Tras seis meses marcados por la guerra, un shock petrolero y un frenético negocio de la IA, economistas advierten de que el resto del año depende de una cadena de riesgos, con la frágil paz entre Estados Unidos e Irán como factor clave.
La segunda mitad del año depende de una delicada cadena de fichas de dominó, según un nuevo informe de Oxford Economics, y que se mantenga el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán es el factor que determinará cómo caen las demás.
"Su duración determinará si la economía global recibe un viento de cola desinflacionista por la energía o si tiene que absorber una segunda sacudida petrolera", señaló en el informe Ryan Sweet, economista jefe global, que describió el acuerdo como "la ficha clave que determinará si otros riesgos se amplifican o se atenúan".
La consultora prevé que la economía mundial acelere, con un crecimiento anualizado del 3,1% en la segunda mitad frente a un estimado 1,6% en la primera, impulsado sobre todo por un abaratamiento del petróleo que se traslada a las rentas de los hogares, aunque Sweet sitúa las probabilidades de lograr un acuerdo duradero en "cara o cruz".
Si la tregua se mantiene, Oxford Economics prevé que el Brent se sitúe de media en la franja baja de los 70 dólares por barril, lo que aliviaría la inflación y las condiciones financieras en los mercados emergentes y en las valoraciones tecnológicas.
Si se rompe, las consecuencias no se limitarían al mercado petrolero.
A primera hora del miércoles, el Ejército estadounidense atacó Irán después de afirmar que Teherán había alcanzado tres barcos en el estrecho de Ormuz. Irán respondió con ataques dirigidos contra Baréin y Kuwait. El fuego cruzado en la región aumentó el riesgo de que el acuerdo provisional para detener los combates en la guerra acabara desmoronándose. Sin embargo, el intercambio de disparos siguió el patrón de ataques similares durante el frágil alto el fuego del acuerdo, y ninguno de los dos países señaló de inmediato que fuera a levantarse de la mesa de negociación.
Los precios del petróleo reaccionaron a los ataques con subidas de más del 3% hasta la mañana del miércoles, con el Brent, referencia internacional, cotizando por encima de 76 dólares por barril.
"Una ruptura del acuerdo de paz no solo encarecería el petróleo, también aumentaría la presión sobre las cadenas de suministro de IA en Asia, obligaría a los bancos centrales a adoptar una postura más agresiva, endurecería las condiciones financieras y podría alterar el resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos y de los comicios israelíes [...] la cascada se produciría con rapidez", afirmó Sweet.
Cara o cruz con una horquilla de 20 dólares
No todos comparten la previsión de Oxford Economics sobre el precio del petróleo.
El informe de mitad de año de Morgan Stanley, publicado en mayo, anticipa que el crudo volverá a rondar los 90 dólares por barril a finales de año, una diferencia de unos 20 dólares respecto al pronóstico de Oxford Economics que equivale a dos apuestas distintas sobre el mismo proceso de paz.
El Banco Mundial se muestra también más cauto, y prevé que el Brent promedie en torno a 94 dólares por barril este año mientras advierte de que el crecimiento del PIB mundial se desacelerará hasta el 2,5% en 2026.
Al reflexionar sobre cómo el reciente intercambio de ataques pone a prueba la frágil tregua, Sweet señaló: "El tráfico por el estrecho de Ormuz es un buen indicador adelantado. El acuerdo compromete a restablecer por completo el tráfico por este punto de estrangulamiento en un plazo de 30 días, lo que sitúa a mediados de julio como primer plazo firme", explicó.
"Un retorno sostenido al 75% o más del tráfico previo a la guerra hacia mediados de julio aumentaría las probabilidades de que el acuerdo se esté manteniendo, y viceversa", concluyó Sweet.
El otro indicador, señala, es si Irán invoca formalmente la cláusula sobre Líbano del acuerdo a raíz de los ataques israelíes y si su respuesta adopta forma militar o retórica.
Aranceles, comercio e IA
El comercio es otro riesgo que puede redefinir las perspectivas.
