Fernando Parrado: "Tendría que estar muerto, enterrado en un glaciar hace 50 años"

Después de vivir durante dos meses en las montañas de los Andes de Chile, Fernando Parrada bebe agua el viernes 22 de diciembre de 1972 en Los Maitenes, Chile.
Después de vivir durante dos meses en las montañas de los Andes de Chile, Fernando Parrada bebe agua el viernes 22 de diciembre de 1972 en Los Maitenes, Chile.   -   Derechos de autor  AP/AP1972
Por Natalia Oelsner, Santiago Martín, Marta Rodriguez

Era viernes 13 de octubre de 1972 y se sentó en la fila nueve del avión. De ahí para atrás, nadie sobrevivió. Su mejor amigo, Panchito, le pidió cambiar de asiento para estar en la ventana y poder ver el paisaje. Falleció cuando el avión se estrelló. Después del accidente, estuvo en coma durante cuatro días y medio, pero se recuperó solo, en medio de las montañas. 

Sobrevivió 72 días donde nadie puede sobrevivir, a más de 3 000 metros de altura, sin el equipo adecuado, agua, comida, y con solo 22 años. Caminó durante diez días, con 45 kilos menos, para buscar ayuda, atravesando montañas y glaciares que los alpinistas más experimentados temen. Su nombre es Fernando Parrado, o Nando, como sus amigos lo llaman, y es uno de los 16 supervivientes de una de las historias más increíbles del último siglo.

Yo no tendría que estar hablando contigo. Tendría que estar muerto. Enterrado en un glaciar hace 50 años
Fernando Parrado
Superviviente del accidente en los Andes

Cincuenta años después del accidente, Parrado afirma que para él en esta fecha no hay nada que conmemorar, más bien habría que homenajear a aquellos que quedaron atrás. “Yo no tendría que estar hablando contigo. Tendría que estar muerto. Enterrado en un glaciar hace 50 años”, dice Fernando en una entrevista con Euronews.

Fernando Parrado era un joven jugador de un equipo de rugby amateur de Uruguay. Él, junto con su hermana y su madre, formaban parte de las 45 personas que viajaron desde Montevideo a Chile en un avión para jugar un partido con los campeones chilenos. 

El grupo "menos indicado" para sobrevivir en esas condiciones

En medio del trayecto, mientras sobrevolaban la cordillera de los Andes, comenzaron las turbulencias. “Los accidentes de avión ocurren siempre por un cúmulo de cosas: un avión poco potente, cargado al límite, mal tiempo, una tripulación no tan experimentada como tendría que ser…”

El avión en el que viajaban se estrelló en el extremo occidental de Argentina (a unos 150 km al sur de Santiago de Chile) y solo 29 personas sobrevivieron. “Nos estrellamos en medio de la cordillera de los Andes”; y, sin duda, “éramos el grupo menos indicado para aguantar en esas condiciones”, explica Nando. 

AP/AP1972
Estos son los rostros de los seis supervivientes del avión uruguayo que se estrelló en la cordillera de los Andes en octubre de 1972AP/AP1972

Cuando llegaron, la nieve inundaba el terreno y las temperaturas alcanzaban los menos 30 grados. “Nosotros veníamos de la playa, de Montevideo y el 95 % de los chicos jamás habían tocado la nieve o visto una montaña en su vida”. Además, a día de hoy, “gracias a la tecnología esta tragedia hubiera terminado en 8 o 10 horas”. Por estos motivos, Parrado es consciente de que si su historia sigue resonando 50 años después, es porque no es posible que se repita.

Parrado permaneció en coma durante los 4 primeros días, en lo que describe como un “infierno negro absoluto”. Al despertar, lo primero que descubrió es que su madre y su hermana Susi, al igual que sus dos mejores amigos, Panchito y Guido; estaban muertos. “En la civilización, yo tal vez me hubiera quebrado de una forma de la que no me hubiera podido levantar, pero no tuve tiempo”. 

No saber cuando vas a comer de vuelta es el miedo más espantoso que puede tener el ser humano; una ansiedad terrible que no puedes comprender hasta que el cuerpo comienza a autoconsumirse.
Fernando Parrado
Superviviente del accidente en los Andes

Fernando sostiene que el instinto de supervivencia no le dejó pensar en otra cosa que en averiguar cómo salir de allí. “Mi cabeza solo me permitió concentrarme en luchar contra el frío, el hambre, el miedo, la incertidumbre”, por lo que el dolor por la pérdida de sus seres queridos vino más tarde.

Pasada la semana, recibieron la noticia a través de una radio de que los equipos abandonaban la búsqueda y que esperarían hasta que finalizara el invierno austral para buscar a los cadáveres. “En ese momento entré casi en pánico, pero me acordé de que el pánico te mata y el miedo te salva”. A 3 575 metros sobre el nivel del mar, sin guantes y sin acceso al horizonte debido al glaciar que les rodeaba, decidieron esperar hasta el verano para poder escapar. Fernando opina que la confianza, la empatía y la amistad que había en el grupo fueron elementos indispensables para aguantar.

