La presidenta de la Comisión Europea pronunció un alegato clave sobre las relaciones sino-europeas, donde pidió cohesión sobre la política de los 27 con respecto al gigante asiático.
De todos los discursos que Ursula von der Leyen ha pronunciado, hay uno que sigue resonando hoy, quizá con más fuerza que nunca. Hace algo más de tres años, en marzo de 2023, la presidenta de la Comisión Europea pronunció un discurso histórico y de amplio alcanceen el que diseccionó el estado de las relaciones entre la UE y China, que definió como "las más complejas e importantes del mundo".
Por entonces era raro que un dirigente de la UE centrara una intervención pública exclusivamente en China, ya que la guerra de Rusia contra Ucrania dominaba la agenda política. De hecho, Von der Leyen dedicó la primera parte de su discurso a reprender al presidente chino, Xi Jinping, por su "amistad sin límites" con el presidente ruso, Vladímir Putin.
Sus principales reproches, sin embargo, se situaron en el terreno económico. Von der Leyen habló largo y tendido de las subvenciones distorsionadoras de China, la competencia desleal, las prácticas coercitivas, los desequilibrios crecientes, las transferencias forzosas de tecnología y el monopolio de materias primas críticas, todo lo cual, afirmó, exigía un enfoque completamente nuevo: la reducción de riesgos, el llamado 'de-risking'.
Estos puntos de fricción están ahora en el centro de una rápida reflexión interna en la Comisión, mientras la avalancha de importaciones de bajo coste procedentes de China asfixia la economía europea, destruye empleos y cierra fábricas.
El temor a la desindustrialización, hoy muy extendido en Europa, no aparece de forma explícita en su discurso, pero el alcance de la amenaza queda fuera de toda duda. "Podemos esperar ver una vía clara y un empuje para hacer que China dependa menos del mundo y que el mundo dependa más de China", afirmó. "El imperativo de la seguridad y el control se impone ahora a la lógica de los mercados libres y del comercio abierto".
El discurso, de 36 minutos, fue bien recibido por algunos analistas europeos y duramente atacado por altos cargos chinos, que lo tildaron de engañoso e incoherente. Pero ninguno de los dos era el público principal al que se dirigía Von der Leyen. Sus palabras estaban pensadas para quienes, en última instancia, tienen las cartas en la mano: los Estados miembros.
"Necesitamos la voluntad colectiva de responder juntos", dijo entonces. Irónicamente, fueron los propios Estados miembros, atrapados en sus eternos desacuerdos sobre Pekín, quienes más hicieron por desvirtuar sus mensajes centrales.
La petición de Von der Leyen de diversificar el comercio fue en gran medida ignorada, lo que agravó la trayectoria desequilibrada iniciada durante la pandemia de COVID. El año 2025 fue la primera vez de la que se tiene constancia en que todos los miembros del bloque registraron un déficit comercial con Pekín.
Los gobiernos nunca lograron un consenso sobre lo que significaba en la práctica la reducción de riesgos, y algunos trasladaron la responsabilidad a las empresas privadas, que no veían el incentivo financiero de alejarse de China y asumir una factura más alta. Al mismo tiempo, su llamamiento a un uso "más audaz y rápido" de los instrumentos comerciales arrojó resultados desiguales.
Por un lado, la Comisión consiguió imponer aranceles adicionales a los vehículos eléctricos chinos (VE) tras un proceso controvertido que dividió profundamente a los Estados miembros. España pasó de apoyar la medida a abstenerse después de que el presidente del Gobierno visitara Pekín. El país de origen de Von der Leyen, Alemania, maniobró con fuerza para articular una mayoría en contra.
El Ejecutivo comunitario también presentó iniciativas para reforzar la producción nacional en determinados sectores y excluir a las empresas chinas Huawei y ZTE de las infraestructuras de conectividad.
Por otro lado, la Comisión no logró convencer a los Estados miembros para que le otorgaran mayores competencias de control sobre las exportaciones sensibles, un ámbito que las capitales protegen celosamente. La estrategia de seguridad económicade Von der Leyen pasó casi sin dejar rastro y su llamativa propuesta de crear un nuevo instrumento para supervisar las inversiones salientes se abandonó ante la reacción política.
El Instrumento contra la Coerción (ACI), concebido en parte pensando en China, aún no se ha activado pese a que la propia Von der Leyen ha acusado abiertamente a Pekín de chantaje. "Hemos llegado tarde al debate", admite un diplomático. "China lleva 30 años pensando en la seguridad económica. Para nosotros esto es nuevo".
