Loader
Encuéntranos
Publicidad

El "efecto Canadá": Qué empresas europeas pueden beneficiarse de lazos más estrechos

El primer ministro canadiense, Mark Carney, a la izquierda, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, participan en una reunión en el Parlamento Europeo
El primer ministro canadiense Mark Carney, a la izquierda, y Ursula von der Leyen participan en una reunión en el Parlamento Europeo de Estrasburgo Derechos de autor  AP
Derechos de autor AP
Por Piero Cingari
Publicado
Compartir Comentarios Sigue a Euronews en Google
Compartir Close Button

La guerra comercial de Estados Unidos empuja a Canadá hacia Europa, donde las empresas europeas pueden ganar terreno antes en defensa, aeronáutica y tecnología industrial.

La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá está acercando a Ottawa a la Unión Europea. Para las empresas europeas, ese giro ya está abriendo oportunidades en defensa, aeroespacial y tecnología industrial.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

El primer ministro canadiense Mark Carney recibió una ovación en pie en Estrasburgo el miércoles, algo que no es habitual para un jefe de Gobierno extranjero en el Parlamento Europeo.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dio después a ese recibimiento un significado político.

"Me gustaría trabajar con usted para abrir la puerta a que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la UE", afirmó durante el discurso anual sobre el Estado de la Unión.

Von der Leyen describió la relación más amplia como una 'Alianza para el futuro', que abarcaría la defensa, la energía, la tecnología, los minerales críticos y el Ártico.

Qué significa ser "miembro asociado"

En los tratados de la UE no existe una categoría de "miembro asociado" ya definida ni un modelo al que Canadá pueda adherirse sin más.

Crearla exigiría un acuerdo entre los Estados miembros y complejas negociaciones jurídicas.

Diez países, entre ellos Francia e Italia, todavía no han ratificado plenamente el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), casi una década después de la firma del pacto comercial entre Canadá y la Unión Europea.

Carney también ha señalado que Canadá no aspira a ser miembro de pleno derecho de la UE. Ottawa quiere en cambio una "alianza única" que vaya más allá de un acuerdo clásico de libre comercio.

Por ahora, la propuesta es más un mensaje político que un plan jurídico detallado.

Sin embargo, los contratos más recientes muestran que la relación comercial ya avanza.

El comercio entre la UE y Canadá ya toma impulso

El intercambio de bienes y servicios entre ambas partes ha crecido más de un 81 % desde 2016, el año anterior a la entrada en vigor provisional del CETA, hasta superar los 130.000 millones de euros en 2025, según el Consejo de la UE.

Las exportaciones de bienes de la UE a Canadá ascendieron a 48.900 millones de euros. Las exportaciones de servicios sumaron otros 29.400 millones de euros.

Alemania envió el año pasado bienes por unos 12.000 millones de euros a Canadá. Italia se situó después con 6.300 millones, por delante de Francia, con 4.400 millones.

La maquinaria, los productos químicos, los farmacéuticos y el material de transporte dominan las ventas europeas a Canadá.

Las ventas europeas de maquinaria a Canadá alcanzaron el año pasado un máximo histórico de 9.500 millones de euros. El material eléctrico subió de 2.000 millones de euros en 2022 a 3.300 millones, y los automóviles pasaron de 2.900 a 4.400 millones en el mismo periodo.

El sector aeroespacial fue el que más creció. Las ventas de aeronaves con motor aumentaron de 449 millones de euros en 2022 a 1.200 millones el año pasado.

Las empresas europeas de defensa pueden beneficiarse

La defensa ofrece la prueba más clara de que Canadá está mirando más allá de sus proveedores tradicionales estadounidenses.

En julio, Ottawa eligió a la alemana TKMS AG & Co. KGaA, el astillero naval escindido de Thyssenkrupp AG el pasado octubre, como proveedor preferente de hasta 12 nuevos submarinos.

Aunque el contrato definitivo aún no se ha firmado, la decisión sitúa a una empresa europea en el centro de uno de los mayores programas de adquisiciones militares de Canadá.

La sueca Saab también ha ganado terreno. Ottawa la ha seleccionado como proveedor preferente de seis aviones de vigilancia GlobalEye, por delante de las alternativas de Boeing y L3Harris.

El GlobalEye se basa en reactores de negocios fabricados por la canadiense Bombardier Inc., y Saab se ha ofrecido a realizar buena parte del trabajo en Canadá, combinando sensores y sistemas de misión europeos con fuselajes canadienses.

Los aparatos utilizan reactores producidos por Bombardier en Canadá. Saab ha propuesto completar gran parte del trabajo en territorio canadiense, combinando tecnología europea con fabricación canadiense.

En junio, Canadá se convirtió además en el primer país no europeo admitido a los procesos de contratación del programa de defensa SAFE de la UE.