Los aranceles estadounidenses de la Sección 122 expiran el 24 de julio, pero Washington ya ha preparado nuevos gravámenes al amparo de la Sección 301. Oxford Economics prevé que los cambios eleven los tipos arancelarios efectivos desde finales de julio, mientras Estados Unidos busca mantener unos ingresos mensuales por aranceles de entre 25.000 millones de dólares (21.800 millones de euros) y 30.000 millones de dólares (26.200 millones de euros).
Europa también está adoptando una postura más firme. La Comisión Europea tiene abiertas más de 50 investigaciones de defensa comercial contra China, frente a 17 hace un año, y planea presentar una estrategia más amplia de seguridad económica antes de septiembre.
Estas tensiones comerciales también alimentan el auge de la IA que ha impulsado los mercados financieros este año.
Oxford Economics señala que la industria estadounidense de IA depende en gran medida de semiconductores y otro hardware enviado desde el noreste y el sudeste asiático, las regiones que más tienen que perder ante cualquier nueva perturbación en las materias primas que pasan por el estrecho de Ormuz.
Mientras, el Banco de Pagos Internacionales (BIS), organismo paraguas de los bancos centrales, advirtió que el auge de la IA se basa cada vez más en una opaca "financiación circular" entre fabricantes de chips, gigantes de la nube y laboratorios de inteligencia artificial, así como en crédito privado poco regulado, donde la concesión de préstamos al sector se ha cuadruplicado en cinco años.
El responsable del BIS para Asia-Pacífico, Zhang Tao, advirtió de que la dependencia del sector de la financiación no bancaria implica que una desaceleración de la IA podría desencadenar una corrección más brusca y rápida que una crisis bancaria tradicional.
Sweet ha modelizado cómo podría ser un giro de este tipo.
"Hemos creado un supuesto escenario de pinchazo tecnológico en el que las acciones tecnológicas estadounidenses caen un 25% a lo largo de un año", explicó a Euronews.
Según Sweet, un choque de este tipo haría que la economía estadounidense "se paralice prácticamente", con efectos de arrastre sobre los exportadores tecnológicos y sobre el sentimiento inversor en todo el mundo, lo que dejaría el crecimiento global 1,1 puntos porcentuales por debajo del escenario de referencia de Oxford Economics el próximo año.
Bancos centrales, urnas y calendario
Las últimas fichas de dominó son la política económica y la política institucional.
Oxford Economics espera que los principales bancos centrales se muestren más acomodaticios de lo que descuentan hoy los mercados, aunque podrían girar con rapidez si el tráfico por el estrecho de Ormuz se resiente o si los precios de los insumos de IA apuntan a tensiones de oferta.
La primera prueba llegará con la decisión sobre tipos de la Reserva Federal, presidida por Kevin Warsh, más adelante este mes, justo después del flojo informe de empleo de junio.
Por delante se sitúan las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, en noviembre, y las elecciones generales en Israel, previstas para finales de octubre, que en ambos casos podrían influir en el proceso de paz en Oriente Medio. En septiembre, las elecciones regionales en Alemania podrían poner a prueba la coalición que respalda la política fiscal alemana, un factor clave para la economía de la eurozona.
Oxford Economics también señala posibles sorpresas al alza, desde una mejora de la productividad ligada a la IA hasta una economía de la UE que ha soportado el segundo trimestre de forma sorprendentemente sólida.
Si esa resiliencia en Europa es real se verá primero en Alemania y en los datos de crédito, sostiene Sweet.
"Si las empresas estuvieran absorbiendo la compresión de márgenes provocada por el salto de los precios de la energía sin recortar la inversión ni tirar de sus líneas de crédito, eso reforzaría la idea de que el impulso subyacente de la economía es mejor de lo que pensábamos", dijo a Euronews, añadiendo que una contracción del crédito bancario en la eurozona apuntaría en la dirección contraria.
Conviene subrayar que el error típico en las previsiones de Oxford Economics se aproxima a un punto porcentual completo, y que el rango de incertidumbre en torno a esta evaluación en concreto es más amplio de lo habitual.