La trampa de la desunión
Es cierto que aquel gran discurso se quedó corto en resultados. Pero el diagnóstico ha quedado confirmado a posteriori, sostiene Fabian Zuleeg, director ejecutivo del European Policy Centre (EPC), que estaba en primera fila cuando Von der Leyen pronunció aquellas palabras. "Reconoció pronto que la relación con China ya no se limitaba a las oportunidades económicas, sino que también tenía que ver con vulnerabilidades, dependencias y riesgos para la seguridad económica", afirma Zuleeg.
"Pero acertar en el análisis no basta", advirte este. "Europa necesita dirección estratégica y acciones con consecuencias. Ahí es donde los avances han sido más limitados. El reto nunca ha sido identificar los riesgos, sino ponerse de acuerdo sobre qué hacer y estar dispuestos a asumir los costes".
Algunos han tomado nota de las lecciones, aunque con un retraso considerable. El presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro belga Bart De Wever figuran entre quienes han endurecido recientemente su postura sobre China y han reclamado medidas de protección más contundentes, en línea con el enfoque más firme que Von der Leyen introdujo en su discurso. Este giro retórico ha llamado la atención de la Comisión.
Los responsables comunitarios confían en que el abultado déficit comercial del bloque abra la puerta a una estrategia más contundente y ambiciosa para contener a China antes de que unos daños ya amplios y costosos se vuelvan irreversibles. El Ejecutivo evalúa si las herramientas comerciales existentes son suficientes y la posibilidad de crear otras nuevas.
"Queremos diálogo, pero el diálogo tiene que dar resultados. Nos gusta la competencia, pero la competencia tiene que ser justa. Y queremos un acceso al mercado chino que sea recíproco", afirmó esta semana Von der Leyen. "Estamos trabajando en un planteamiento global". Bruselas es, sin embargo, plenamente consciente de que el camino por delante estará lleno de dificultades.
Como segunda economía mundial, Pekín ejerce una enorme influencia sobre los países de la UE, con miles de millones en bienes, servicios, inversiones y proyectos de infraestructuras en juego. Los Estados más dependientes de las exportaciones ven en el mercado chino una valiosa alternativa a Estados Unidos, donde un arancel del 15% ha hecho el comercio considerablemente menos atractivo.
Alemania y España están bajo especial escrutinio por sus estrechos lazos empresariales con China. Berlín sigue enviando señales contradictoriasmientras intenta equilibrar los intereses de las grandes y pequeñas empresas, que perciben de forma distinta su exposición a China. Madrid, por su parte, se desmarcó de un borrador firmado por Francia, Italia, Países Bajos y Lituania que pedía a la Comisión "ser más proactiva" frente a China.
Von der Leyen y su equipo recelan profundamente también de lo que ella denomina las "tácticas de divide y vencerás" de Pekín, a las que se atribuye haber enfrentado a los Estados miembros para frustrar acciones conjuntas. La caótica votación sobre los aranceles a los vehículos eléctricos se recuerda como un ejemplo claro.
Pero si hay algo que quita el sueño a los gobiernos y oscurece la gran visión de Von der Leyen es la amenaza de represalias dolorosas. Pekín ha advertido de antemano de que "responderá con firmeza" si Bruselas endurece su postura.
La UE aún se tambalea por el impacto de las restricciones a las exportaciones de tierras raras del año pasado, cuando China demostró al mundo el poder de su valioso punto de estrangulamiento. La forma en que el país respondió a los aranceles estadounidenses y mantuvo su posición hasta que la Casa Blanca cedió muestra hasta dónde está dispuesto a llegar el régimen comunista cuando la situación se tensa.
En privado, los diplomáticos admiten que la perspectiva de una espiral de represalias es la causa de fondo de las divisiones aparentemente irresolubles entre los 27 líderes. Aunque todos comparten el sombrío diagnóstico de Von der Leyen, siguen mostrándose reacios a aplicar la medicina que ella receta.
El miedo a las represalias es tal que los dirigentes evitan sistemáticamente mencionar a China por su nombre en las conclusiones conjuntas de sus cumbres periódicas. En su lugar, abordan la cuestión como parte de un apartado más amplio sobre geoeconomía y competitividad.
"Los Estados miembros ven el peligro de actuar por separado contra China y se sienten cómodos enviando a la Comisión a hacer el trabajo sucio por ellos", señala un alto diplomático, que subrayó que las alarmantes cifras comerciales aumentan las probabilidades, aunque no garantizan, un nuevo giro político. "Tiene que estar orquestado con muchísimo cuidado".