El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja su previsión de crecimiento para la eurozona en 2026, reduciéndola del 1,4% al 1,1%, debido a una inflación más persistente y a una desaceleración de la actividad económica.
Las perspectivas económicas para la eurozona se han ensombrecido: el FMI ha rebajado su previsión de crecimiento del PIB al 1,1% para el año en curso. Esta revisión a la baja desde el 1,4% anterior se produce como consecuencia directa de la guerra en Irán, que ha sacudido los mercados internacionales.
Según el informe 'Perspectivas de la economía mundial' del FMI, publicado el martes, la perturbación de los mercados energéticos por el bloqueo del estrecho de Ormuz y los daños en infraestructuras en Oriente Medio han frenado de facto la recuperación de las principales economías del mundo.
El aumento de las hostilidades ha elevado las expectativas de inflación mundial hasta el 4,4%. "Se confía en que buena parte de este impacto económico sea pasajero, siempre que el conflicto no se prolongue", señaló Lindsay James, estratega de inversión en Quilter.
"Cuanto más se alargue el conflicto, mayor será el potencial de recesión económica", añadió. Para Europa, que sigue siendo muy sensible a las oscilaciones del precio del gas natural, el repunte del 19% en los costes energéticos que contempla el FMI supone un importante obstáculo para la producción industrial.
El economista jefe, Pierre-Olivier Gourinchas, señaló que, aunque la economía mundial había mostrado anteriormente resiliencia frente a las políticas comerciales proteccionistas, la actual crisis en Oriente Medio ha frenado ese avance.
El FMI advierte además de que los 21 países que comparten el euro figuran entre los más afectados por el fuerte aumento de los costes, ya que carecen de la independencia energética de otras grandes potencias.
"Las tensiones siguen muy elevadas [a pesar del alto el fuego]... incluso con una solución, es poco probable que las cosas vuelvan a la normalidad y ahora tendremos que acostumbrarnos a unos precios elevados del petróleo y el gas durante un futuro previsible", continuó James.
La presión económica se deja sentir de forma especialmente intensa en Ucrania, que tiene que hacer frente a la invasión a gran escala de Rusia y donde la inflación alcanzó el 7,9% en marzo.
Según el gobernador del Banco Nacional de Ucrania, el país "camina sobre el filo de una navaja" mientras intenta equilibrar el esfuerzo bélico interno con los choques externos de precios.
EE.UU. y Rusia muestran ritmos económicos divergentes
Mientras Europa se enfrenta a una economía en enfriamiento, Estados Unidos también ha visto recortada su previsión de crecimiento al 2,3%. El FMI apunta que el impacto de los aranceles comerciales estadounidenses ha sido menos severo de lo temido en un principio, pero el choque energético sigue siendo un factor determinante.
Por el contrario, se espera que Rusia registre una ligera revisión al alza, hasta el 1,1%, ya que se beneficia de un aumento de los ingresos por exportaciones ligado al encarecimiento del petróleo.
Esto configura un complejo panorama geopolítico en el que los exportadores de energía disfrutan de un respiro temporal mientras que los importadores, especialmente en la eurozona y en África subsahariana, ven cómo desaparecen sus colchones fiscales.
El FMI se mantiene cauto respecto al futuro, y señala que, pese a las noticias sobre un alto el fuego temporal, los riesgos a la baja siguen siendo elevados. Si la volatilidad energética se prolonga hasta 2027, el organismo advierte de un "escenario grave" en el que el crecimiento mundial podría desplomarse hasta el 2%, lo que obligaría a los bancos centrales a mantener tipos de interés elevados para combatir una inflación persistente.