo de 2026. Derechos de autor  Ludovic Marin/pool photo via AP
Derechos de autor Ludovic Marin/pool photo via AP
Por Quirino Mealha
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Con la UE importando más del 50% de su energía y afrontando facturas de la luz altas, resurge el debate sobre reactivar la energía nuclear para garantizar independencia y precios asequibles.

El cierre efectivo del estrecho de Ormuz en medio de la guerra en curso entre Irán y sus adversarios ha disparado los precios de la energía y ha vuelto a dejar al descubierto las profundas vulnerabilidades de Europa.

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Como consecuencia, la cuestión de la soberanía energética ha vuelto con fuerza a la mesa en Bruselas. Este mes, la Comisión Europea ha presentado un amplio paquete de iniciativas relacionadas con la energía nuclear dentro de su estrategia energética más general.

Con unos 549 millones de toneladas, la principal producción de energía de Europa sigue procediendo del petróleo y otros equivalentes, según Eurostat.

Las renovables representan algo más del 45% de ese volumen, pero el mix energético global sigue dependiendo en gran medida del petróleo y los productos petrolíferos importados (en torno al 38%) y del gas natural (aproximadamente el 21%).

La última crisis en Oriente Medio ha sumado miles de millones a la factura energética de las importaciones, en un reflejo de los shocks de precios de 2022 tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia.

Incluso en tiempos más calmados, los hogares y la industria pagan algunos de los precios de la electricidad más altos del mundo. Alemania, Bélgica y Dinamarca encabezan la clasificación, como ha señalado en repetidas ocasiones la Comisión Europea.

El desarrollo nuclear es intrínsecamente una apuesta a largo plazo, no puede ofrecer una solución inmediata, pero los acontecimientos recientes han abierto un debate sobre el futuro.

Los líderes europeos, en la Cumbre sobre Energía Nuclear celebrada en París el 10 de marzo, dejaron claro que el bloque quizá tenga poco margen de maniobra si quiere una verdadera independencia y una energía asequible.

Emmanuel Macron, Ursula von der Leyen y Rafael Grossi asisten a la Cumbre sobre Energía Nuclear del OIEA en París, 10 de marzo de 2026
Emmanuel Macron, Ursula von der Leyen y Rafael Grossi asisten a la Cumbre sobre Energía Nuclear del OIEA en París, 10 de marzo de 2026 Abdul Saboor, Pool Photo via AP

En su intervención en la cumbre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue tajante y afirmó que "esta reducción de la cuota de la energía nuclear fue una elección, creo que fue un error estratégico para Europa dar la espalda a una fuente de energía fiable, asequible y con bajas emisiones".

Es un giro claro respecto a la posición de la presidenta de la Comisión sobre este asunto en 2011, aunque no lo mencionó expresamente en su discurso. Von der Leyen formaba parte del Gobierno que propuso y respaldó ese "error", en línea con la posición de su partido en aquel momento.

Alemania cerró sus últimas centrales nucleares en 2023, y el canciller Friedrich Merz también ha calificado la eliminación progresiva de la energía nuclear de "grave error estratégico". Reactivar las viejas plantas es imposible, por lo que la atención se ha desplazado hacia nuevas construcciones y hacia los pequeños reactores modulares (SMR).

Francia, en cambio, genera alrededor del 65% de su electricidad a partir de la energía nuclear y exporta sus excedentes, lo que ilustra el nivel de independencia que se puede alcanzar.

El impacto sobre la seguridad energética podría ser considerable. La energía nuclear proporciona una generación estable de carga base que encaja bien con las renovables, reduce la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles que aún representan más del 60% del total de la UE.

El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró en la misma cumbre que "la energía nuclear es clave para conciliar la independencia, y por tanto la soberanía energética, con la descarbonización, y por tanto la neutralidad en carbono".

Macron también aludió al aumento de la demanda energética derivada de la inteligencia artificial, y subrayó que el parque nuclear francés ha dado al país "la capacidad de abrir centros de datos, de construir capacidad de computación y de situarse en el corazón del desafío de la inteligencia artificial".

La promesa de los pequeños reactores modulares

Bruselas deposita una confianza creciente en los SMR como solución flexible y baja en carbono que puede desplegarse con más rapidez que las centrales tradicionales.

Según la Estrategia sobre SMR de la Comisión Europea publicada este mes, las primeras unidades podrían estar operativas a comienzos de la década de 2030, con una capacidad que podría escalar hasta entre 17 GW y 53 GW en 2050.

Estos reactores compactos, fabricados en serie, se consideran especialmente adecuados para cubrir las necesidades de los centros de datos de inteligencia artificial de alto consumo energético, las aplicaciones de calor industrial, la producción de hidrógeno y las redes de calefacción urbana.

La Comisión se ha comprometido a recortar la burocracia mediante autorizaciones simplificadas y a ofrecer garantías financieras para acelerar su despliegue. Once Estados miembros de la UE ya han respaldado una declaración conjunta a favor de esta tecnología.