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Los últimos ocho supervivientes del avión de la Fuerza Aérea Uruguaya que se estrelló en los Andes, en Sudamérica, se acurrucan en el fuselajeAP/AP

Parrado confiesa que los gélidos vientos no fueron los únicos enemigos a los que tuvieron que hacer frente: “No saber cuando vas a comer de vuelta es el miedo más espantoso que puede tener el ser humano; una ansiedad terrible que no puedes comprender hasta que el cuerpo comienza a autoconsumirse”. Aún quedaban dos meses hasta que el clima mejorase, por lo que los supervivientes tuvieron que recurrir a alimentarse de los cuerpos de sus amigos fallecidos. “Todos hicimos un pacto absolutamente fantástico, fuimos los primeros donadores conscientes de nuestro cuerpo”.

La decisión más dificil

Con el paso del tiempo, el clima mejoró, pero ya solo quedaban 16 supervivientes. Para Nando, fue en este momento cuando llegó la decisión más difícil: abandonar el fuselaje y salir en busca de ayuda. 

Actualmente, ya fuera por miedo o por coraje, este continúa sin saber responder a cómo pudo tomar una decisión tan arriesgada. “Tal vez fuera el amor por mi padre; yo solo quería volver a él”. Fernando, acompañado por su amigo Roberto Canessa, salieron en busca de ayuda. “Creo que solo Roberto y yo sabemos lo que es llegar al auténtico límite, porque ya no había fuerza física. Yo perdí 45 kilos, me pesaba la piel, el pelo, los zapatos…; pero no podíamos parar”.

Comparado con lo que nosotros vivimos, el infierno es un lugar cómodo
Fernando Parrado
Superviviente del accidente en los Andes

Tras diez días de travesía, el milagro ocurrió. Los jóvenes llegaron a una ladera en las montañas por donde pasaba un río. Fue Canessa quien, al girar la vista hacia norte, vio en la otra orilla a un arriero chileno, Sergio Catalán, montado en su caballo. 

A pesar de los esfuerzos de Nando y Canessa, la distancia entre las dos orillas impedía que Catalán les pudiera escuchar. “Pero Sergio Catalán tenía mucho sentido común: agarró una piedra, y la envolvió con un papel y un lápiz, y lo tiró a través del río”. Nando, que ni siquiera firmó la nota por las prisas, escribió: “Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo, tengo 14 amigos arriba donde estamos, por favor, no podemos salir, tenemos hambre”. Rápidamente, Catalán les lanzó dos barras de pan y partió en busca de ayuda a Puente Negro, un pueblo que quedaba a diez horas entre caballo y coche. Parrado y Canessa todavía no lo sabían, pero al día siguiente llegaron los equipos de rescate.

Comienza el rescate

Nando recuerda que los rescatistas no llegaban a creerse que eran los pasajeros del avión que se había estrellado hacía dos meses y medio. Con la ayuda de los profesionales, Fernando y Roberto les indicaron a los pilotos donde estaban el resto de sus compañeros. “El piloto me dijo que este fue el peor vuelo de su vida, porque ellos no sabían a dónde iban”. 

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La policía chilena montada lleva a Roberto Canessa, montado detrás de la silla en el caballo a la izquierda, y Fernando Parrado, detrás de la silla a la derecha, en El MaiténAP/AP1972

Después de su estancia en el hospital, donde le quitaron la ropa que había llevado durante 72 días, regresó a su hogar. “Cuando volvimos a Uruguay, mis hermanos de la montaña son abrazados por sus familias. Yo llegué a mi casa y mi padre estaba desesperado, porque había perdido a su familia".

Cincuenta años después "no cambiaría nada"

El 13 de octubre de 2022, Fernando Parrado asegura que no se arrepiente de nada de lo ocurrido. “Gracias a nuestros amigos, salimos 16 y ahora, junto con nuestras familias, sumamos 140 personas”. Nando nunca olvidará su experiencia en las montañas ni perderá la relación con quienes fueron su apoyo en los momentos más oscuros. 

“Somos un grupo con una hermandad muy linda, si le pasa algo a alguno, los otros enseguida están detrás. Sobrevivimos juntos y después de todo este tiempo seguimos unidos”. Cincuenta años después del trágico accidente, fernando no niega que aquello que vivieron fue traumático: "Comparado con lo que nosotros vivimos, el infierno es un lugar cómodo". Pero cuando se le pregunta por si cambiaría algo del pasado, el superviviente tiene muy clara su respuesta. “Pensar en el pasado es insano. No cambiaría absolutamente nada, ya que cambiar el pasado supondría no tener la familia que tengo ahora”.