Aunque no se celebre en Portugal, el Mundial de fútbol podría generar un impacto económico de hasta 945 millones de euros en la economía portuguesa, según un estudio del Instituto Portugués de Administración de Marketing (IPAM).
Aunque no será país anfitrión, Portugal podría ingresar hasta 945 millones de euros con el Mundial de Fútbol de 2026, según un estudio del IPAM, el Instituto Portugués de Administración de Marketing, que analiza el impacto de la competición en la economía portuguesa.
El estudio apunta a un cambio estructural en el modelo económico del fútbol, cuyo impacto ya no depende de la geografía, sino de la capacidad de aficionados, marcas y medios para amplificar el evento antes, durante y después de los partidos.
El análisis, elaborado por el Gabinete de Estudios de Marketing Deportivo del IPAM, estima un impacto económico de entre 378 y 945 millones de euros, que dependerá directamente del rendimiento de la selección nacional.
El valor mínimo estimado, correspondiente a la fase de grupos, es de 378 millones de euros. En un escenario intermedio, con la llegada a octavos de final, el impacto podría alcanzar los 561 millones de euros. En caso de victoria, podría llegar a 945 millones de euros.
Según el estudio, este crecimiento se debe a cuatro factores principales: "El aumento del poder adquisitivo, la organización de la competición en mercados de elevada capacidad económica (Estados Unidos, Canadá y México), la ampliación del Mundial a 48 selecciones y 104 partidos y la consolidación de la economía digital como nueva fuente de valor".
El Gabinete de Estudios de Marketing Deportivo del IPAM indica que este será "el mayor impacto de la historia en Portugal" asociado a una competición no organizada en territorio nacional.
"Portugal no necesita organizar el Mundial para generar un impacto económico relevante. Lo que demuestra este estudio es que el valor del fútbol ha dejado de concentrarse en el estadio o en el país anfitrión. Hoy, el impacto se crea a través del consumo, la atención, la interacción digital y la capacidad de los aficionados para amplificar el evento", afirma Daniel Sá, director ejecutivo del IPAM, citado en un comunicado.
Incluso la Eurocopa 2016, que ganó Portugal, generó un impacto de 609 millones de euros, una cifra que la proyección máxima para 2026 supera en más de 300 millones.
La investigación destaca "el papel del aficionado como nuevo activo económico". "Un aficionado ocasional", descrito como "el consumidor de momentos", puede generar entre 40 y 70 euros durante la competición. En cambio, "los aficionados intensivos y digitales pueden alcanzar valores mucho más elevados", con un gasto estimado de 3.500 euros, "debido a la combinación entre consumo recurrente, presencia multiplataforma, interacción social e influencia sobre otros consumidores".
Aunque el consumo tradicional sigue representando la mayor parte del impacto, en torno al 77%, la componente digital ya supone el 23% del valor estimado, a través de plataformas de streaming, redes sociales, engagement y creación de contenidos por parte de los usuarios, revela el estudio.
El consumo doméstico aparece como la principal categoría de impacto, con un 26% del total, seguido de la restauración, con un 15%, y de la publicidad y los medios, con un 14%. En el bloque digital, las plataformas de streaming y OTT representan un 10%, el engagement en redes sociales un 7% y la llamada "content economy" (economía de contenidos) un 6%.
Según los investigadores, las cartas y cromos (5%) y el merchandising (4%) indican que el Mundial "activa economías emocionales y de coleccionismo, con una fuerte tracción en segmentos específicos y en ciclos de compra por impulso". También las apuestas (6%) aparecen como un componente relevante, aunque ya integrado en una lógica de entretenimiento y conveniencia.
Por otro lado, los viajes (4%) tienen un peso menor, algo coherente con un evento que se celebra fuera de Europa y con la idea central del estudio de que "el impacto ya no depende de la presencia física".
"El fútbol sigue generando consumo, pero el crecimiento está cada vez más en la forma en que ese consumo se comparte, se comenta, se transforma en contenido y se amplifica. Casi uno de cada cuatro euros generados por el Mundial ya procede del ámbito digital", detalla Daniel Sá.
Para el IPAM, el Mundial 2026 adelanta también desafíos estratégicos relevantes para las marcas, los medios y las entidades públicas, que se proyectan igualmente hacia el Mundial 2030, que será coorganizado por Portugal. "Las marcas tendrán que abandonar modelos rígidos de planificación y apostar por activaciones en tiempo real. Los medios tendrán que combinar televisión, streaming y contenidos digitales. El tejido económico podrá beneficiarse no solo a través de la restauración, el comercio minorista y el turismo, sino también mediante nuevos ingresos asociados a plataformas, creadores de contenido y la economía de la atención", señala el instituto.
El estudio deja además otra reflexión para el Mundial 2030, organizar un evento de esta dimensión no garantiza por sí solo un impacto económico. El verdadero valor dependerá de la capacidad de activación estratégica antes, durante y después de la competición. "Quien sepa interpretar el Mundial 2026 gana más que quien simplemente lo retransmite. Esta es quizá la principal conclusión del estudio: el valor del Mundial ya no está solo en el evento, está en la forma en que se activa", concluye Daniel Sá.