Ello da a los fabricantes canadienses acceso a compras conjuntas europeas y facilita que los grupos europeos de defensa creen cadenas de suministro que incluyan empresas canadienses.

Airbus y Siemens ya tienen una sólida presencia

La oportunidad se extiende más allá del material militar. Air Canada ha cursado un pedido en firme a Airbus de ocho aviones A350-1000.

El Gobierno también ha contratado a Airbus cuatro nuevos aviones cisterna A330 y cinco conversiones, parte de un programa de 3.600 millones de dólares canadienses (2.200 millones de euros) cuyo primer aparato de nueva construcción voló en julio.

Ottawa ha comprometido otros 1.500 millones de dólares canadienses (930 millones de euros) para mantener la flota en el aire.

La alemana Siemens está invirtiendo 150 millones de dólares canadienses (97 millones de euros) en cinco años en un centro de investigación en Canadá para la fabricación de baterías impulsada por inteligencia artificial.

Los grupos franceses Keolis, Systra y SNCF Voyageurs forman parte asimismo del consorcio Cadence, seleccionado en 2025 para desarrollar Alto, la proyectada línea de alta velocidad entre Toronto y Quebec. Canadá ha asignado unos 2.400 millones de euros a la fase de desarrollo del proyecto.

Los minerales críticos pueden ser la próxima oportunidad

Las reservas de níquel, litio, cobre y otros minerales críticos de Canadá ofrecen otra posible área de cooperación.

Europa quiere reducir su dependencia de proveedores concentrados y políticamente arriesgados.

Canadá busca más inversión, capacidad de transformación y clientes fuera de Estados Unidos.

En marzo, el Banco Europeo de Inversiones y el Gobierno canadiense firmaron una carta de intenciones para explorar la financiación de proyectos canadienses de minerales críticos.

El acuerdo todavía no incluye compromisos financieros.

Sin embargo, podría acabar respaldando a empresas europeas dedicadas a la tecnología minera, el procesado, el reciclaje y la producción de baterías.

El precio de un acceso europeo más profundo

En 2024, el CETA había eliminado el 99 % de las líneas arancelarias. Una nueva alianza tendría por tanto que ofrecer algo más que otra reducción de derechos de aduana.

Los siguientes avances probablemente llegarían de la contratación pública, la inversión, el comercio digital, la movilidad profesional y el reconocimiento mutuo de normas.

Un mayor acceso podría exigir también que Canadá armonice parte de su normativa con la de la UE en los sectores que cubra cualquier futuro acuerdo.

No obstante, es prematuro dar por hecho que Canadá adoptará las reglas europeas en ámbitos que van desde la agricultura hasta la protección de datos. Eso dependerá de lo que acabe significando la "membresía asociada".

Angelo Katsoras, analista geopolítico del National Bank of Canada, señaló en una nota de agosto que Bruselas está "recurriendo cada vez más a las normas de contratación, las subvenciones, los aranceles y los requisitos de contenido local para fomentar una mayor fabricación dentro de Europa".

Eso podría crear dificultades a las empresas canadienses que intentan entrar en el mercado europeo.

"Diversificar el comercio más allá de Estados Unidos hacia regiones como la UE probablemente será más difícil de lo que muchos imaginan", afirmó Katsoras.

¿Puede Europa sustituir a Estados Unidos?

La respuesta breve es no.

Estados Unidos absorbió el 71,7 % de las exportaciones de mercancías de Canadá en 2025. La UE, en comparación, representó el 8,7 % del comercio total de bienes canadiense.

Canadá no puede sustituir rápidamente los oleoductos, ferrocarriles, fábricas y cadenas de suministro transfronterizas construidos en torno a su vecino del sur.

El escenario más realista es una redistribución gradual de la inversión y de los contratos públicos.

La defensa y el ferrocarril pueden avanzar primero porque los gobiernos eligen a los proveedores. Los minerales críticos, la tecnología de baterías y las infraestructuras energéticas podrían seguirles a medida que se desarrollen la financiación y las cadenas de suministro.

El giro europeo de Canadá es por tanto menos un divorcio económico de Estados Unidos que una decisión de dejar de depender de un único socio.

Para las empresas europeas, los principales beneficiados no serán necesariamente quienes más exporten.

Lo serán los grupos dispuestos a convertir la tecnología europea en producción, inversión y empleo en Canadá.

Ir a los atajos de accesibilidad
Compartir Comentarios Sigue a Euronews en Google

Noticias relacionadas

Mark Carney, recibido con una ovación de pie en el Parlamento Europeo

El "efecto Canadá": Qué empresas europeas pueden beneficiarse de lazos más estrechos

El jefe de Rheinmetall, Papperger: "Los robots llegarán"