En uno de los vestigios industriales más imponentes de Europa, artistas urbanos convierten el óxido y la ruina en una gran galería al aire libre. La Bienal de Arte Urbano vuelve a la acería de Völklingen, Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Decenas de artistas urbanos de 17 países se han dado cita en uno de los enclaves industriales más importantes de Europa para una muestra que aprovecha al máximo sus vastos espacios y la omnipresente sensación de abandono.
El complejo siderúrgico alemán Völklinger Hütte, la antigua acería de Völklingen, es el escenario de la Urban Art Biennale 2026, que abre sus puertas este sábado.
"Este lugar está en el corazón del arte urbano y del grafiti", afirma Ralf Beil, director general del recinto, abierto al público como museo.
"Todo empezó en lugares industriales como este. Los artistas adoran este sitio y crean obras para la Völklinger Hütte, en la Völklinger Hütte y con la Völklinger Hütte", añade Beil.
En la edición de este año participan 50 artistas. Entre ellos figura Tomas Lacque, afincado en Francia, cuya instalación incluye una pequeña furgoneta, un montón de neumáticos, juguetes y restos cubiertos por una capa de pintura. Situada en una nave donde antes funcionaban los hornos, parece evocar una movilidad basada en combustibles fósiles sepultada bajo la ceniza, como en Pompeya.
El artista neerlandés Boris Tellegen, más conocido como Delta, ha aportado una imponente escultura de madera en verde y negro que ilumina el interior de la acería.
El colectivo Vortex-X, con base en Francia y especializado en reciclar materiales recuperados, ha tendido haces de tejido industrial blanco a través de una de las naves del edificio en una obra titulada 'Memory in transit'.
El artista español Ampparito ha pintado la frase "no hay nada de valor" en enormes letras blancas sobre el tejado de una de las grandes naves del recinto, una obra que se aprecia mejor desde una plataforma de observación situada a 45 metros sobre el nivel del suelo.
Patrimonio e historia
La antigua acería se extiende sobre un recinto de 6 hectáreas, un laberinto de chimeneas y hornos donde los visitantes siguen encontrando inquietantes carteles de la era industrial que advierten de riesgos como el "peligro de aplastamiento". El complejo domina la localidad de Völklingen, cerca de la frontera alemana con Francia.
El conjunto figura en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1994, reconocido como "el único ejemplo intacto, en toda Europa occidental y Norteamérica, de una planta siderúrgica integrada construida y equipada en los siglos XIX y XX".
Los hornos están apagados desde 1986, cuando cesó la producción, y el lugar se ha conservado tal y como estaba entonces. Pero su aspecto es mucho más antiguo, ya que no se añadieron nuevas instalaciones después de mediados de la década de 1930.
"Está todo lleno de polvo y es muy antiguo, pero es precioso, hay belleza en la decadencia", explica el artista británico Remi Rough. "Creo que lo que he hecho te lleva a percibirlo de una manera un poco distinta".
El artista danés Anders Reventlov asegura que se siente "humilde por poder hacer algo aquí".
"Como me dijo alguien... trabajar aquí era un infierno", señala. "Ahora ya no es un infierno. Es un lugar agradable, la gente pasea, hay abejas, hay flores preciosas, pero sí, seguimos recordando la historia y eso es muy importante".
Beil explica que los organizadores "quieren obras realmente concebidas para este espacio y eso también impide que sean comerciales".
"Esta es una instalación para este espacio", añade. "Esto es arte en estado puro".
La Urban Art Biennale abre el sábado y permanecerá abierta hasta el 15 de noviembre de 2026.