El Gobierno interino de Delcy Rodríguez planea reconocer una deuda de 240.000 millones de dólares, muy superior a las estimaciones del mercado, en una apuesta por devolver a Venezuela a los mercados internacionales.
La cifra desborda todas las quinielas. Venezuela se dispone a reconocer una deuda cercana a los 240.000 millones de dólares, muy por encima de los 150.000 a 200.000 millones que calculaba hasta ahora el mercado. La noticia, desvelada por el 'Financial Times', situaría a Caracas ante la mayor reestructuración jamás registrada, por encima incluso del histórico impago de Grecia en 2012.
El movimiento llega tras el vuelco político del país. Después de la captura de Nicolás Maduro el pasado mes de enero, la presidenta interina Delcy Rodríguez ha tomado el mando y el objetivo lo tiene claro: cerrar un acuerdo con los acreedores antes de que acabe el año y devolver a Venezuela a los mercados internacionales, de los que lleva descolgada casi una década.
Según el diario británico, el banco estadounidense Centerview Partners, contratado como asesor, ultima un plan de viabilidad que se publicará a principios de julio. Antes, este mismo mes, Caracas dará a conocer un marco macroeconómico con una fotografía demoledora: una economía encogida hasta unos 100.000 millones de dólares, frente a los 370.000 del último año de Hugo Chávez en 2012.
Una deuda mucho mayor de lo previsto
Pero en todo esto un detalle enciende las alarmas: a diferencia de lo que sucede en otras grandes reestructuraciones, el análisis de sostenibilidad no lleva la firma del Fondo Monetario Internacional. El gesto ya preocupa a la oposición venezolana, que teme que el país pueda quedar en una situación todavía más frágil frente a sus acreedores.
El propio FMI ha marcado distancias y ha aclarado que, aunque no participa en el proceso, mantiene contactos técnicos con Caracas, con la que retomó la relación el pasado abril tras siete años de ruptura.
La parte mejor documentada de la deuda la forman los bonos del Estado y de PDVSA, unos 60.000 millones a los que se suman otros 40.000 en intereses acumulados desde el impago. A ello hay que añadir lo adeudado a petroleras y proveedores, las reclamaciones por las expropiaciones de la era Chávez y los préstamos pendientes con China y Rusia.
La gran incógnita, para los inversores, no es tanto la cifra como el petróleo. El banco central cifró en 5.500 millones los ingresos por crudo del primer trimestre, una leve mejora respecto al tramo final de Maduro, pero lejos de los tiempos previos a las sanciones. Por eso cunde el escepticismo: pocos creen que el acuerdo llegue en 2026 y la mayoría mira ya a 2027.