Tras el sólido arranque del reinicio del Universo DC el año pasado con Superman llega ahora una nueva aventura espacial que sigue a la caótica prima del Hombre de Acero y a su perro con superpoderes.
La primera vez que el público conoció a Supergirl fue en la Superman del año pasado, la película con la que James Gunn relanzó el Universo DC.
La juerguista prima del Último Hijo de Krypton hizo un breve cameo al final de este exitoso reinicio, cuando se estrella en la Fortaleza de la Soledad para recoger a su perro superpoderoso Krypto. Tras un forcejeo juguetón con su revoltoso cachorro, sale tambaleándose con un "Gracias por cuidarlo, zorra", mientras suena 'Punkrocker' de Teddybears & Iggy Pop.
La canción retomaba la frase de Supes "La bondad es punk rock", pero también era un descarado anticipo de la siguiente aventura del DCU, centrada en la Kara Zor-El / Supergirl de Milly Alcock, el miembro más caótico y sarcástico de la familia, que luce camisetas de Blondie.
Este año la reencontramos tras una juerga interestelar. Tiene 23 años y se le da de maravilla ahogar las penas.
Nuestra desastre andante se cruza con Ruthye (Eve Ridley), una niña cuya familia ha sido asesinada por un sádico traficante de personas llamado Krem of the Yellow Hills (Matthias Schoenaerts). Ruthye quiere venganza, pero no puede conseguirla sola. Kara acepta a regañadientes, pero solo porque el malvado pirata espacial también es un tipo despreciable que envenena perros, al que le pareció buena idea drogar a Krypto, quedarse con el antídoto y huir con su nave espacial.
A partir de ahí, Kara se pone en modo John Wick y solo tiene 72 horas antes de que el perro muera.
Conviene aclararlo desde el principio, quien disfrutara de la Superman del año pasado puede sentirse defraudado con Supergirl.
En el mejor de los casos es una aventura desordenada pero entretenida, en la que el director Craig Gillespie se mantiene fiel a la fórmula y el humor establecidos por James Gunn, creando un fallido batiburrillo de Guardians of the Galaxy y Mad Max: Fury Road. No alcanza nunca las cotas de ninguna de las dos, pero resulta refrescante ver una historia de menor escala, en la que el fin del mundo no está en juego, y que estéticamente está a años luz de los colores chillones que cabría esperar de una película de superhéroes del DCU.
Dicho esto, es un desbarajuste.
Las excentricidades y la comedia gruesa no encajan bien con el tono sombrío ni con los temas del abandono y de estar definido por el propio trauma. A lo largo del metraje, el ritmo atropellado no permite que calen los momentos emocionales, y el guion, poco trabajado, de Ana Nogueria nunca encuentra el equilibrio adecuado entre ahondar en el origen del dolor que Kara intenta ahogar en alcohol y la acción a golpe de salto planetario.
Es una auténtica lástima, porque Supergirl se inspira en la estupenda serie de cómics 'Supergirl: Woman of Tomorrow', que sí daba en el clavo. El material original exploraba el coste de la venganza, el significado del heroísmo y del hogar, y cómo las cicatrices del pasado no tienen por qué definir el futuro.
En su lugar tenemos a un villano genérico con bolas metálicas incrustadas en la cara (lo sentimos, Schoenaerts, te merecías más), un cameo inflado de Jason Momoa como el antihéroe Lobo, puro estereotipo de tipo duro con cigarro en la boca, que al principio anima pero acaba resultando agotador, y un desenlace familiar que no termina de funcionar, porque no hace justicia en absoluto a las bases temáticas y emocionales.
A cambio, sí tenemos una banda sonora ecléctica que, cuando no suena demasiado como pose riot grrrl, incluye temas de Wet Leg, Wolf Alice, Halsey, Sleigh Bells e incluso Françoise Hardy.
Cuesta poner pegas a esa selección, aunque desconcierta la ausencia total de Blondie si se tiene en cuenta la elección de camisetas de grupo de Kara.
Tras un arranque tan sólido con la encantadora y eficaz Superman, resulta desalentador que esta segunda entrega supuestamente punk del renovado DC de Peter Safran y James Gunn carezca tan notablemente de espíritu. Todavía más desolador es que Alcock está brillante. Sencillamente le han dado el papel perfecto en una película que no está a la altura de su talento, y se merecía un guion mejor para su primer largometraje en solitario.
Ojalá más adelante tenga un proyecto más robusto. Y que mantengan a bordo al robaescenas de Krypto. Podrá ser un pequeño trasto, pero es el mejor perro del mundo, sí señor. #KryptoBro.
Supergirl ya se ha estrenado en cines.