Más que un espacio de trabajo, este laboratorio de restauración es donde se descubre y preserva el frágil pasado de Asia Central a base de ciencia, intuición y paciencia.
Oculto a la vista del público, el laboratorio de restauración arqueológica de Kazajistán es donde se conservan los hallazgos más frágiles de Asia Central antes de que se pierdan para siempre. Aquí, los conservadores trabajan como médicos: estabilizan, estudian y revelan cuidadosamente las historias que encierran los objetos antiguos.
El laboratorio ha apoyado importantes expediciones internacionales y ha posibilitado reconstrucciones en museos que nos ayudan a imaginar cómo eran las personas, los rituales y la cultura material.
Entre sus proyectos más destacados se encuentran la reconstrucción del Hombre de Oro y de una tumba real saka, así como la conservación en curso de una puerta histórica del Mausoleo de Khoja Ahmed Yasawi.
Más que un lugar de trabajo, el laboratorio está impulsado por la curiosidad, la paciencia y la convicción de que cada artefacto aún tiene algo que contar, si se le dan el tiempo y el cuidado necesarios para ser escuchado.