Mientras los misiles amenazaban el golfo y los vecinos se quedaban en casa, los repartidores seguían llevando comida y medicinas por Doha, muchos los consideraban héroes.
En los primeros días de la guerra con Irán, mientras misiles y drones amenazaban el Golfo, cundía la incertidumbre y la vida cotidiana se veía alterada. En Qatar, mientras muchas personas se quedaban en casa, otras siguieron trabajando.
Entre ellas estaban los conductores de la empresa local Snoonu, que repartían comida, medicamentos y suministros por todo Doha.
"El primer día del conflicto fue muy difícil", cuenta Abdulaziz AlQahtani, director general de Snoonu.
"Eres responsable de un negocio que presta servicio a la comunidad. Por eso estábamos siguiendo de cerca las indicaciones de los anuncios del Gobierno para asegurarnos de que todo transcurría con normalidad", añade AlQahtani.
A medida que más gente se quedaba en casa, aumentaba la demanda de envíos y la empresa tuvo que adaptarse con rapidez.
Entre bastidores, los equipos de operaciones trabajaban sin descanso, coordinando pedidos, siguiendo envíos y respondiendo a las alertas de seguridad.
"El reto era garantizar ante todo la seguridad de los conductores, además de mantener la operativa fluida y seguir ayudando a la comunidad", explica AlQahtani.
A los conductores se les ofreció la posibilidad de quedarse en casa, pero muchos optaron por seguir repartiendo por todo el país a pesar de los riesgos.
"Somos repartidores y conductores, y toda la comunidad depende de nosotros para recibir comida y medicinas en estas situaciones", afirma el repartidor Muhammad Rehan Butt.
Varios cafés y negocios siguieron abiertos, pero con menos gente en la calle los repartidores se convirtieron en un eslabón esencial. Para quienes seguían en la carretera, los riesgos eran reales.
El repartidor Muhammad Saad Muhammad Ayub, originario de Pakistán, asegura que se sentía orgulloso de apoyar a Qatar durante la crisis.
"Me siento feliz de poder servir a la comunidad porque esta comunidad me da mucho", cuenta.
Mark Coffie, un conductor de Ghana, añade: "Me siento muy orgulloso, porque no sabía que nuestro papel fuera tan importante".
Para muchas personas en Qatar, esto cambió la manera de ver a los repartidores. Cuando la vida cotidiana estaba amenazada, ayudaron a que el país siguiera en marcha y a que la población recibiera lo que necesitaba.
"Son nuestros campeones, fueron nuestros héroes en aquellos días. Veíamos a esos valientes conductores salir a la calle para intentar apoyar a nuestra comunidad… y estamos muy orgullosos de ellos", concluye AlQahtani.