Este gran complejo cultural, diseñado por Tadao Ando, va tomando forma en Taskent, con obras complejas dirigidas por un equipo internacional y previsto para albergar espacios de arte y formación.
Estamos en 2028. Uzbekistán acaba de abrir las puertas de su mayor museo, el largamente esperado Museo Nacional de Uzbekistán. Han sido tres años, más de 1.000 días de trabajo minucioso, y el resultado se percibe como la materialización de la paciencia, la visión y la ambición.
Su arquitectura impresiona incluso antes de entrar. Un corredor a modo de túnel conecta visualmente el museo con la histórica madraza Abdulkasim, y crea un puente simbólico entre un saber hacer artesanal de siglos y el diseño contemporáneo.
Sin embargo, más allá del llamativo exterior, el interior resulta sorprendentemente íntimo, un espacio compacto y a escala humana que se percibe más como una casa de la cultura que como una gran institución. Una biblioteca, una cafetería y un área infantil subrayan la idea, es un lugar pensado para ser vivido, no solo visitado.
El complejo abarca un museo de tres plantas, dos niveles subterráneos y varios edificios auxiliares. La empresa china CSCEC International Construction ha actuado como contratista principal.
Todo esto puede sonar a visión de futuro, pero dentro de dos años estas descripciones serán realidad. El Museo Nacional de Uzbekistán se levantará en el corazón de Taskent, listo para abrir como una institución de nivel mundial que promete cambiar la forma en que la región entiende el arte y el patrimonio.
Oriente y Occidente se encuentran en el diseño de Ando
El proyecto es obra del reconocido arquitecto japonés Tadao Ando, en colaboración con el estudio alemán de escenografía Atelier Brückner. Juntos aspiran a dar forma a uno de los desarrollos culturales más ambiciosos de Asia Central.
Con una superficie de 40.000 metros cuadrados, el edificio se concibe como un juego de formas geométricas puras, círculos, cuadrados y triángulos, combinados en una estructura serena y discretamente monumental.
"Al trabajar con estas formas puras, quería regresar a los orígenes del pensamiento y crear un espacio desde el que se pudieran enviar poderosas ideas al mundo", explicó Ando. "Espero que el museo se convierta en un nuevo centro de expresión creativa proyectado hacia el mundo".
Situado junto al Parque Nacional de Uzbekistán, el futuro museo articulará un nuevo eje cultural en Taskent, que conectará la madraza Abdulkasim y el Palacio de la Amistad de los Pueblos.
Un centro cívico y educativo
Más allá de su lenguaje arquitectónico, el museo está concebido para funcionar como motor cívico. Sus galerías permanentes y temporales exhibirán una vasta colección, más de 100.000 obras y objetos, muchos de ellos nunca mostrados al público. A las exposiciones se sumarán una biblioteca pública, salas de conferencias, aulas y laboratorios de conservación de última generación.
Espacios pensados para las familias, desde zonas ajardinadas hasta una cafetería central, invitarán a los visitantes a quedarse más tiempo. El objetivo es crear un entorno en el que niños, estudiantes, investigadores y el público en general encuentren su lugar para aprender y relacionarse.
El diseño expositivo de Atelier Brückner recurrirá a una escenografía inmersiva para traer la historia al presente, hilando relatos a través del sonido, la luz y el propio espacio. La programación incluirá previsiblemente residencias de artistas, iniciativas educativas para jóvenes y actividades comunitarias, integrando el museo en el ritmo cultural de la ciudad.
"El museo refleja nuestra identidad nacional y la confianza en la capacidad cultural de Uzbekistán para construir una nueva sociedad", afirmó Gayane Umerova, presidenta de la Fundación para el Desarrollo del Arte y la Cultura.
De Taskent al mundo
La institución está llamada además a convertirse en una gran plataforma de intercambio cultural internacional. Su temporada inaugural contará con colaboraciones con el Louvre, el British Museum y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, una rara combinación que llevará a Taskent obras maestras de todo el mundo y al mismo tiempo dará mayor proyección internacional al arte uzbeko.
La Fundación para el Desarrollo del Arte y la Cultura ya ha representado a Uzbekistán en más de 17 países, de París a Pekín. Con el museo asentado en el país, esta creciente red internacional contará con una base permanente y con peso propio.
Un faro cultural con peso político
Para Uzbekistán, el Museo Nacional es algo más que una inversión cultural, es toda una declaración de país. En el acto de colocación de la primera piedra, el presidente Shavkat Mirziyoyev lo definió como "un centro de conocimiento y cultura, que presenta nuestro patrimonio de 3.000 años no solo a nuestro pueblo, sino también a la comunidad internacional y a las futuras generaciones". Presentó el proyecto como "un símbolo del nuevo Uzbekistán, una sociedad abierta al mundo, arraigada en la tradición pero orientada hacia el futuro".
Una vez terminado, el Museo Nacional de Uzbekistán aspira a convertirse en un referente cultural para toda Asia Central, un puente arquitectónico e intelectual entre pasado y futuro y una afirmación clara del lugar que el país quiere ocupar en el mapa cultural mundial.