El impulso internacional quedó de manifiesto el jueves, cuando Estados Unidos y Japón anunciaron un proyecto de 40.000 millones de dólares (34.750 millones de euros) para desarrollar SMR en Tennessee y Alabama, durante la visita de la primera ministra Takaichi a la Casa Blanca.

La iniciativa, basada en la tecnología de GE Vernova Hitachi, pretende estabilizar los precios de la electricidad para los consumidores y reforzar el liderazgo de ambos países en las soluciones energéticas de próxima generación.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conversa con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en el Despacho Oval, 19 de marzo de 2026
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conversa con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en el Despacho Oval, 19 de marzo de 2026 AP Photo/Alex Brandon

En la cumbre de París, el director general del OIEA, Rafael Grossi, resumió también el creciente consenso mundial al señalar que "todas las condiciones apuntan ahora a integrar plenamente la energía nuclear en el mix energético global".

Quienes defienden esta opción sostienen que los SMR pueden convertirse en un pilar transitorio, capaz de proporcionar una generación fiable de carga base que complemente a las renovables y reduzca la dependencia de Europa de los combustibles fósiles importados.

Experimentos nacionales y cambio de actitud

Los Estados miembros siguen caminos claramente distintos, en un giro pragmático en la forma de evaluar el papel de la energía nuclear en la transición energética.

Una pieza clave de esta apuesta son los reactores europeos de agua a presión (EPR), reactores de tercera generación diseñados para mejorar la seguridad y la eficiencia.

Estos EPR se desarrollaron gracias a la colaboración de empresas francesas y alemanas.

Francia, que ya cubre alrededor del 65% de sus necesidades eléctricas con la energía nuclear, sigue adelante con seis nuevos reactores EPR y estudia otros ocho, al tiempo que amplía su capacidad renovable.

Bélgica pelea por ampliar la vida útil de su parque nuclear existente, Italia prepara proyectos de ley para derogar su antigua prohibición y hasta Grecia, tradicionalmente prudente por sus riesgos sísmicos, ha abierto un debate público sobre los diseños de reactores avanzados y los SMR.

En los países que nunca abandonaron esta tecnología, como Suecia y Finlandia, la energía nuclear sigue siendo el pilar de algunos de los mayores porcentajes de renovables en el consumo final de energía.

La energía nuclear aporta alrededor del 23% de la electricidad de la UE y alrededor del 50% de su electricidad baja en carbono, según Eurostat, y la experiencia de Finlandia muestra que puede ofrecer precios más estables y competitivos que en países que la están abandonando, como Alemania.

Este movimiento también puede ayudar al bloque a evitar emisiones equivalentes a retirar un tercio de todos los coches de las carreteras del mundo.

Emmanuel Macron interviene durante una visita a las obras de los nuevos reactores de generación EPR2 en la central nuclear de Penly, en Petit-Caux, Francia, 12 de marzo de 2026
Emmanuel Macron interviene durante una visita a las obras de los nuevos reactores de generación EPR2 en la central nuclear de Penly, en Petit-Caux, Francia, 12 de marzo de 2026 Ludovic Marin/Pool Photo via AP

El octavo Programa Nuclear Ilustrativo de la Comisión Europea, publicado este mes, prevé que la capacidad nuclear total de la UE pasará de 98 GW en 2025 a entre 109 GW y 150 GW en 2050, apoyada en unas inversiones nuevas estimadas en 241.000 millones de euros.

Estos experimentos nacionales reflejan un reconocimiento creciente de que la energía nuclear puede reforzar la soberanía energética a medio y largo plazo.

Obstáculos que no se pueden ignorar

Sin embargo, persisten importantes obstáculos que no pueden pasarse por alto. La gestión de los residuos, la aceptación social y la necesidad de una normativa armonizada a escala de la UE siguen siendo cuestiones sin resolver.

Las organizaciones ecologistas advierten de que una gran apuesta por la energía nuclear podría desviar fondos y atención política del despliegue más rápido de las renovables.

Los elevados costes de capital y los largos plazos de construcción continúan inquietando a los inversores, mientras que en Alemania, Austria y otros países siguen arraigadas oposiciones muy profundas.

El desarrollo nuclear es intrínsecamente una apuesta a largo plazo, no puede ofrecer una solución inmediata a las actuales interrupciones de suministro ni a los repuntes de precios. En la actualidad, Europa sigue dependiendo de la tecnología, el uranio y el suministro de combustible rusos, lo que añade otra capa de riesgo estratégico.

Los SMR, pese a su potencial, se consideran en general una tecnología aún no probada a escala comercial, y a comienzos de 2026 no se ha concedido ninguna licencia de construcción en la UE.

Con todo, el bloque se ha comprometido a destinar 330 millones de euros hasta 2027 para acelerar la investigación en fusión y apoyar tecnologías nucleares con vistas a su futura conexión a la red.

La energía nuclear no es una panacea, pero la combinación de presiones geopolíticas, una demanda disparada por la inteligencia artificial y unas facturas energéticas persistentemente altas obliga a replantearse en serio el futuro energético de la UE.

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