Los huevos son un símbolo de la Pascua, pero cuándo se unió el chocolate a la celebración? Rebecca Spezzano recorre Bruselas en busca de los secretos del chocolate belga artesanal.
La búsqueda de huevos de Pascua es una cita clásica de la primavera en muchas familias de todo el mundo. Sean de plástico, cocidos o de chocolate, su forma esférica se ha convertido en un símbolo inseparable de la Pascua.
Los huevos son desde hace mucho tiempo un símbolo de la Pascua, representan la resurrección de Jesucristo. Se dice que simbolizan la fertilidad, la primavera, el nacimiento y el renacimiento.
No es casualidad que los cristianos no pudieran comer huevos durante la Cuaresma, un período de 40 días previo a la Pascua. Pero como las gallinas seguían poniendo, en Pascua había una abundancia de huevos. Los que no se podían consumir se decoraban, lo que dio origen a muchas de las tradiciones de Pascua que hoy conocemos en todo el mundo.
El chocolate y la Pascua
El chocolate se incorporó a la celebración de Pascua en el siglo XIX, cuando chocolateros de Francia y Alemania empezaron a elaborar huevos de chocolate para estas fechas. Aquellos primeros huevos de chocolate se hacían a mano y eran macizos.
Más tarde, ya a finales del siglo XIX, las innovaciones en la industria del chocolate permitieron producir manteca de cacao a gran escala. Así se inventaron los huevos moldeados y huecos. Esto abarató y facilitó su producción en grandes cantidades, los hizo más accesibles y disparó su popularidad.
Hoy en día, los maestros chocolateros aprovechan la Pascua para lucir sus habilidades en la elaboración y el moldeado del chocolate. En las tiendas es habitual encontrar mucho más que huevos de chocolate. Conejos, flores y campanas de iglesia son otras formas habituales de los dulces de Pascua.
Qué hace que un chocolate sea belga
Bélgica es uno de los países más conocidos del mundo por su chocolate.
El chocolate belga se distingue de otros productos por sus métodos de molienda muy fina, el uso de manteca de cacao 100% pura y su elevado contenido de cacao. Para que una delicia se considere chocolate belga debe contener al menos un 35% de cacao.
Fatima Drejtova, empleada de la chocolatería artesanal belga 'Passion Chocolat', asegura que le encanta el chocolate belga por su alta calidad.
"Considero el chocolate un alimento de lujo", afirma.
"Ese es el estándar de un chocolate belga. El chocolate belga es un chocolate de lujo. Tienes que notarlo cuando lo comes, no solo comerlo para saciar el antojo de algo dulce".
Explica que el chocolate belga no es tan azucarado como otros chocolates.
El cacao llegó por primera vez a Bélgica en el siglo XVII, cuando el territorio estaba bajo dominio español. Exploradores españoles lo trajeron desde Sudamérica y la nobleza española de la época lo consumía como una bebida caliente y de lujo.
A finales del siglo XIX, Bélgica colonizó el Congo y encontró allí plantaciones de cacao. Esto convirtió al país en uno de los principales comerciantes de este producto y favoreció la producción masiva de cacao.
Términos del chocolate que conviene conocer
Si viaja a un gran destino chocolatero, como Bélgica, en busca de dulces de Pascua, probablemente se vea desbordado por la cantidad de opciones apetecibles. Para escoger el bocado ideal conviene conocer algunos términos clave del sector del chocolate.
La praline es uno de los chocolates belgas más emblemáticos. Fue inventada por el chocolatero belga Jean Neuhaus II en 1912. En Bélgica, se entiende por praline un bombón relleno.
Drejtova, de 'Passion Chocolat', señala que una buena praline debe ir recubierta por una capa fina de chocolate.
"Si ve una praline con una capa gruesa de chocolate, significa que no ha sido hecha a mano", explica.
La cubierta dura de chocolate de una praline suele contener praliné, una pasta de azúcar caramelizado y frutos secos. El praliné puede ser fino o crujiente, según lo molidas que estén las nueces o avellanas. Las pralines también pueden llevar gianduja, una mezcla homogénea de chocolate y avellana.
Drejtova apunta que, por ello, las pralines suelen ser más crujientes y con más frutos secos que otros chocolates, como las ganaches o las trufas.
"Cuando muerdes una ganache, la parte interior es más blanda", señala Drejtova.
Una ganache es una mezcla homogénea de chocolate y nata. En una chocolatería belga suele encontrarse como relleno dentro de una capa exterior de chocolate más blando. Sin embargo, la ganache es muy versátil y también se utiliza para elaborar trufas.
La trufa es otra elaboración clásica belga, que suele prepararse formando pequeñas bolas de ganache y rebozándolas en cacao en polvo, chocolate o frutos secos picados. Las trufas pueden no llevar cobertura o ir recubiertas por una fina capa de chocolate.