El encarecimiento de las importaciones de combustible y fertilizantes presiona a Asia y el Pacífico, en especial a pequeños Estados insulares, y empuja a los gobiernos a acelerar la transición energética y la resiliencia.
El crecimiento económico en el Pacífico podría desacelerarse del 4,2% en 2025 al 2,8% en 2026, con riesgos a la baja que podrían arrastrarlo hasta el 2,0%, según el Banco Asiático de Desarrollo (BAD).
El banco señaló que la revisión a la baja refleja el deterioro de las condiciones globales, relacionado en parte con las interrupciones del suministro energético provocadas por el conflicto en Oriente Medio.
El presidente del BAD, Masato Kanda, explicó a 'Euronews' que la institución ya prepara apoyos específicos para las economías sometidas a presión.
"Hemos recibido varias peticiones de ayuda y queremos prestar asistencia con rapidez y más allá de las necesidades inmediatas", señaló Kanda. "Estamos preparados para ayudar a los países del Pacífico a reforzar su resiliencia mediante la diversificación de sus fuentes de energía".
El BAD indicó que las pequeñas economías insulares siguen particularmente expuestas a los choques externos. Tonga, por ejemplo, destina más del 10% de su PIB a la importación de combustibles fósiles.
Transición energética e inversión a largo plazo
Además de la ayuda inmediata, el BAD está ampliando la inversión en seguridad energética y en proyectos de infraestructuras en toda la región.
Kanda destacó el respaldo a proyectos de energías renovables, entre ellos el proyecto hidroeléctrico del río Tina, de 15 megavatios, en las Islas Salomón, que se prevé cubra en torno al 70% de las necesidades de electricidad del país una vez que se complete en 2028.
También se refirió a la expansión de los sistemas de baterías y almacenamiento de energía en varias economías, con el objetivo de mejorar la estabilidad de las redes eléctricas y reducir la dependencia de los combustibles importados.
"Estamos viendo inversión en sistemas de almacenamiento de energía en varios países, y esto podría ayudar a que las economías sean más resilientes a largo plazo", afirmó Kanda.
Presiones sobre los precios de los alimentos y de los insumos
Más allá de los mercados energéticos, el BAD advirtió de que las economías en desarrollo de Asia siguen expuestas al aumento de los precios de los fertilizantes, lo que añade presión sobre la seguridad alimentaria y la producción agrícola.
Según el banco, la dependencia de las importaciones representa más del 60% del consumo en la mayoría de las subregiones, lo que las deja muy vulnerables a las oscilaciones de los mercados externos.
La exposición es mayor en el sur de Asia, donde el 34% de las importaciones de fertilizantes procede de Oriente Medio. Le siguen Asia Central y Occidental, con el 24%, el sureste asiático, con el 17%, y el este de Asia, con el 13%.
El banco señaló que las economías de renta baja con grandes sectores agrícolas afrontan los riesgos más elevados debido a su doble dependencia de las importaciones y a su vulnerabilidad a las perturbaciones en la producción de alimentos.
Cooperación regional y respuesta política
El BAD indicó que está desplegando medidas de apoyo de emergencia y a medio plazo, entre ellas financiación del comercio, apoyo presupuestario y programas de resiliencia.
"Utilizamos nuestra financiación del comercio y de las cadenas de suministro para cubrir necesidades inmediatas a corto plazo", señaló Kanda. "También proporcionamos apoyo presupuestario rápido para proteger a las poblaciones vulnerables y ponemos en marcha herramientas de resiliencia a medio plazo para estabilizar las economías".
El impacto se extiende más allá del Pacífico y afecta a las economías de toda Asia y Asia Central. La ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, declaró a 'Euronews' que los efectos son globales, aunque desiguales entre regiones.
"Asia Central incluye grandes productores de energía, por lo que el impacto puede ser menor que en otros lugares. Aun así, todo el mundo se está viendo afectado", afirmó.
Katayama subrayó también la necesidad de una cooperación regional más estrecha, que incluya la diversificación de las cadenas de suministro y los esfuerzos de transición energética.
"Estos cambios llevan tiempo, pero existe la percepción compartida de que avanzamos en la misma dirección", añadió.
Dado que los mercados de la energía y de los alimentos siguen bajo presión, el BAD señaló que las perspectivas regionales dependerán de la capacidad de las economías para adaptarse a las perturbaciones persistentes de la oferta y a los choques externos.